Nuestra ciudad, como muchas ciudades americanas, se caracteriza por su crecimiento expansivo, de baja densidad que responde a aquello que los urbanistas llaman la "mancha urbana".
Esta situación produce una forma de crecimiento periférico, difuso, desigual, sin límites definidos y en muchos casos con cierta degradación de servicios y disminución de la calidad urbana y por ende con fuerte repercusión en la calidad de vida. Servicios, equipamientos y actividades complementarias, resultan complicados en la dispersión urbana.
El problema mayor suele ser la integración de esos sectores periféricos, que en general dependen de los servicios especializados del centro, en cuestiones de salud, educación, comercios específicos o incluso recreación.
Habitualmente donde no existen limitaciones reglamentarias, los sub centros de servicios se dan en forma espontánea.
Lo que describo acá es un denominador común en las ciudades latinoamericanas, de cualquier tipo. Incluso los centros de especialización de servicios responden a una relación de distancias, accesibilidad y escala en cuanto a dimensión poblacional servida.
En nuestro crecimiento extra urbanos tenemos distintas realidades. Áreas de baja renta y áreas de alta renta. Para todos los casos se genera una necesidad de desarrollar nuevas centralidades. En los barrios más cercanos esta centralidad accesoria está más fácilmente cubierta, porque en general las reglamentaciones permiten la interposición más dinámica de comercio diario.
Estos subcentros de servicios se crean en función de las distancias y la cotidianeidad. El primer aspecto del desarrollo de estos satélites tiene que ver con el aprovisionamiento diario. Nuestro territorio tiene varios ejes subsidiarios de distinto carácter.
El eje de la ruta 4 por ejemplo tiene una fuerte componente habitacional extra urbano, y un punto nodal de servicios ubicado en la localidad de Cardales, que pertenece al partido de Exaltación de la Cruz.
El fenómeno a observar es que la mayor densidad poblacional y el mayor desarrollo territorial potencial están en el partido de Campana, y los servicios de aprovisionamiento y atención de los requerimientos comerciales se concentran preferentemente en el partido vecino.
Esta cuestión genera una migración de la renta potencial local.
En esta escala de territorio es fácil comprenderlo porque se ubica en un sector definido claramente. En muchos casos de urbanizaciones más complejas la interacción de los distintos sectores compensa los desequilibrios.
Como respuesta a estas situaciones hace tiempo que el urbanismo viene discutiendo el concepto de nuevas centralidades, como espacios multifuncionales, de diferentes conformaciones, con roles variados que movilicen la atracción de la población, la provisión de bienes y servicios y donde se intensifiquen los intercambios colectivos.
El caso de la ruta 4 es un caso interesante para analizar como potencial eje de sub centralidades. El corredor Río Luján- Cardales, tiene un principio y un fin claramente definido.
Fuerte concentración habitacional, mucho desarrollo futuro, intensa circulación, buena accesibilidad a rutas que permiten el vínculo con el centro de la ciudad o a puntos de transporte público de media distancia.
Estos aspectos conforman una combinación de cuestiones que favorecen el reconocimiento de una pertenencia, y una posibilidad de respuesta práctica a la demanda potencial.
En el último congreso de urbanismo, se planteó la cuestión de los sub centros como la acción directa de la creación del espacio social. El objetivo aparte de acercar las zonas de servicios es que los usuarios se apropien de los espacios y generen verdaderos polos simbólicos que estimulen la integración social y cultural entre los barrios.
Los ejes de crecimiento urbanístico no pueden representar un desarrollo integral si no incluyen un plan de crecimiento de servicios, comercios y atenciones accesorias a la vivienda. Este es un desafío urbano a analizar en una ciudad extendida como la nuestra.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



