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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 19/nov/2020 de La Auténtica Defensa.

El Rincón de Aléthea:
Por los Caminos de la Leyenda; El Cardenal
Por Angela Monsalvo




"Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos." --Martin Luther King.

Cuentan que durante la Pasión de Nuestro Señor, la tierra se estremeció, había gente que acompañaba a Jesús a su destino de morir agonizando cruelmente en la Cruz, también los animales lo hacían, los pájaros pararon su trinar, esperando el desenlace de este tétrico acto.

Una avecita no podía dejar de mirar al hombre azotado con látigos de puntas de plomo, que habría surcos en la espalda del Salvador, era un ave de plumas blancas y alas azules. Desde su lugar vio como los bárbaros soldados lo crucificaron y le pusieron una corona gruesa de sicomoro de espinas largas en la cabeza, mientras se burlaban y le daban golpes con unas cañas.

Miró como una de las espinas de la corona se desprendía y se alojaba en su frente clavándose como una estaca en la misma. También observó a los soldados jugar a los dados, las vestiduras del Hijo de Dios. Todos resignados se alejaban por el evidente temporal que se avecinaba.

La pequeña avecilla voló con aleteos suaves para verlo más de cerca y percibió, que Jesús con los ojos le pedía que le sacara la espina de la frente, porque como el dolor lo atravesaba las palabras no salían de su boca y además no tenía cómo pagarle, le habían quitado todo camino al suplicio.

Voló con todas sus fuerzas y tirando de la astilla logró sacar la espina; de la esquina brotó un chorro de sangre que le empapó la cabeza, dejándola púrpura. Nuestro Señor le agradeció con una mirada tierna y le dijo, este obsequio te va a distinguir como príncipe de las aves y en ese momento expiró.

La pequeña ave voló hacia el río e introdujo muchas veces su cabecita en las aguas, tratando de quitar de su mechón la sangre que lo había manchado, pero sus intentos fueron inútiles, porque la misma seguía estando roja; entonces comprendió el obsequio que le había dado su Creador, y con gran regocijo aceptó este regalo que llevaría por el resto de su vida, no solo él sino toda su descendencia.

Es por eso, que los Cardenales Católicos llevan una Quipa (sombrero) púrpura, dado que son los príncipes del Catolicismo.


Estimados lectores de: EL RINCÓN DE ALÉTHEA

Cuando la mirada de ustedes recorra las palabras trazadas en esta columna, será por última vez. He comprendido a través de los años que la vida se compone de ciclos y pienso que el mío ya se ha cumplido.

Durante cinco años ininterrumpidos, he publicado en este espacio, que tan gentilmente me cediera este Diario, todo aquello que despertaba mi curiosidad y ganas de transmitirlo, las letras del teclado parecían que eran una con mis pensamientos.

Es por eso que dejo esta columna, feliz, por haber tenido simplemente el placer de escribir, pero como todo tiene un final este es el de: EL RINCÓN DE ALÉTHEA.

Les deseo a todos ustedes una buena vida, donde el amor, la unión, la paz y la felicidad marquen su ruta.

Hasta siempre. Ángela Monsalvo.


 
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