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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 03/dic/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Sobre Maradona, los Pumas, y las Grandes Fortunas
Por Alberto Giordanelli







Alberto Giordanelli

Los sucesos que han tenido lugar las últimas semanas en la Argentina no hacen más que ratificar algo que cada vez es más claro y evidente, aun cuando el blindaje mediático trate de tapar el sol con las manos: quienes están a cargo y manejan el poder real y económico en este país poco o nada les importa la suerte del colectivo al que denominamos argentinos, y se aferran a miradas y recetas gestadas en las metrópolis del planeta cuando poco o nada tienen que ver con la realidad de países emergentes como el nuestro.

Y en ese sentido, baste con decir que, más allá de la constante y permanente propaganda que sobredimensiona algunas cuestiones, es evidente que Venezuela no encuentra el camino. Pero también no se puede dejar de aplaudir por un lado la lección de Bolivia y la impecable transformación gestada en la era de Evo Morales quien sólo se ocupó de darle racionalidad a la distribución de la riqueza en su país. Ni hablar de la contracara chilena: el supuesto exitoso espejo neoliberal en el que todo el Cono Sur debería reflejarse y que la ya manifiestamente escandalosa falta de movilidad social está desmontando por su propio peso.

La generación del 90, con Alberdi a la cabeza, señaló en el Siglo 19 que gobernar era poblar. Y así era en ese entonces: se necesitaba mano de obra para desarrollar las tierras ganadas para la economía de occidente, equiparables en superficie a la propia Europa. Así fue que tuvimos un PBI que nos posicionaba entre las primeras naciones del planeta, pero lo cierto era que esa fenomenal riqueza estaba en manos de unos pocos.

Es así que nace el radicalismo: a partir de aquella puja social, que años después y mal que les pese a algunos, relanza Perón después de la Segunda Guerra mundial: "Gobernar es dar trabajo", señaló. Salió, a su manera claro, a emponderar a la masa trabajadora, generar demanda agregada, definir una agenda de desarrollo e inclusión, otorgar derechos a los ciudadanos.

Hay infinitos matices, claro, pero a grandes rasgos el escenario es ese. La grieta es por ahí: unos, aferrados a la teoría del derrame y renegando desde la forma cualquier instancia de intervencionismo (cuando son los primeros en la fila para socializar sus pérdidas, pero jamás para compartir ganancias) y otros, que ven en el Estado un árbitro cuyo rol es compensar las asimetrías, y desarrollar la economía de manera tal de agrandar la torta y que se reparta de la manera más justa posible.

Lo cierto es que la torta no crece desde hace años, más bien se achica. Pero cada vez hay más gente en nuestro territorio y además, pobre: tenemos un 50% por debajo de la línea de la pobreza, y a eso le podemos sumar tranquilos un 20% más de clase media baja que hace malabares para no caer en desgracia.

Claramente, asumir que un país base su economía y justicia distributiva sólo en un 30% de la población es inviable. Entonces, ¿cuál sería la respuesta? Ya la contestamos: poblando y generando trabajo. Impulsando oportunidades donde no las hay, provocando ya no oleadas de inmigraciones de europeos (desesperados de hambre, hay que recordarlo) sino migraciones internas que descompriman el AMBA, como para empezar, y las provincias dejen de expulsar a sus nativos por falta de oportunidades.

Más allá de la fenomenal deuda externa que una vez más contrajimos (y a manos de un gobierno que puso ese dinero al servicio de la bicicleta financiera y la fuga de capitales en vez de la producción, es decir, del supuesto derrame que tanto proclaman), el problema de raíz es político: no tenemos destino si los que manejan el verdadero poder en la Argentina, a los dueños de las cosas, no les interesa.

Ya es gracioso escuchar que acá no se invierte porque les cambian las reglas todo el tiempo. Más bien, lo que nos dicen todo el tiempo: "Muchachos, no intenten cambiar las reglas. Es así y si no, no cuenten con nosotros".

Y si alguna duda cupiera al respecto, baste con revisar los hechos. Esta actitud se manifiesta clara y evidentemente durante el último año del gobierno de Macri: fiel a su concepción ideológica, bajó el impuesto a los bienes personales. Como contraprestación, se dejaron de recaudar $ 90 mil millones que no fueron, una vez más, a la inversión productiva.

Ahora, un sector de la Argentina -incluyendo inexplicablemente a muchos que están más para un IFE que de cambiar el auto- se rasga las vestiduras por el llamado "Impuesto a la Riqueza" que, en un momento excepcional como lo es la pandemia que transitamos, apunta a menos de 10 mil argentinos y que amasan fortunas personales que arrancan en los $200 millones. Es más, si traen la que tienen afuera, hasta se les hace un descuento.

La ley, que ya fue aprobada en Diputados días atrás, prevé recaudar 1 punto del PBI y dice, además, para qué se va a usar el dinero: 20% para financiar la gestión de la pandemia; 20% para créditos y subsidios a PyMes; 15% para urbanizaciones; 25% para desarrollo energético; y 20% para que los jóvenes no se caigan del sistema educativo a través del programa Progresar.

Pero como si esto no bastara, ahí están los países centrales que no dudan de la emergencia extraordinaria generada a la pandemia y salen a recaudar más entre los que más tienen. Sin embargo, Juntos por el Cambio no sólo votó en contra en Diputados: también adelantó su voto negativo en Senadores.

La pregunta es qué votan o qué defienden los diputados y senadores amarillos al oponerse, entonces. La respuesta, posiblemente, no tenga una raíz racional o por lo menos es inconfesable. Y ya la expliqué que a grandes rasgos, más arriba.

Pero si no alcanzara con eso, ahí tenemos como metáfora la inexplicable reacción de los Pumas frente al homenaje que los All Blacks le hicieron a Maradona, interrumpiendo inéditamente la ceremonia del "Haka" frente a 15 rugbiers que no entendieron ni valoraron lo superlativo del gesto, porque no entienden ni empatizan con la figura de Maradona.

Por supuesto que nadie empatiza con el vaso medio vacío del ídolo: el de los excesos, y el del desorden afectivo (dicho sea de paso, el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra). El problema es más de fondo y tiene que ver con esa mirada de un 10% de la Argentina acomodada, que se calza la celeste y blanca, pero deja afuera de sus intenciones al resto.

No me voy a extender sobre la mayúscula figura de Maradona en términos deportivos, ni tampoco sobre la sorprendente claridad de muchas de sus posiciones políticas que incluyeron, además, enfrentar a la AFA y a la FIFA. Pero a cuento de su apoyo al impuesto a las grandes fortunas que ahora se discute y por el cual se manifestó a favor antes de fallecer, valga recordar que ya en 1996, en pleno gobierno de Menem, declaró: "Creo que el gobierno debería sacarle más plata a los que más tienen. Como yo. Y usarla para darles a los que están más abajo, a los que no comen".


Alberto Giordanelli - Espacio de Pensamiento Alfonsinista


 
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