Luego de un año completo de analizar las estadísticas queda absolutamente claro que NO HUBO MAYOR INCIDENCIA DE INFLUENZAS+NEUMONÍA QUE EN AÑOS ANTERIORES.
Esto quiere decir que murió la misma cantidad de personas por las mismas causas de infecciones virales estacionales con complicaciones de sobreinfección que todos los años. Y es así incluso considerando que los casos han sido "inflados" en casi todos los países, por testeos masivos innecesarios frente al hecho de tener un virus totalmente propagado. La fantasía del control de focos no fue otra cosa que la excusa para vender millones de test de todo tipo que solo "marcarían" (también al modo de los regímenes totalitarios) a personas sanas como enfermas, por el simple hecho de dar positivo a un test, aunque no tuviesen síntomas. La locura absoluta se hizo realidad en Argentina cuando, por decreto, se resolvió "diagnosticar" como positivos a las personas convivientes con alguien que dio positivo a un test. Todos enfermos aunque demuestren lo contrario.
Mucho peor aún: gran parte de los casos graves y fatales de influenza+neumonía que este año se atribuyeron en su totalidad (y también por decreto) a la COVID-19, fueron causados por la implementación del PROTOCOLO ANTI-COVID-19.
Sí, la implementación ridícula de este protocolo habilitó una ruta epidemiológica y asistencial absolutamente delirante, que fue la que puso en riesgo de "saturación" a los sistemas de salud. Se hospitalizaron miles y miles de personas por el simple hecho de dar positivo a un test (por cierto bastante inespecífico), cuando normalmente estas gripes y resfriados estacionales son cursados de manera ambulatoria, mayormente sin necesidad de consulta médica. Paracetamol, tecito caliente y cama un par de días, nada más.
Sobreactuaciones
Si algo caracterizó a este largo proceso fueron los dispositivos médicos y mediáticos sobreactuados (en todos los niveles de decisión y comunicación). Como otras veces en la historia, la pandemia dividió a las personas en "planificadores" y "planificados". Unos pocos decidieron la vida de grandes mayorías que aceptaron, sin mayores cuestionamientos, las órdenes siempre exageradas, sobreactuadas y tendientes a generar terror social. Funcionarios, médicos asesores de esos funcionarios y médicos mediáticos se esforzaron todo el tiempo en infundir el terror (en lugar de llevar tranquilidad). El mensaje fue y sigue siendo: "si no hacen lo que le pedimos se enfrentan a una muerte segura". Y, más perverso aún: "la vida del otro depende de lo que hagan ustedes". Tercerizaron culpas y poder de policía en una sociedad sin reacción. Cada uno debió convertirse en el vigilante del otro.
Llevamos muchos meses con gente caminando con miedo, vestida con barbijos, máscaras de plástico, guantes de látex y potes de alcohol en gel bajo el brazo. Todo absolutamente innecesario, ya que por las características biológicas de esta epidemia ninguna estrategia de confinamiento, distanciamiento o baños de alcohol cada 20 minutos impediría la propagación del virus. De hecho, en términos de inmunización, hubiera sido lo deseable. Esto también lo dijimos unos pocos allá por marzo y solo logramos que nos censuren en las redes sociales.
Lo cierto es que además de las sobreactuaciones y presentaciones con gráficos con los que se nos convencía de "quedarnos en casa", se sabía que los resultados de la gestión epidemiológica serían similares en todos los países, independientemente de lo que se hiciera. Los fundamentos son obvios y salen de la propia teoría epidemiológica, como mostramos en la Parte 1. Hoy las estadísticas reflejan que efectivamente así fue: no hay mayores diferencias entre los países, no importa qué se haya hecho en cada uno. Con un agravante dramático: aquellos que confinaron más tiempo deberán computar el pasivo sanitario y económico que deriva, precisamente, del propio confinamiento. Aumento de la incidencia de todas las enfermedades por inmunodepresión (miedo + encierro), aumento de la pobreza, aumento de la desocupación, pérdida de un año escolar, pérdida de un año deportivo en clubes. En fin, una verdadera tragedia que pudo ser evitada tomando las decisiones adecuadas que están en cualquier libro de epidemiología.
Lo que fue y lo que viene
En un libro que estoy por publicar escribí sobre el "Homo patientes", obvia referencia a una nueva versión de nuestra especie humana, cuyo objetivo máximo es insertarse como un engranaje fundamental de la dinámica de medicalización de nuestras vidas: así, la industria alimentaria y los medios de comunicación nos enferman, la industria médica nos diagnóstica, y la industria farmacéutica nos dispone a tratar como pacientes crónicos DE POR VIDA.
Nada nuevo, por cierto. Alcanza con haber leído "1984" de Orwell y "Un mundo Feliz" de Huxley. O con haber visto "Matrix" (o alguna película parecida) para comprender que nuestro destino sería el de una cárcel gigantesca sostenida en gran medida por la complacencia de las propias personas. Esclavos versión siglo XXI.
Pero lo cierto es que hay antecedentes epidemiológicos similares a esta pandemia y que no lo pudimos ver adecuadamente en su momento. Hablo de la epidemia de Gripe A de 2009.
Probablemente la Gripe A haya sido "la previa" de este tipo de experimentos médicos y de ingeniería social, ya que analizando la información de aquella época se ve claramente el mismo mecanismo: un virus de influenza, muertes que estuvieron dentro de los rangos esperados y, por supuesto, un final feliz de la mano de una vacuna también inservible. Se puede corroborar esto en todas las investigaciones científicas hechos en los últimos 10 años, en la que se muestra claramente que no han servido para evitar ninguna muerte. Publiqué más de 10 de ellas en mis redes sociales.
De modo que podemos inferir que la Gripe A de aquellos años fue una suerte de entrenamiento de lo que vendría: virus de dudosa procedencia, con cero impacto en las tasas de mortalidad anuales, y con la generación de terror social, para que finalmente una nueva vacuna se imponga en nuestras vidas. Mientras tanto, se creaba una sociedad alienada, aterrorizada, deseosa de ser medicalizada con lo que sea, alejada de la vida natural y sometida a las atrocidades comunicacionales más groseras de la historia.
Algunas consideraciones finales de este año en "que vivimos en peligro"
- Estos modus operandi vinieron para quedarse. Lo que llaman contentos "nueva normalidad" no es otra cosa que haber cedido nuestros derechos más elementales (en nombre de un supuesto bien común), a nuestros malhechores. Entregamos, definitivamente, nuestras vidas, al sistema que las robotiza. Tomamos la pastilla azul de Morpheo.
- El rol de los gobiernos fue lamentable en todas las latitudes. Pero en ARG fue desmedidamente irresponsable (confinamiento masivo y casi eterno en un país con altísima pobreza y una economía devastada desde hace años).
- Las autoridades que elegimos y que nos representan fueron los artífices intelectuales de este genocidio, que comenzará a ser visualizado en su máxima expresión en 2021 (el caso tristísimo de la chiquita Abigail es solo una muestra de lo que sucedió durante este año y de lo que vendrá en materia de salud).
- Los miembros del "Comité de Expertos" han mostrado la más absoluta ignorancia e irresponsabilidad al dar "soporte científico" a los funcionarios. Son verdaderos Coautores intelectuales de todo esto.
- Las Sociedades Médicas y las Sociedades de Especialidades Médicas son sin duda los principales cómplices. Ninguna de ellas se expidió cuestionando siquiera alguna de las decisiones. Incluso aquellas que vieron en carne propia el deterioro de sus pacientes. Hasta la Sociedad Argentina de Pediatría se encargó de comunicar terror y apoyar el confinamiento de niños sanos que perdieron un año escolar.
- La gran mayoría de médicos también cumplieron un rol destacado en llevar terror a quienes necesitaban de su palabra serena. Actuaron por obediencia debida.
- Finalmente, las personas que apoyaron estas medidas desde finales de mayo son también parte de este mecanismo de alienación. Ya desde mayo de este año, con 80 días de información internacional en todas las áreas de la pandemia, permitía realizar análisis con simples herramientas del sentido común. Pero decidieron no hacerlo, permaneciendo en la comodidad de sus hogares, aplaudiendo las decisiones gubernamentales, mientras limpiaban con alcohol los envíos de "Pedidos Ya" en nombre de la frase nefasta "nos estamos cuidando". Esta situación es para mí la más perversa ya que expone las mayores miserias de una sociedad alienada y egoísta. Dicho sea de paso, los trabajadores de delivery siguen ahí, pedaleando para llevarles combos de comida y cerveza artesanal a estos pequeños burgueses que los siguen recibiendo con sus manos engeladas con alcohol. Todos gozan de perfecta salud.
- Las vacunas son el broche de oro. Y si bien son injustificadas epidemiológicamente para este tipo de epidemias, en verdad espero que lleguen cuanto antes para cumplir, al menos, con la función psicológica de llevar algo de tranquilidad a las personas que creen en ellas.
CHAU PANDEMIA!!



