Sería saludable para los argentinos que aprovechemos la cercana, aunque todavía no inminente, pospandemia para tratar de construir un futuro que realmente sea mejor que el pasado prepandemia cuyos males fueron puestos en evidencia por el covid-19.
Resulta inconcebible ver como los sectores que han logrado y siguen logrando enormes ganancias no sólo se resisten a contribuir con una pequeñísima parte de sus fortunas acumuladas sino que también pretenden que se les cobre menos impuestos tal como le dijo recientemente Paolo Rocca al ministro de economía Martín Guzmán.
Esto es que además de no contribuir para que el estado mitigue los nefastos efectos del virus también pretenden desfinanciar al gobierno restándole posibilidades de hacer los esfuerzos imprescindibles para tratar de sacar a tantos argentinos de la pobreza y la indigencia que como era de prever han aumentado en forma alarmante en esta época de contagios y muertes. Da la sensación que la pro-vida solamente alcanza a los no nacidos.
Tengamos en cuenta que la pregonada presión fiscal no ha impedido que puedan conseguir una gran acumulación de capital pero como lo han demostrado hasta ahora todo les parece poco y quieren más y esta pretensión no tiene límite alguno.
Asimismo los sectores exportadores de granos y carne dan otra demostración de insolidaridad social priorizando sus ganancias. Ante el considerable aumento de los precios de sus exportaciones por la creciente necesidad de alimentos en el mundo trasladan esos aumentos a los precios internos erosionando más aun los exhaustos bolsillos de la mayoría de los argentinos con la amenaza de exportar lo que consumimos.
Recordemos que en el 2008 y en plena protesta contra las retenciones móviles (resolución 125) el entonces dirigente rural y hoy senador de la nación por Cambiemos Alfredo de Angeli decía que debíamos acostumbrarnos a pagar 80 pesos el kilo de lomo que era mucho más de lo que costaba en esa época.
Permanentemente escuchamos que es el mercado interno el verdadero motor del crecimiento de nuestra economía y que ese mercado depende fundamentalmente del consumo de los asalariados.
Sin embargo asistimos a una pertinaz resistencia al aumento de los salarios que se han visto muy reducidos en términos reales y por lo tanto en su capacidad de consumo. Una vez más mientras los sueldos suben por la escalera lo precios lo hacen en ascensor.
Como es recurrente los verdaderos formadores de precio se apoderan de los aumentos en los salarios vía incrementos en los precios y no ampliando la cantidad de bienes ofertados porque como es costumbre producir más significa invertir y si finalmente no logran venderlos en este país por la disminución de la demanda lo exportan.
También vemos lo que significa que el mundo dejó en manos de "los mercados" la producción de las vacunas. Pese a los compromisos que no hace mucho asumió el laboratorio Pfizer cuando necesitaba probar su vacuna en nuestro país ahora decidió que no somos ninguna prioridad para tenerla.
Es lamentable observar como se ha desatado una verdadera guerra entre los países para tratar de conseguir lo antes posible las vacunas y como siempre los más ricos están ganando en detrimento de quienes tienen un menor poder económico que deberán esperar a que a los laboratorios les sobren vacunas y casi de lástima decidan vendérselas a sus países.
Como es habitual la prensa canalla se ha empeñado en una feroz campaña de desprestigio en contra de la vacuna rusa en su permanente afán de restarle apoyo al gobierno sin importarles la salud de la gente. Además antes estaban en contra del aislamiento y ahora asustan porque no se cumple. Están como la gata Flora.
Como vemos ni el covid-19 logra cambiarlos. Siguen siendo incorregiblemente insolidarios.



