Es muy preocupante observar cómo la campaña de la élite económica junto a sectores de la oposición y la prensa canalla para tratar de seguir acumulando enormes ganancias no repara en los daños que pueda causar en la población.
En línea con los consejos que daba el ecuatoriano Jaime Durán Barbas y en el siglo XVI el italiano Nicolás Maquiavelo no les importan los medios utilizados si es que con ellos piensan conseguir los fines que se proponen. Este accionar generalmente provoca verdaderas atrocidades que eufemísticamente llaman daños colaterales y que significan enormes sufrimientos para gran parte de la ciudadanía.
Lo realmente inquietante es que hayan instalado la publicitada grieta en los esfuerzos por frenar las consecuencias de la indomable pandemia que azota al mundo entero y la posibilidad cierta de que llegue a nuestro país una segunda ola con el agregado de nuevas cepas del virus.
Vemos cómo permanentemente se intenta sembrar desconfianza en las medidas sanitarias que se adoptan. Sin importar cuál es se trata de instalar dudas respecto de su eficacia o directamente el peligro que conlleva.
Es posible que haya algunos comunicadores que siendo bien intencionados lo hagan por desconocimiento o por influencia de autodenominados "expertos" que abundan en los medios de comunicación con infundada reputación de "serios".
Sin embargo a la mayoría se les nota mucho que sus intenciones no pueden ser calificadas cómo buenas porque entre otras cosas no se les escucha pedir perdón cuando se demuestra que sus "dudas" son completamente infundadas.
Al fracasar la irracional campaña contra la "vacuna rusa" ahora se quejan porque todavía no ha llegado la segunda dosis o por la escasa cantidad disponible o por la lentitud de su aplicación.
Hasta hace poco tiempo pretendían que sigamos los pasos de algunos países considerados modelos de gestión de la pandemia y hoy vemos la desesperante situación de esos países donde se toman medidas extremas ante el avance incontenible del virus.
Son llamativas las permanentes imputaciones de que "nos quieren transformar en Venezuela" o "van contra la propiedad privada" cuando quienes son las verdaderas usinas de estas prédicas saben que este gobierno es manifiestamente capitalista y sólo pretende que el estado intervenga para lograr un mejor reparto de la riqueza creada por todos los habitantes de esta nación.
Llama la atención que quienes desfinanciaron escandalosamente a la educación pública ahora claman por la apertura de las escuelas aunque los contagios se disparan geométricamente. Se dice que hubo un año sin clases cuando en realidad clases hubo y los docentes debieron hacer verdaderos malabares para adaptarse a la virtualidad que reemplazó a la presencialidad.
Tampoco nos debe extrañar que ante el comienzo de la vacunación haya aumentado escandalosamente en los medios el permanente problema de la inseguridad para que creamos estar al borde del apocalipsis y la promoción de la justicia por mano propia. Todo un clásico que como siempre incluye la ineficacia del estado.
Resulta por lo menos curioso que se hable de distanciamiento social para evitar contagiarnos cuando lo que se busca es estar físicamente a una distancia prudente. Muy por el contrario deberíamos empeñarnos para disminuir lo más posible la distancia que socialmente nos separa, es decir achicar las persistentes desigualdades en nuestra sociedad.
Sin duda para los que más tienen sigue siendo prioridad la ganancia de unos pocos aunque vaya en detrimento de la salud de la mayoría. La clase media deberá tomar consciencia que no pertenece ni pertenecerá a esa minoría pese a los engañosos relatos de las élites.
Por eso debemos resignificar lo que decimos cuando cantamos nuestro himno: "Al gran pueblo argentino salud".



