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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 28/ago/2004 de La Auténtica Defensa.

Sin lugar para la ingenuidad




Buenos Aires (Especial para NA por Pepe Eliaschev) - La vida va por un lado, los cálculos van por el otro.

Concluida una nueva semana de la típica desesperación argentina, es fehaciente, por de pronto, que la primavera es bastante inminente y que los paroxismos son efectivos pero fugaces, ruidosos pero estériles.

Si se aceptan las estimaciones más honestas, las 75 mil personas convocadas el jueves 26 por Juan Blumberg son muchas y expresan poderosos mensajes. Pero, ¿cuántas son, efectivamente?

El 27 de abril de 2003, cuando los argentinos fueron invitados a elegir un nuevo presidente de la Nación, la Capital Federal consagró vencedor a Ricardo López Murphy, por quien optaron 500.000 Porteños. Unos 385.000 Eligieron a la segunda favorita, Elisa Carrió, mientras que Carlos Menem concitó 310.000 Voluntades.

En esas filas se encolumnó un voto que congregaba ingredientes de primera fila presentes ahora en la manifestación de este jueves 27.

Seguridad (Menem), respeto a la seguridad jurídica (López Murphy), combate a la corrupción (Carrió) son banderas que flameaban ante el Congreso cuando Blumberg arengaba a sus fieles.

Que de esos 1.200.000 Votos se haya agrupado en la plaza un 5 por ciento revela que las pasiones son fugaces, los entusiasmos vienen y van y la realidad mediática a menudo puede ser bastante más virtual y evanescente de lo que presumen sus cultores y, a la vez, víctimas.

Pero sería torpe reducir el episodio del acto de Blumberg a cuestiones numéricas o a la relación votos/presencia callejera.

¿Acaso no es cierto que nadie junta esa cantidad de gente en un acto callejero, y sin que medien planes Jefes y Jefas de Hogar para obligarlos a hacer acto de presencia?

La Argentina presente en los medios no parece terminar de digerir la realidad inexorable de la inevitabilidad de la política.

Cuando Blumberg reclama que el Consejo de la Magistratura tengo "menos políticos" lo que hace es impugnar el principio de la representación popular. Porque, si "los políticos" no participasen activamente en el proceso de designación de los jueces, esa decisiva instancia de la institucionalidad argentina quedaría copada por la corporación judicial.

Además, pide jefes policiales elegidos por voto popular, pero -a la vez- que no sean los representantes de ese voto los que intervengan en el sistema de designación de magistrados. No parece coherente.

Una realidad: las decenas de miles de argentinos que se apersonaron ante Blumberg (que esperaba el triple de personas) expresan no solo un claro corte social, sino que además verbalizan tácitamente una herida abierta que interroga, desde su cicatrización cero, las tareas pendientes para el gobierno de Néstor Kirchner.

Resulta curioso el ensañamiento de Blumberg en Felipe Solá y su silencio prudente respecto del Presidente.

Una parte importante de quienes fueron a la plaza del Congreso son habitantes del Gran Buenos Aires (lo cual revela, además, que si se considera el voto de abril de 2003 en términos ideológicos, mucha gente de ese "palo" no se hizo presente tampoco), pero resulta inverosímil imaginar que hay "culpas" del Gobernador que no rozan al Presidente, sobre todo considerando el activismo incansable del Dr. Kirchner en los asuntos del Gran Buenos Aires, su principal obsesión política.

Sería desconsiderado y muy fantasioso conjeturar que el evidente acercamiento de Blumberg a la Casa Rosada se proponía derivar a Solá el peso mayor de la carga anti-inseguridad comandada por el padre de Axel, pero en una superficie tamizada por sospechas y plagada de conspiraciones ostensibles, el analista no lo debe dejar de lado, al menos como hipótesis no excesivamente disparatada.

En el flanco de los atributos innegables, hay que admitir que el Caso Blumberg evidencia una realidad que ha pujado por emerger y, al hacerlo, legitima la vida política argentina.Negro sobre blanco: hay una cantidad importante de personas que están hartas de los asesinatos, de los robos, de los secuestros y de la sensación persistente de "inseguridad" que esos episodios delatan.

Además: estalló ya la pretensión, hoy vaciada de sentido, de querer explicar la totalidad de esas laceraciones cotidianas imputándoselas a las maldades de la inequidad social, que, sí, existe, es obscena y es intolerable por la magnitud de la perversa injusticia social radicada en la Argentina, pero no puede ser ni argumento ni frontera para concretar un efectivo y razonable avance contra el delito.

Pero la "cruzada" Blumberg, como -infaustamente- se la bautizó en sus inicios, ha producido algunas decisiones que la comprometen de manera notable.

Hay una desmesura en sus reclamos maximalistas que no puede ser ya atribuible a la candidez de la inexperiencia.

La "cruzada" no toma nota, por ejemplo, de la magnitud del problema policial y en uno de sus tropiezos más fulgurantes, Blumberg critica las purgas en la Bonaerense, cuando el gatillo fácil y la serie interminable de iniquidades policiales están en la base de muchos de los problemas más graves de la provincia de Buenos Aires.

Absurdamente, sale a crucificar a los organismos de derechos humanos, acusándolos de no haberse solidarizado con las víctimas de la criminalidad convencional, pero debe ser desmentido por uno de los más respetados de ellos, el CELS, que sale a recordarle al ingeniero textil que estuvo reunido con él para ponerse a su disposición.

Angustiado por las listas sábana en las elecciones, Blumberg todavía no ha publicado el listado completo de los miembros de su fundación, ni tampoco el estado de las cuentas que expliquen su financiamiento.

El tóxico veneno de las versiones periodísticas se nutre, así, de la misma opacidad que Blumberg denuncia en "los políticos".

Hasta los columnistas más sensibilizados con el tipo de reclamo que encarna Blumberg admiten que el Gobierno "nada le niega cuando éste algo le reclama". Son palabras fuertes, además de innegables.

Pero, ¿podría sentir el Presidente que convertir al gobernador Solá en pararrayos le sirve a la Casa Rosada? No hay una sola respuesta para esta inquietud.

En la cabina de comando, el Presidente debe elegir rutas y seleccionar alturas de vuelo. En muchas ocasiones, un piloto prefiere turbulencias previsibles y manejables antes que certidumbres traicioneras, pero nadie podrá cuestionarle a Solá el coraje llamativo con que se puso cara a cara con Blumberg y, de hecho, se sobrepuso a las generalidades e "ingenuidades" de muchos de sus planteos.

Lo mismo vale para León Arslanián: quien esto firma está convencido de que, en muchos ámbitos, lo que más molesta del ministro de Seguridad bonaerense es su irrestricto apego a la ley y su rigor profesional, sobre todo cuando recuerdan su rol decisivo en el juicio a las juntas militares ordenado por Raúl Alfonsín.

Flaco favor aportó a la "cruzada" el representante del arzobispado porteño, el mediático padre Guillermo Marcó, cuando comparó el terror de Estado de los años Setenta con la criminalidad de 2004, equiparando de un plumazo los hechos de barbarie orgánica y deliberada producidos para luchar contra la guerrilla y el terrorismo revolucionario, con las consecuencias de una decadencia social evidente, cuyas víctimas no resultan del accionar planificado de poderes estatales o corporativos identificables.

Pontificar que el dolor es producto unilateral de males elegidos solo a gusto del pontificador es algo más grave que injusto: es sencillamente estéril.

El mismo jueves 27 elegido por Blumberg para pedir más dureza en la lucha contra el delito, el Tribunal Oral n§ 3 de San Martín (jueces María Teresa Lumbardini, María del Carmen Paz de Abello y Miguel Vacallao) sentenciaba a 12 años de prisión por "homicidio simple" al cabo de la Policía bonaerense Francisco Javier Talavera, de la comisaría de Loma Hermosa, que el 28 de enero de 2000 mató de un balazo a la niña Gisela Barreto, de 12 años, frente al Hospital Bocalandro.

La policía alegó que Talavera respondió a balazos de delincuentes, pero la justicia determinó que fue el único que disparó contra un ladrón que se robaba un Fiat Uno. Para proteger al dueño de un auto, el policía mató a una criatura.

Cuando se conoció la sentencia, el papá de Gisela, Alberto Barreto, un hombre humilde, declaró: "La Justicia estuvo del lado de la gente humilde. Pero esto recién empieza. Talavera es uno solo. En la provincia hay 1.600 Casos más de gatillo fácil impunes".

Nadie es propietario de la verdad. Un país en llagas requiere prudencia, humildad, serenidad, firmeza y armonía democrática.

Pepebis@arnet.Com.Ar

www.Pepeeliaschev.Com.Ar


 
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