La pandemia encontró a algunas organizaciones mejor preparadas que otras para afrontar la contingencia y asegurar la continuidad del negocio. Las empresas más formalizadas tenían planes de continuidad (BCP, por sus siglas en inglés) como parte de sus enfoques de administración de riesgos. En general, estos planes incluyen tres etapas: planeamiento y prevención, respuesta y retorno a la normalidad. De allí que en muchos ámbitos se hable de "nueva normalidad": la crisis sanitaria, social y económica que dejará este período, se anticipa, generará cambios en la conducta de individuos y organizaciones que perduraran por tiempo.
Uno de estos cambios que dejará la pandemia, sin duda, será la necesidad de prepararse para escenarios que, de concretarse, plantearán severos riesgos para desarrollar procesos críticos del negocio y, por tanto, podrían afectar su continuidad. En este aspecto, en tiempos de "normalidad", es imperioso aprovechar para planear, prevenir y prepararse para los "escenarios de riesgo" más probables.
El planeamiento comienza con la identificación de los riesgos. Estos pueden incluir ciber-ataques, eventos asociados al cambio climático, disrupciones en las cadenas de abastecimiento, nuevas pandemias, entre otros. Para cada uno de estos escenarios se planea cómo responder en caso de que sucedan, se plantean medidas preventivas y, en general, se busca responder a "que hacemos si pasa tal cosa".
Una vez que los escenarios de riesgo han sido identificados y la respuesta a los mismos ha sido planificada, sigue la preparación. Todos los empleados de la empresa u organización deben conocer el plan de respuesta y entrenarse. En algunos casos, el entrenamiento incluye la simulación. En suma, el objetivo es que cuando suceda lo que no queremos que suceda, toda la organización esté preparada para actuar. En un contexto de crisis, tener un plan (saber qué hacer) y estar preparado (a través del entrenamiento) para aplicarlo desde el momento cero puede ser decisivo.
Estamos comenzando un año con alto nivel de incertidumbre. Lo que vemos en países del hemisferio norte, son ciclos de reapertura económica, acompañados con restricciones periódicas y puntuales, en casos de rebrotes del coronavirus. En general, tal fue el impacto económico y social de las restricciones que los gobiernos están evitando cortes prolongados de actividad. Tanto los distintos niveles de gobierno como el sector privado tienen que planificar la continuidad de las operaciones en escenarios inciertos. El Covid en este aspecto deja un aprendizaje: por la fuerza, hemos aprendido, adoptado nuevas prácticas y procedimientos para cuidarnos y seguir trabajando. Es importante sistematizar todo este aprendizaje y elaborar esquemas de gestión de riesgos para estar mejor preparados para un mundo con alta incertidumbre. La humanidad tuvo muchos retos a lo largo de la historia. Aprendiendo de las experiencias, siempre logró salir adelante. Esa es la oportunidad que deja toda crisis.
Por Sergio Roses - contacto@sergioroses.com.ar



