Olvidados: "Serás lo que debas ser; sino no serás nada." José de San Martín.
En estos últimos días el mundo nos puso ante un panorama, al cual, particularmente, nunca creí que fuera posible llegar. Esta vez, Argentina y el resto del mundo está ante un giro, en el contexto de la pandemia que nos azota, el cual ni el más pesimista hubiese pensado, dado que la falla que agrava la situación, no es producto del virus que nos acosa, sino del accionar humano, nacido de la soberbia propia de la mente humana, que se considera infalible y no ve que la naturaleza puede hacer pagar los errores muy caro, cuando no se la considera en toda su grandeza, actuando humildemente con inteligencia y previsibilidad.
Lo sucedido debe ser considerado como un llamado de atención, para conducirnos a partir de este momento, con la solvencia que deben darnos los dones que tenemos, no olvidando que somos una mínima parte, inteligente, de los seres vivos que pueblan el planeta.
Era previsible, para las privilegiadas mentes de los centros de estudios epidemiológicos, pensar que no se pudiera cumplir con la exorbitante producción de la cantidad de unidades de vacunas necesarias para cubrir la población mundial, por ello debería haber habido un plan B. Lamentablemente así fue, y parece que no existe la solución a corto plazo.
¿Quién es el mayor perjudicado por lo que sucede? Como siempre el pueblo Soberano.
Esto nos demuestra que las organizaciones mundiales no están preparadas para una acción que implique todo el planeta. El egoísmo de los dirigentes mundiales, hace imposible de tener el frente común que se hubiese necesitado para enfrentar esta pandemia. Es vergonzoso que se antepongan mezquinos intereses sectoriales a la solidaridad que se necesita hoy.
Ya no es tal o cual país, no es tal o cual ideología. Tengamos la virtud de no mirar solo al frente de nosotros. Miremos hacia nuestros costados. Tomemos la pandemia como si fuera la invasión de un enemigo que atacó nuestro planeta. Todos los que estamos en él somos igual de importantes como seres humanos. Las fábricas no existirían sino pudieran vender su producción. Los obreros no existirían si no existieran las fábricas. En la guerra hay generales, pero también hay soldados, no existirían uno sin el otro.
Ahora debemos mirar hacia nuestro "yo" interior y preguntarnos: ¿queremos ser solidarios? ¿Creemos en un futuro con un mundo mejor? ¿Tendremos futuro sino replanteamos nuestra forma de vida? Que cada uno tenga la ideología que quiera. El bien común es uno solo. En una comunidad no se destruye lo que hace tu vecino, sino que se le ayuda a que pueda terminarlo. Esto se da en todas las relaciones de la vida. Las cosas giran y giran alrededor de un mismo centro: la vida. Pero si se acelera mucho se salen de su órbita. Tenemos la oportunidad de cambiar. Hagámoslo.



