El dinero va y viene. Alguien grita desde afuera que paguen y de respuesta recibe un ladrido de duda. Los responsables no son responsables y nadie entiende nada, pero aportan a la confusión general. La Argentina estima que a fines del 2004, el superávit fiscal será mayor a 20 mil millones de pesos y no sabe que hacer con tanto dinero. Mientras varios millones deberán ser destinados a los bonistas extranjeros, el sobrante no tiene aún destino. Por otro lado, unos se aseguran de pedir seguridad y otros no comen con seguridad y regularidad.
La educación de la Argentina se desprende del suelo y cae al sótano. Nadie busca responsables y ninguno aporta soluciones a este problema. El presupuesto del año es el mismo del anterior, pero con la diferencia que se encuentra devaluado, con inflación y con un plan federal que no sirve, reconocido por el ministro de educación de la Nación, Daniel Filmus.
La provincia de Buenos Aires dice que no a los cambios en la educación. Pero de circular en circular la educación terciaria fenece de a poco. No hay dinero para los bancos, la limpieza y los materiales. El derecho de autor sobre los libros no se respeta, pues el manejo de fotocopias es por necesidad, un paliativo. El profesor Mario Oporto, flamante Director General de Cultura y Educación de la provincia, escondido entre insultos y reclamos, asegura que no hay tal proyecto privatizador.
¿Cuánto vale educar en nuestro país? ¿Quién es el responsable de quitarle el futuro a la población? Hoy no es tema para los medios que dan miedo sobre la inseguridad. No es tema del gobierno nacional, ni provincial y mucho menos municipal, que la educación sea laica, libre y gratuita; cuando de esta última no tiene nada. De algo estamos seguros: El futuro de un país, sin educación y recursos para realizarla, es no prometedor.
Al estudiar se forman bases sólidas para que nuestra nación crezca y emerja de las profundidades en las cuales nos encontramos. Es política la crisis educativa. Muchos se lavaron las manos argumentando y acusando al superior inmediato de estos problemas, que el dinero no llega, no está o es para otra cosa. Otros, ven el negocio y buscan aprovecharse, sobre respaldos jurídicos corruptos, mediante la compra de escuelas que están en remate por todo el país.
Se nos cae la educación. Perdemos las ideas, los chicos del hambre y los muertos por el trabajo infantil. Hacen oídos sordos ante los sin techos, los desocupados y los edificios con jerarquía de patrimonio histórico corroídos por la ineptitud de la corrupción. Pero los que aún no caen y pierden son los que con cara de piedra miran al pueblo levantan las manos y te llaman compañeros.
dariomartinamaru@yahoo.com
El autor es miembro del Centro de Estudios Literario y Periodístico del Taller Escuela Mariano Moreno.



