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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 14/mar/2021 de La Auténtica Defensa.

Padre Rufino Giménez:
El lado luminoso







Padre Rufino Giménez

"Mi alimento es hacer la voluntad de mi padre" dice Jesús. La fe es confiar, depender y entregarse sin condiciones a Dios y su designio sobre nuestras vidas.

En este cuarto domingo de Cuaresma, corresponde la lectura del Evangelio de San Juan, Capítulo 3 del versículo 14 al 21. "Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios".

Luego de relatar el episodio en el templo de Jerusalén, en el que Jesús hecha a los mercaderes, San Juan presenta un diálogo entre Nicodemo y Jesús. La lectura de hoy, es parte de las respuestas que Jesús le da al fariseo.

"Jesús vino para la vida. No para la condenación ni para la muerte. Estas palabras son una invitación a la confianza", reflexiona el padre Rufino Giménez y agrega: "En el Evangelio se establece un paralelismo metafórico: por un lado la cruz de Jesús y por el otro lado la serpiente. La serpiente fue levantada en el desierto por Moisés, para salvar a su pueblo de una muerte segura. Así tiene que ser levantado el hijo del hombre: ya no se trata de curar una enfermedad o salvar la vida de unos pocos y por unos años. La aparente debilidad del crucificado tiene la virtud de conceder la vida plena y eterna. Así, el hijo del hombre aparece como figura escatológica, más allá de este mundo físico, para la vida en comunión eternamente con Dios. Jesús es el frágil galileo de Nazaret, el excluido crucificado, pero que ha llevado la Ley a su plenitud para salvar al cosmos. Es como un nuevo sentido que le da a la creación a partir de su mensaje".

"El Evangelio se maneja en un dualismo antitético signado por la luz y la tiniebla. La verdad y la mentira. El bien y el mal. La vida y la muerte… para que hagamos una opción por la vida. Y tenemos tres símbolos: La cruz, que por un lado era un castigo abominable, el dolor y el fracaso. Y ese símbolo, con Cristo, pasa a ser símbolo de salvación y redención para todos. El segundo símbolo es el Padre que entrega al Hijo. Jesús dice: ´Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre´. Y Dios es un padre generoso que ama tanto a la humanidad que no ha dudado en entregar a su propio hijo. Jesús se presenta en todo aquello que parece débil, frágil, o sin importancia para quienes ambicionan el poder, el autoritarismo, pasar por encima del otro. Es vivir, entonces, en la generosidad y la solidaridad que se traduce en el amor de Dios. El tercer símbolo es la luz que vence a las tinieblas. La luz se identifica con la búsqueda de la verdad, con la defensa de la dignidad de la persona, de la vida de inocentes. Es una experiencia de vida, de cara a Dios y al prójimo, que es nuestro hermano. Las tinieblas son sinónimo de violencia, de opresión, de explotación, de corrupción, de marginación, de desesperanza… Todo esto es sinónimo de una cultura de la muerte. Estos tres símbolos nos ayudan a comprender que la misión de Jesús consiste en transformar situaciones de muerte en esperanza y en una cultura de la vida. Entonces, ¿nos preocupan nuestros pecados? Jesús no quiere detenerse en ellos. ¿Nos da vergüenza algo oscuro de nuestra vida? Jesús es la luz. No nos quedemos estancados en nuestra muerte. Dejemos que Jesús obre en nosotros su salvación en este tiempo de cuaresma para vivir intensamente la Pascua con Jesús resucitado", concluye el sacerdote Rogacionista.


 
P U B L I C I D A D






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