Cruzado de piernas sobre una silla común, el pelo largo sobre la cara que apenas deja ver sus gafas redondas y tomando la púa de su guitarra, Lennon se acomoda el micrófono para un nuevo ensayo. A su lado, Yoko Ono parece dibujar su sombra enfundada en un pelo negro llovido, mientras un silencio dormido corta el aire apenas respirable.
Sobre el piano un manojo de hojas dibuja acordes. Paul McCartney vestido de saco negro y camisa blanca, seduce al teclado en una armonía natural, casi religiosa. Mira a la cámara que registra el momento y no deja de tocar. No iba a tocar cualquier cosa, era el tiempo y el lugar, el aquí y el ahora, era el momento para la creación. Hace un poco más de cuarenta años, los Beatles crearon una obra de arte musical llamada "Let it be" (Déjalo Ser).
Juani apenas había cumplido los siete añitos. Jugaba los domingos para el equipo de su pueblo. Con sus canilleras hasta las rodillas, su camiseta que tapaba sus pantaloncitos cortos y, de facha, una muñequera de toalla haciendo juego. Juan Ignacio disfrutaba correr, pararse cerca del punto penal y esperar a que le llegue la pelota para festejar el gol con sus compañeritos. De revolcón en revolcón, Juani era el más visto, el que mas divertía y al que todos querían que la pelota le llegara. Su diversión era la de todos, su forma de disfrutar causaba asombro y complicidad. Pero ese domingo era distinto, era partido final y el padre que nunca había ido a verlo, estaba ahí, pegado al alambrado y todo cambió para el pobre Juani.
"Juani, no te muevas de ahí, parate acá y esperá". "Juani, te dije que te quedes ahí, ya va a venir la pelota, ¡quedate ahí te digo!"
Y al Juani se le iban las piernitas, la pelota se escapaba por allá. Sus compañeritos atrás de ella, él miraba de reojo hacia atrás y de paso se iba poniendo la manito en la boca. La pelota se fue lejos y él atinó a correrla: sus ganas eran más fuertes, pero la pelota caprichosa volvió y se fue, se fue.
"¡Qué te dije! ¿¡Sos pelot… o te haces!? ¡Quedate ahí te dije!"
Bajé los tablones lento, miraba un escalón y lo miraba al Juani que ya empezaba a dibujar "puchero". Mientras me acercaba al padre, Paul Mc Cartney se me sube a la imaginación con su piano, me mira, me aconseja y solo puedo decirle al papá de Juani: "Dejalo ser, por favor, dejalo Ser".
Dejen que sus hijos sean ellos, que sean así, simples y complejos, un mar calmo a veces y una tormenta perfecta después, déjenlos estar, permanecer, que sea él como es, como quiera ser, como quiera jugar, para eso él inventará el juego. Un niño jugando como quiera ser es un niño feliz, no le quiten la felicidad de ser él. Déjenlo ser, nada más y nada menos que un niño jugando.
¡Hasta la próxima!
Néstor Bueri / Psicólogo Social



