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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 02/may/2021 de La Auténtica Defensa.

Rufino Giménez:
Amigos son los Amigos




La religiosidad implica un paso necesario por una sumisión inicial e intuitiva, pero que no es suficiente. La comprensión y vivencia cotidiana de la Palabra, sentirse y ser parte del todo, es la meta para alcanzar una vida plena y trascendente.

En este quinto domingo de Pascua, corresponde la lectura del Evangelio de San Juan, capítulo 15, versículos del 1 al 8: "1 Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. 2 El Padre corta todos mis sarmientos improductivos y poda los sarmientos que dan fruto para que produzcan todavía más. 3 Ustedes ya están limpios, gracias al mensaje que les he comunicado. 4 Permanezcan unidos a mí, como yo lo estoy a ustedes. Ningún sarmiento puede producir fruto por sí mismo sin estar unido a la vid; lo mismo les ocurrirá a ustedes si no permanecen unidos a mí. 5 Yo soy la vid; ustedes, los sarmientos. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque separados de mí ustedes nada pueden hacer. 6 El que no permanece unido a mí, es arrojado fuera, como se hace con el sarmiento improductivo que se seca; luego, estos sarmientos se amontonan y son arrojados al fuego para que ardan. 7 Si permanecen unidos a mí y mi mensaje permanece en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. 8 La gloria de mi Padre se manifiesta en que ustedes produzcan fruto en abundancia y se hagan discípulos míos".

Jesús pronuncia estas palabras durante la última cena, frente a los 12 apóstoles, antes de retirarse a orar al huerto Getsemaní, donde finalmente sería aprehendido. Se trata de uno de los pasajes más explícitos del Nuevo Testamento y por eso, vale la pena citar los siguientes versículos para completar el mensaje que Jesús nos dejó antes de sacrificarse por nosotros: "9 Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor. 10 Pero sólo permanecerán en mi amor si cumplen mis mandamientos, lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Les he dicho esto para que participen en mi alegría y la alegría de ustedes sea completa. 12 Mi mandamiento es este: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. 13 El amor supremo consiste en dar la vida por los amigos. 14 Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. 15 En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no está al tanto de los secretos de su amo. A ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre".

"No hace falta -dice el padre Rogacionista Rufino Giménez- comentar demasiado estas palabras, es muy claro cuando Jesús nos dice: permanezcan en mí. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. Nos habla de la relación del cristiano con Jesús, de la comunión de vida que crea y del fruto que de ella deriva, evidentemente. Jesús aplica a sí mismo una imagen muy propia del Antiguo Testamento: la viña y la vid. Así, hace dos afirmaciones: el que no da fruto, es cortado, descartado. Suena fuerte, si se toma literalmente. En todo caso estamos hablando de una vida desperdiciada. La única manera de dar fruto es a través de la unión con Él, que se traduce en la manera de vivir y de actuar con los demás. Es importante la unión entre Dios padre y su hijo Jesús, donde vemos una unidad de ser, de conocimiento, de amor y de acción. Luego, Jesús manifiesta la importancia de la unión entre él y sus discípulos que se traduce en aprender a amar como él nos ama. Tenemos que amar en caridad, en fraternidad. Muchas veces nos demoramos en el desamor y la indiferencia".

Al amar con el amor de Jesús, somos enriquecidos: capaces de comunicar amor, de vivirlo y de compartirlo. Dejemos que su amor pase a través de nosotros. El fruto en Juan es el hombre nuevo, guiado por el Espíritu. Si el fruto es Jesús, es expresión de amor sin medida: O en la vid o en el fuego decía Agustín de Hipona. Creer y amar sería el mandamiento único con doble vertiente: creer en el nombre de Jesús, y amarnos los unos a los otros. Él nos dice: A ustedes los llamo amigos… ¿Acaso no decimos que un amigo es un hermano que se elige? Me acuerdo de la letra de la canción de la serie de televisión Amigos son los amigos: "Un amigo es una luz, brillando en la oscuridad..." Ahí está el caracú. Estamos invitados permanentemente a ser parte de la obra salvadora de Dios a través de la misión de Cristo, y continuadores al recibir sus enseñanzas: la savia para sostenernos, vivir y dar fruto. Es su palabra la que nos limpia y nos hace fructificar… hay tantos cristianos secos que se quedan en los ritos y costumbres, pero no maduran lo suficiente como para dar frutos de amor y de caridad… Entonces, permanecer en Jesús es perseverar en la oración, en los sacramentos y en la vida comunitaria de la iglesia y nuestra familia. Por eso, pidamos a Jesús que tenga compasión de nosotros y nos de la gracia de permanecer en él", concluye el Párroco de Nuestra Señora del Carmen.



 
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