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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 30/may/2021 de La Auténtica Defensa.

Fútbol Infantil:
El juego para hacer tiempo
Por Néstor Bueri







Néstor Bueri

El niño mira sin ver. Mira de costado y sus rodillas flaquean, sus piernas se mueven intranquilas, sus dedos chasquean el nerviosismo del momento y por un instante deja de mirar. Pero es en vano. La señal que le llega es poderosísima, entonces no puede evitar volver la mirada hacia esa cosa, estirada, gigante de un solo ojo, con su boca sudorosa de gotas en la frente como aquel asesino de los callejones londinenses. El niño mira sin ver, estático y pegado al piso con sus zapatillitas número 27 solo atina a quitarse el pelo de la cara; no es que le molesta ni es cuestión de galantería, solo quiere saber si está vivo en vida y aún tiene ganas de pellizcarse para despertar de esa pesadilla.

El niño mira sin ver a esa "cosa" que le sobresale, un brazo del cuerpo y lo mueve en líneas imaginarias con cara de enojo, personalidad autoritaria, seriedad, convicción, respeto y miedo. Después "la cosa" abre las palmas de su mano, las pone hacia abajo subiendo y bajando despacio, mientras sus cejas se levantan, su cabeza se tuerce hacia la derecha y sus ojos bien abiertos se mantienen centrados en señal de cuidado, recelo y mando. Al acecho, "la cosa" intenta llegar al lugar, amaga, se detiene, vuelve a amagar, pero sabe que no puede hacerlo. Aunque si pudiera "la cosa" asesinaría al niño y se pararía en su lugar.

Esto que parece la descripción del monstruo del pantano no es ni más ni menos que un padre haciéndole señas a su hijo antes de empezar el segundo tiempo en el fútbol infantil. Metiéndonos en el juego del niño lograremos algunas cosas difíciles de eliminar con el tiempo: cortar su posibilidad de manifestación y creación. El juego tiene reglas, produce cansancio y agotamiento, lo que lo preparará para la actividad adulta. El niño se meterá en su mundo de juegos. Para él, su juego es una cosa seria, como seria serán las cosas que tendrá que sortear en un futuro.

El juego tiene pruebas que sortear y roza la proeza, eso tiene el mismo significado que el trabajo en el adulto. El adulto se siente fuerte con sus logros como el niño con sus aciertos.

Dejemos que el niño juegue, se exprese y se manifieste. En la medida que pueda hacerlo y logre trazar sus propias reglas más confianza y personalidad desarrollará, Dejemos que el niño pueda crear con su juego, allí mostrara su voluntad, su inteligencia, deseos, carácter y sentimientos. Interrumpir, ponerse en su lugar de niño es interrumpir en parte su crecimiento.

Se juega solamente cuando se es niño. Para jugar hace falta tiempo. Y jugar es hacer.

¡Hasta la próxima!

Néstor Bueri / Psicólogo Social


 
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