Recuerdo que al inicio de nuestra entrañable amistad, cuando salíamos, nos preguntaban si vos eras mi hija... y con el correr de los años pasaste a ser mi hermana.
Siempre fuiste fiel a tu destino, al aportar tus conocimientos en el beneficio de las personas con capacidades especiales. Los 20 años de Casa Esperanza son el ejemplo y el rodearte de compañeras que se acercaron voluntariamente para colaborar.
Lo lograste: Los jóvenes y adultos disfrutan de un lugar acogedor para desarrollar cada una de las aptitudes que poseen.
Te quiero Marita, y agradezco a Dios el encontrarte y haber mantenido esta amistad, y el cariño de tu familia, son una parte importante en la mía. La ciudad de Campana se siente orgullosa de tan solidario emprendimiento.
Pipi De Dominicis



