Esta noticia queda algo viejita una semana después de conocerse, pero no queríamos dejar pasar la oportunidad de pensarla, especialmente por sus vericuetos. Leemos con agrado que para evitar el dumping fiscal y la carrera hacia la baja de los impuestos, el G7 acordó aplicar una tasa mínima del 15% a las empresas multinacionales. Una medida que venía siendo evaluada hace unos años pero cobró impulso a raíz de la pandemia y la búsqueda de fuentes alternativas al endeudamiento para el financiamiento.
A mediados de 2020, algunos reconocidos intelectuales -entre los que destacamos a Joseph Stiglitz y José Antonio Ocampo de la ICRICT- divulgaban la idea de un impuesto del 25% sobre las ganancias de empresas registradas en los paraísos fiscales, y además defendían otras cuestiones, como impedir que esas empresas fueran legalmente salvadas por los Estados o exigir un registro realista de los activos en el extranjero. Meses después el Parlamento norteamericano aprobaba una tasa mínima del 15% con el apoyo de los republicanos, en lugar del techo de 21 a 28% originalmente propuesto por Joe Biden.
La tasa es pequeña, dijo nuestro ministro de Economía que entiende el llano de estas trifulcas a nivel internacional. Entre los ministros de Exteriores y Finanzas de los siete países más industrializados del mundo fueron los europeos quienes lograron instalar: una tasa de al menos el..
Una de las voces que se hicieron eco de la propuesta fue la de Irlanda que llamó a contemplar la situación de países más pequeños. Si esas naciones quisiesen aplicar regímenes promocionales que dejen la alícuota por debajo del 15% (actualmente rige el 12,5% en Irlanda), la diferencia se destinaría al país sede de la casa matriz de la empresa multinacional, de acuerdo a lo que estipula el acuerdo. Y eso aumentaría la inequidad global transfiriendo rentas al exterior.
La iniciativa de un impuesto global -que es histórica como señaló el ministro británico Rishi Sunak encargado de anunciarla- busca resolver esas disparidades que llevan a las grandes empresas a declarar y pagar impuestos en las ciudades con tasas relativamente bajas o inexistentes. Mientras que las ganancias provienen de las ventas realizadas en otros lugares.
Un impuesto sobre las ventas de productos y servicios digitales es actualmente aplicado en muchos países de Europa y en el Reino Unido y algunos consideran que apuntan injustamente contra los gigantes tecnológicos estadounidenses. Esos impuestos serían eliminados y reemplazados por el nuevo acuerdo, que aún no esclarece las empresas objetivo pero se descuenta serán algunas como Facebook o Google. No detalla el criterio: si serán aquellas que facturen más de € 750 millones o las 100 multinacionales más grandes del mundo.
La letra chica se definirá en las semanas siguientes (otro ejemplo: cómo se calcula la renta digital, en base a cuál servicio o rama de actividad) y con viento a favor el acuerdo formal podría anunciarse en la próxima reunión de ministros de Finanzas del G20, en Venecia en julio. Para esto deberá primeramente ser negociado con un grupo más amplio de socios en la OCDE y el G20.
El último viernes fue la cumbre de los jefes de Estado y de gobierno de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, también en Inglaterra. Los ejes fueron el cambio climático y la pandemia. Fue el primer encuentro en que participó como presidente el estadounidense Joe Biden, de quien varios dicen que apuesta firmemente por el multilateralismo a diferencia de su predecesor Donald Trump. También se trató de la última cumbre para Ángela Merkel, quien dejará en los próximos meses la jefatura del gobierno alemán que ha ocupado durante 16 años.



