Bueno, aquí en Campana existen más mujeres que hombres ejerciendo el magisterio, pero, los hay.
Y hemos venido conociendo a estos seres tan especiales, y estado bajo su tutela y con su cariño desde niños y guardamos de toda índole de ellos, algunos más que a otras, pero siempre hay alguien que sentimos más fuerte dentro de nuestros recuerdos y a quien sabemos como un ser importante en nuestra existencia y de lo que estamos seguros siempre tendrán un lugarcito especial en nuestro corazón, nuestros recuerdos de infancia, nuestras nostalgias, de esas que dejan una sonrisa dulce, en la boca y el corazón.
También hemos visto sus luchas (y siguen haciéndolo) para que sean respetados como corresponde ya que es una injusticia los sueldos que ganan, porque bien existe el mito entre la gente que trabajan 4 horas y luego "se rascan" y que tres meses de vacaciones. Nada más lejos de la realidad ya que ellas no descansan cuando están en sus casas, sino que al tiempo de hacer las tareas corrigen el trabajo de los niños, otras hacen en doble turno, que todo sea "duplicado", preparar las clases y depende el nivel que ejercen será más complicado y hasta más costoso, dependen de donde ejerzan.
Recuerdo cuando se decía "este tiene más hambre que maestro de escuela" y pienso que hasta el momento los distintos gobiernos tienen una asignatura pendiente ya que estos trabajadores de la educación , tienen la responsabilidad junto a las familias, que los niños sean buenas personas, dignas de confianza y mañana sean dirigentes de nuestras vidas.
No se comprende que muchas maestras son jefes de hogar, ya que como están las cosas no entra en la casa más dinero que el mísero sueldo que cobran; también hay otras historias personales que las transforman en la única fuente económica con la que sobreviven todos, esto no es ninguna novedad, por supuesto.
Todo esto no lo digo porque tengo mi hija, Maria Serena en el nivel inicial, Jardinera, como siempre decimos y conozco de cerca lo que hace y cómo, sino que porque soy tremendamente respetuosa de esta vocación que tienen muchos por su trabajo, donde van estos chicos y en algunos lugares también tienen comedor auxiliares se encargan de darles a estos angelitos su comidita diaria. Han cambiado mucho las casas y por suerte se incentiva para que los niños lean más que tengan una buena ortografía y caligrafía.
No crean que me olvidé de Sarmiento, pero muchos lo han hecho mejor que yo. Solo que hoy quería recordar y dirigir el mensaje de aliento a las que en la actualidad trabajan y luchan por el respeto y consideración que se merecen.
No quiero dejar de recordar en esta columnita a mis maestras del Colegio Sagrado Corazón y me olvido de algunos nombres, pero tengo presente a la Srta. Podesta, blanca de pelo y ojos negros y una sonrisa increible y mi adorada de primero inferior, bellisima, rubia, ya jubilada, Sra. Trizulli.
Un abrazo para todas.
Marta Chaile.



