Si hoy todos los dirigentes y funcionarios políticos se pusieran en fila y se les pidiera que cada uno de los que se sientan responsables del estado actual de nuestra economía diera un paso atrás, ¿alguien considera que quedaría alguno adelante?
¿Nos pusimos a pensar qué hicieron los "meros ciudadanos que emitieron su voto y determinaron quienes nos gobiernen, para controlar y fiscalizar el manejo de las relaciones gubernamentales en las últimas décadas, por el derecho concedido que les da ser integrantes del "pueblo soberano"?
Todos los habitantes de una nación democrática son responsables de lo que suceda en el país. Si se delegan poderes para gobernar, de acuerdo a lo establecido en las leyes que nos organizan como una democracia Representativa, Republicana y Federal, son los "representados", los que deben ejercer el control que autorizan por esas mismas leyes que lo permitieron, utilizando las mismas estructuras democráticas determinadas para su designación, no esperando ni haciendo caso de supuestos accionamientos mediáticos.
Recuerdan cuando sus hijos se quejaban: ¡¡¡Mamá las chicas no quieren jugar a las muñecas conmigo!!! ¡¡¡Papá, los chicos no quieren jugar a la pelota!!! Son caprichos producto de circunstancias propias de juegos de niños.
¿No les parece que se está ante una posición similar en la actualidad entre los dirigentes y funcionarios políticos? ¿No les parece que son caprichosas e infantiles posiciones el discutir cosas fuera de contexto cuando se deben realizar actos de grandeza para limar asperezas y lograr la unidad nacional que hoy necesitamos?
Los planes para sacar nuestra economía adelante son más importantes que "si ganó uno u el otro". Irreversiblemente y con reconocimiento o no, las cartas están echadas. No hay vuelta de hojas. No hay que seguir haciendo sentir vergüenza ajena al estoico pueblo que demostró ética y cordura que parece fueron olvidados por las partes, en la discusión por el podio.
Debemos finalmente producir entre todos los cambios necesarios en nuestras tendenciosas conductas y despojarnos de todo aquello que no sea buscar la unificación de todos los argentinos. El país es de todos los argentinos, siempre acogimos a quienes necesitaban un lugar para comenzar una nueva vida. Pero que seamos buenos y dadivosos no quiere decir que quienes vienen a nuestras tierras son dueños y tienen los mismos derechos que nosotros. Somos de sangre caliente, como todo pueblo que se forjó en luchas por sus derechos e independencia. Que nadie confunda tolerancia con debilidad.-



