La demora interminable en poder llegar a un acuerdo con el FMI que sea el menos malo aunque malo al fin demuestra claramente que con el préstamo en monto y condiciones de pago notoriamente incumplibles para nuestro país nos obligue a hacer lo que el Fondo decida para darnos más plazo para los pagos. Está claro que estas imposiciones en materia económica son contrarias a lo que el pueblo votó hace apenas dos años.
Como ya lo hemos experimentado más de una vez estas recetas siempre son ruinosas para la gran mayoría de nuestra población y significan enormes ganancias para los sectores más concentrados de nuestra economía.
Son las mismas políticas económicas que el gobierno anterior aplicaba aunque no se lo pidieran por responder siempre a los mismos intereses económicos que el FMI.
El verdadero problema no es la necesidad de crecimiento en lo que están todos de acuerdo sino cómo se distribuye ese crecimiento si en favor de los más necesitados y no que termine agrandando las desigualdades como está sucediendo hasta ahora
Llama la atención la nula información que tiene la ciudadanía sobre cuáles son las cuestiones en que por ahora hay acuerdo y en cuáles no, máxime cuando todos coinciden que lo que se concrete tendrá una enorme incidencia en la vida de los argentinos por muchos años. No se debe menospreciar la capacidad de comprender del pueblo.
Mientras tanto vemos cómo nuestros ingresos continúan perdiendo su poder adquisitivo y cómo el gobierno sigue sin poder frenar la voracidad empresaria burlándose de las medidas tendientes a parar la subida de los precios. Pareciera que se sigue apostando a los consensos con quienes sólo aceptan imponer sus deseos.
Ayer se festejó en nuestro país el día de la democracia recordando aquel 10 de diciembre de 1983 en que los argentinos llenos de esperanzas y muchísimo alivio dejamos atrás los años negros de la más sangrienta dictadura cívico-militar pero debemos comprender que la democracia está en permanente construcción y por lo tanto todavía falta un largo trecho por recorrer y no parece que estemos recorriendo ese trecho o en todo caso vamos a paso de hormiga.
Recordemos lo que dijo Nelson Mandela: "Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento".
Evidentemente lo que falta es muchísimo y nos debe comprometer a todos sabiendo que aunque sean pocos quienes pretenden una sociedad en que los más ricos nos impongan políticas que respondan a sus intereses.
Tengamos en cuenta que tienen gran poder y están dispuestos a invertir lo que sea necesario para evitar una profundización de nuestra democracia que definitivamente dé respuestas al conjunto de la sociedad y sobre todo a los más humildes.
Permanentemente vemos que se repite el discurso que para lograr una mejora sustantiva en el nivel de vida de los que menos tienen hacen falta varios años de crecimiento sostenido olvidándose que millones de ciudadanos ya no pueden seguir esperando porque están en una situación límite.
En realidad lo que realmente hace falta es una contundente determinación política para lograr una distribución de la riqueza más equitativa y más solidaria, camino que seguramente contará con el decidido apoyo de la mayoría del pueblo.
Resulta verdaderamente condenable la permanente incitación a la violencia de los discursos de los autodenominados "libertarios" que en su desmesurado intento para diferenciarse de Juntos por el Cambio tildan al gobierno de Horacio Rodríguez Larreta de izquierdista y populista. Es cierto que es imposible diferenciarse de quien comparte la misma ideología y por ende la misma política y eso los lleva a caer en tan descomunal disparate. Como diría Mauricio Macri, ni ellos se lo creen.



