"La familia, basada en el amor, nos contiene y armoniza", señala el padre Rufino Giménez Fines y reflexiona sobre la Sagrada Familia.
En este primer domingo luego de haber celebrado el nacimiento de Jesús, corresponde la lectura del Evangelio de San Lucas, Capítulo 2, versículos 41 al 53: "Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén, a celebrar la fiesta de la Pascua. 42 Cuando el niño cumplió doce años, subieron juntos a la fiesta, como tenían por costumbre. 43 Una vez terminada la fiesta, emprendieron el regreso. Pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo advirtieran. 44 Pensando que iría mezclado entre la caravana, hicieron una jornada de camino y al término de ella comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 45 Y como no lo encontraron, regresaron a Jerusalén para seguir buscándolo allí. 46 Por fin, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Cuantos lo oían estaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. 48 Sus padres se quedaron atónitos al verlo; y su madre le dijo: -Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados buscándote. 49 Jesús les contestó: - ¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que debo ocuparme de los asuntos de mi Padre? 50 Pero ellos no comprendieron lo que les decía. 51 Después el niño regresó a Nazaret con sus padres y siguió sujeto a ellos. En cuanto a su madre, guardaba todas estas cosas en lo íntimo de su corazón. 52 Y Jesús crecía, y con la edad aumentaban su sabiduría y el favor de que gozaba ante Dios y la gente".
"Hoy -dice el padre Rufino Giménez Fines- celebramos la Sagrada Familia de Jesús, María y José… la familia, como tal, es la primera mediación de Dios para hacer presente su reinado. Es tiempo de Navidad. El documento de Aparecida señala que la familia sigue siendo el patrimonio de la humanidad. Dios, quien se hizo hombre para salvarnos, no fue unan persona aislada: vivió la experiencia humana, que incluye su tránsito en familiar, por eso la Iglesia propone a la familia como modelo de fe, robusta en la presencia de Dios. Repito: robusta en la presencia de Dios… pase lo que pase en la vida, como modelo de profundo amor mutuo aún en las dificultades. En las familias, claro, se dan divergencias pero las asperezas tarde o temprano se limarán si es que hay amor, compartiendo con los hermanos, dándose con gozo y desinteresadamente".
"Es el mismo espíritu de la Iglesia primitiva, amándose en la esperanza y en la fe. Algunos pueden pensar que la familia moderna es muy frágil. No hay que generalizar, pero es posible que así sea. Y es por eso que se necesita más amor como elemento de cohesión. Donde no exista amor, la convivencia familiar se resquebraja. Hay que entender al amor como la capacidad de salirse de uno mismo, dejar de mirarse el ombligo para darse a los demás. Y ese amor es el que le da sentido a nuestras vidas. Amar, respetar, aceptar al otro como es. Si esta visión es mutua, nada nos demorará. En esta vida, la familia es una realidad hermosa porque se mantiene la amistad, el trabajo fecundo y creativo. La fiesta, la alegría, la esperanza, el placer que uno siente por el sólo hecho de estar con ese otro a quien se le ama profundamente, es nuestro motor vital. Sentir todo el tiempo que vale la pena vivir. Eso es lo que hay que buscar y encontrar.
Por supuesto, en toda familia hay dificultades, este mundo no es un paraíso. Existen crisis y tensiones. Y esta fiesta, la Navidad, también es para apaciguarlas y acrecentar el amor… Seamos claros: hoy las parejas se juntan y se separan con una asombrosa facilidad, cuando el amor verdadero es lo íntimo y lo estable. Las inestabilidades en la familia vienen de la mano del consumismo, de la falta de comunicación entre padres e hijos, a veces incluso por exceso de trabajo… pero un factor clave es también la falta de religiosidad en el matrimonio, como aquel que construye su casa sobre la arena y no sobre la roca del amor. Creer en el amor implica conocerse más, estimarse más, respetarse más. Entonces, la familia es el lugar educativo por excelencia, el primer núcleo donde Dios actúa, pero para eso debemos ser tierra fértil y dispuesta para que suceda. Así, la familia es la primera iglesia y comunidad de fe, el encuentro de lo humano y lo cristiano, cristalizándose en el signo concreto de un Dios que nos desea y nos ama. La familia, basada en el amor, nos contiene y armoniza. De otra manera, cuando perdemos el camino, gana terreno el desgarro, el sufrimiento, la sensación de vacío… Si todo esto nos pasa como adultos, ¿qué podemos esperar que suceda en el corazón de los niños?
El amor no es sólo un sentimiento más, se construye todos los días, paso a paso. Por eso hablamos de que la familia, construida desde el amor verdadero, es la iglesia doméstica que, tarde o temprano, naturalmente, se proyectará hacia afuera, hacia y en los demás", concluye el sacerdote de la orden Rogacionista, creada por el padre Aníbal María Di Francia.



