En este comienzo de año vemos alarmados como el covid-19 no deja de mutar y aun estando la variante ómicron en pleno apogeo científicos de la Universidad Aix-Marsella de Francia descubrieron una nueva variante a la que denominaron IHU de la que todavía sólo se conoce su existencia pero nada más.
Ante este panorama aterrador resulta sumamente preocupante que los medios hegemónicos de comunicación sigan privilegiando su tarea de desestabilizar al gobierno sin importarles en lo más mínimo el bienestar y la salud de la población.
Esta verdadera "fuerza de tareas" está logrando mediante mentiras o verdades a medias, lo quiera o no, exacerbar la intolerancia y la violencia que están llegando a límites ciertamente peligrosos.
Así vemos como se ha pasado de los aplausos a los trabajadores de la salud por su extraordinaria labor combatiendo al virus a exigirles una dedicación más allá de toda posibilidad y toda lógica con el viejo verso de que pagar impuestos los habilita a tratar a los trabajadores casi como esclavos.
Recordemos que a fines de 2001 se cantaba "piquete y cacerola, la lucha es una sola" y una vez superado el corralito la clase media pedía represión para los piqueteros.
Don Arturo Jauretche dijo alguna vez: "La clase media cuando está mal vota bien y cuando está bien vota mal". También dijo "No existe la libertad de prensa, tan sólo es una máscara de la libertad de empresa".
Esta utilización de los medios de comunicación como instrumentos de un adoctrinamiento político permanente en favor de las élites dominantes es en realidad un fenómeno mundial que ha preocupado y sigue preocupando a quienes con una mirada democrática pretenden una sociedad más humana que incluya a todes.
A mediados del siglo pasado la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) encargó a una comisión denominada Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación presidida por el irlandés premio Nobel de la Paz Seán MacBride la redacción de un informe que se publicó en 1980 con el título "Un sólo mundo, voces múltiples" pero se lo conoce más cómo "Informe MacBride" dónde se da cuenta de la necesidad imperiosa de ir "Hacia un nuevo orden mundial de información y comunicación, más justo y más eficiente".
Demostrando una vez más el poder que tienen los grandes medios de comunicación lograron torcerle el brazo a la Unesco y que ese informe desapareciera como que nunca hubiera existido.
En nuestro país el derecho a la información a partir de la reforma de 1994 forma parte de nuestra Constitución Nacional por ser parte del Pacto de San José de Costa Rica.
Ese derecho consiste en que todo ciudadano para poder elegir libremente debe poder conocer las diferentes voces lo que supone que se debe impedir la concentración de distintos medios de comunicación en pocas manos.
No debe extrañar que uno de los primeros decretos del entonces presidente Mauricio Macri anulara la Ley de Medios que intentó cumplir con la Constitución impidiendo los monopolios comunicacionales.
Lo que sí llama la atención es que el actual gobierno que se dice tan cumplidor de las normas constitucionales y legales no haya dejado sin efecto el ilegal decreto que anuló una ley que contó con un muy amplio respaldo de la sociedad y ahora está sufriendo las consecuencias de su exceso de "buenismo" a que nos tiene malamente acostumbrados.
Lo cierto es que se debe hacer los máximos esfuerzos posibles para parar este aumento constante de la violencia para no tener que lamentarnos cuando sea demasiado tarde.



