Así como en una época fue el inglés, hoy es el pensamiento lógico y la habilidad de escribir básicas líneas de código un aprendizaje del que las nuevas generaciones no pueden prescindir.
La programación está cada vez más presente en las aulas de los distintos niveles educativos con asignaturas específicas o tratadas de manera transversal. Pero, ¿es igual enseñarla en la educación Inicial que en Primaria o Secundaria? Ciertamente, las distintas etapas formativas de los y las estudiantes requieren contenidos, recursos y estrategias dispares.
Los expertos recomiendan iniciar la enseñanza de programación desde edades tempranas (jardín) dado los beneficios que aporta, aunque para eso es necesario crear un contexto propicio, seleccionar un lenguaje y entorno de programación adecuados y disponer de unos contenidos en forma de tareas a resolver o desafíos a los que enfrentarse escalados en dificultad. Algunos programas que pueden utilizarse para este fin son Code.org y ScratchJr.
En el caso de los y las alumnas de Primaria, lo mejor es empezar trabajando con bloques a través de programas como Scratch, para luego ir avanzando hacia lenguajes algo más complejos. En cuanto a las actividades, es recomendable que programen pequeños juegos manipulativos, lo que les sirve para comprender cómo nos comunicamos con las máquinas e interiorizar una nueva manera de pensar y un lenguaje que desarrolla el pensamiento computacional siguiendo una estructura algorítmica. A partir de ahí, se pueden plantear retos y proyectos que exploten aspectos creativos desde múltiples inteligencias y estilos de aprendizaje.
Por su parte, para la franja de estudiantes secundarios es más fácil abordar la programación desde un punto de vista transversal y no solo desde las asignaturas vinculadas a la tecnología: es posible aprovechar sus posibilidades en otras muchas materias como Ciencias, Matemáticas, Lengua, Inglés e incluso Educación Física. Lo ideal es plantear a los estudiantes una problemática para que busquen sus propias soluciones: ¿Qué objetivo tiene lo que van a programar? ¿Qué elementos necesitan? ¿Cómo han de interactuar entre sí? Además, pueden emplear todo tipo de lenguajes de programación, no solo los más sencillos.
El aprendizaje de robótica y programación en el aula aporta múltiples beneficios que van más allá de la incorporación de conocimientos prácticos para crear líneas de códigos. Desarrolla el pensamiento lógico y estimula la capacidad para resolver problemas, fomenta el trabajo colaborativo, aumenta la motivación y facilita el uso de metodologías centradas en el estudiante. Sin embargo, la introducción de estas materias en los distintos niveles educativos y modalidades de enseñanza es muy desigual.
En Campana, la única escuela que tiene Programación entre sus especialidades en la Escuela Secundaria Técnica Nº1 "Luciano Reyes". Alguna vez supo denominarse Informática; fue el peso cada vez mayor de la programación lo que motivó el cambio de nombre de la especialidad, donde conocimientos como matemática e inglés son los cimientos sobre los que se construyen habilidades en lenguaje C, HTML, Android Studio y bases de datos. El graduado sale con un panorama completo de estos formatos de programación y como experto en uno de su elección. Complementan esta formación conocimientos en hardware, software y redes, más la capacidad de gestionar proyectos y trabajar en equipo fuertemente orientado al aporte de valor.
Sin embargo, existe otro campo tecnológico que hunde sus raíces en la programación: es la electrónica. La Escuela Técnica Roberto Rocca y la propia Reyes la ofrecen como modalidad educativa a partir de su cuarto año de cursada. El egresado sale capacitado para proyectar, montar e instalar componentes y productos electrónicos, así como para operarlos y mantenerlos. El ámbito de aplicación es muy variado: la electrónica está en todos lados. La tecnología ha expandido sus fronteras a casi cualquier mecanismo, producto o servicio. La automación y la robótica son solo dos expresiones de sus dominios, donde se multiplican las oportunidades de desarrollo profesional a medida que aparecen nuevos avances.
Existen múltiples muestras de que cualquier contenido o asignatura es susceptible de ser trabajado a través del pensamiento lógico y computacional. Los objetivos, en este caso, son favorecer el desarrollo de las habilidades y destrezas del alumnado; permitir mostrar las que ya poseen; y aprender de una forma colaborativa. A la hora de poner en marcha proyectos de programación en las distintas materias es posible recurrir a metodologías activas como el aprendizaje basado en retos, la gamificación y el aprendizaje cooperativo.
Un sector con vacantes
Históricamente, alrededor de 5.000 posiciones quedan sin cubrir cada año en el sector, según la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI). Y de acuerdo con la entidad, este número puede ascender a 15.000 si se toma en cuenta la demanda insatisfecha en otras industrias.
Es que no solo las empresas de tecnología pelean por el talento, sino también firmas de todos los sectores que optaron por desarrollar sus propios departamentos de IT. En este escenario, las ofertas varían de forma inmensurable, a causa de diferentes factores. Entre ellos se listan la voracidad de las nuevas herramientas tecnológicas, que generan la sensación de emergencia en las empresas, y el desconocimiento del empleador que, en consecuencia, sale a buscar talentos con presupuestos errados.
Para dar respuesta a la demanda, desde los sectores público y privado acercaron diferentes propuestas. Ya en 2017, el Gobierno puso en marcha el Plan 111 mil, con el objetivo de formar en el transcurso de cuatro años a 100.000 programadores, 10.000 profesionales y 1.000 emprendedores. Más recientemente, en este año, anunció la segunda etapa del plan Argentina Programa, el cual comprende un subsidio económico y la posibilidad de tener conexión gratuita a internet. Y en paralelo, desde CESSI, empujan el Plan 2030, que busca lograr más de 500.000 empleos formales.




