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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 08/mar/2022 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
El 8M y la necesidad del armado de una trama superadora
Por María de Jesús Herrera







María de Jesús Herrera. Foto: Archivo 2016.

Posiblemente, desde lo discursivo nadie se oponga a la afirmación de que las mujeres y otras femeneidades somos personas, pero sólo es una aparente obviedad: la lucha de nuestros colectivos vulnerables ha sido y es interminable, agobiante, angustiante. Dentro de cada grupo hay diversidad de situaciones, de trayectorias y de circunstancias que nos diferencian a unas de otras, por lo cual las conquistas no son ejercidas por todas al mismo tiempo, o de la misma manera, lo mismo ocurre con el colectivo LGTBIQ.

Logramos que nos reconozcan como iguales al varón para el desarrollo de la vida, sólo en lo formal, a pesar de existir Convenciones Internacionales con igual jerarquía que la Constitución Nacional y leyes nacionales y provinciales que consagran derechos específicos, el sesgo de género, la discriminación y demás formas de violencia están tan presentes como siempre, eternizadas.

Frente a cada conquista derechos producto de nuestra unión militante a través de reclamos colectivos donde exigimos y nos hacemos escuchar, nos posicionamos en un lugar de mayor fortaleza y nos corremos del lugar cultural de sumisión,, cuando eso sucede, en un acto de furia y venganza patriarcal, somos víctimas de hechos atroces imposibles de imaginar frente a tantos derechos escritos, el patriarcado así nos recuerda, que sólo nos ofrece algunas victorias para seguir gobernando, pero es él quien lo permite

La contradicción que se genera entra los derechos que logramos ganar en el reclamo conjunto, como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo o la Ley de Cupo Trans, y el acometimiento casi inmediato (a modo de reacción) de actos perversos sobre nuestros cuerpos y nuestras mentes (aumentos de femicidios, violaciones, violaciones grupales, entre otros) necesariamente debe darnos la pauta de que el Estado no es suficiente y que la sociedad nos quiere sometidas.

Los esfuerzos del Estado Nacional por incorporar la perspectiva de derechos humanos a las cuestión de género, como por ejemplo con la creación del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad y el Gabinete Nacional para la Transversalización de las Políticas de Género, hasta el momento no han logrado generar lo que considero el primer cambio esencial, que es el de asumir que la violencia de género como problema endémico, jamás se solucionará sólo con la judicialización de los casos, sino que principalmente, deben fortalecerse la educación formal y no formal sin segos de género, con currículas que desde el nivel inicial, hasta el universitario contengan de modo transversal en sus materias la temática, y con un adecuado control, con índices de resultado de la aplicación en las escuelas públicas y privadas especialmente; de la implementación de la ley de Educación Sexual Integral, esto aún es una gran deuda. Y en el terreno de la educación no formal, a través de campañas publicitarias, la creación y promoción de encuentros barriales comunitarios, sostenidos en el tiempo, donde no se hable sólo de violencia sino que también puedan abordarse como "no naturales" y cuestionarse los patrones culturales que todas, todos, y todes tenemos incorporados y que fomentan y perpetúan el machismo, para que puedan ser vistos los estereotipos de género como algo que puede ser modificado.

Sé que ningún cambio cultural y menos como el que aquí se requiere, pueda lograrse en poco tiempo pero insisto persiste la política de la judicialización como la principal vía de intervención. El problema es estructural y debemos exigir a la justicia que cumpla con sus obligaciones, pero su abordaje es sólo respecto al caso concreto.

Comparto con Catherine Mackinnon que debajo (y primero) que el contrato social celebrado entre los hombres para vivir en sociedad, (del que las mujeres quedaron excluidas), está el contrato sexual por el cual los cuerpos femenizados son objetos del varón y sumisos a él. En esa base se construyó el Estado, partiendo de allí y con todo lo demás podemos entender que el Estado jamás será suficiente para erradicar la violencia de género.

Es preciso crear espacios comunitarios de participación colectiva, con encuentros de reflexión, de juegos, de compartir experiencias donde podamos replantearnos nuestras propias concepciones sobre el ser varón, ser mujer o cualquier otra identidad de género. Armar una trama que nos enlace como comunidad, que contenga, que sea amorosa, tierno, solidaria.

Los varones que violaron a una mujer en el barrio porteño de Palermo hace unos días deben ser procesados y condenados, pero la responsabilidad también es social porque aún la condena de ellos, como ya pasó con otros varones condenados, no evita que se repitan hechos similares. La prevención general en la punición es puro cuento. Violan, matan, golpean, menosprecian, socaban la autoestima porque hay una sociedad que avala la violencia y que naturaliza la violación, en su inconsciente colectivo permanece la idea de sometimiento de los cuerpos femenizados. Porque es una sociedad que sigue convencida en silencio, (decirlo en voz alta ya no es políticamente correcto) que el cuerpo femenino es objeto de goce del varón, a quien por eso le está permitido apropiarlo hasta consumirlo.

Otros dos problemas enormes que enfrentamos actualmente (entre tantos) son, por un lado la capacidad que diversos organismos del Estado, lamentablemente han, adquirido, para crear un relato y hacer creer que se ocupan de la violencia de género, del tema de las mujeres y el colectivo LGTBIQ, mientras que con sus políticas al interior de cada organismo impiden un trabajo acorde con las desmamadas y los derechos consagrados. Es temible esta situación: parecer no es lo mismo que ser y en el cartón pintado que ofrecen, confunden y engañan. Por el otro, los medios de comunicación dan visibilidad a cualquier persona machista, varón o mujer y toleran en su transmisión cualquier tipo de expresión y de violencia simbólica sin sancionar, ponen el foco en la persona que ha sido victimizada para colocarla en un lugar de mayor victimización y otras veces de victimaria, formando opiniones erradas sobre el tema.

Existen, también, mucha retórica y muchos discursos superficiales muchas y muchas se sienten capacitados para sentarse frente un auditorio y exponer pero lo hacen desde la colonialidad y el androcentrismo: hoy "garpa" hablar de género. Se plantea en general una mirada casi romántica en torno al 8M, que da cuenta de la persistencia patriarcal de esos discursos.

Nosotras no podemos perdernos entre todas estas cuestiones: la conquista de las trabajadoras newyorquinas, fortalece la lucha, para que cada persona del colectivo transfeminista pueda vivir una vida plena, una vida libre de violencia. Entonces como ya sabemos, debemos permanecer unidas marchando, reclamando, desde el amor, desde el arte, desde la comunidad, desde el enojo pero también desde la alegría de saber que somos cada vez más, y que juntas logramos mucho.


María de Jesús Herrera / Abogada / Funcionaria del Ministerio Público Fiscal - Especialista CLACSO en Políticas Públicas y Justicia de Género.


 
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