Evidentemente pocos vaticinaban que el acuerdo finalmente alcanzado entre el gobierno y el FMI iba a poner de manifiesto la profundidad de las diferencias políticas existentes en la alianza gobernante Frente de Todos.
Llama la atención que estas diferencias que forman parte de la historia del movimiento peronista hayan causado tamaña sorpresa. Lo que es digno de destacar es que actualmente esas diferencias no se dirimen a los tiros como era habitual en otros tiempos.
Resulta curioso que el ejecutivo tan proclive a crear ámbitos de discusión con los poderes permanentes de nuestra sociedad para tratar de lograr los publicitados consensos que en general son imposibles de conseguir no lo haya hecho con los distintos sectores que componen el Frente de Todos.
Una vez más queda demostrado que ocultar las diferencias en lugar de enfrentarlas e intentar resolverlas de alguna manera que no sea la repartija de cargos es un error que como olla a presión termina reventando.
De cualquier manera este acuerdo para refinanciar una deuda que pese al tiempo conseguido sigue siendo impagable era fácilmente previsible si tenemos en cuenta la historia del FMI y la falta de firmeza demostrada permanentemente por el gobierno. También es cierto que se trata de un acuerdo donde las condiciones la fija el acreedor y que el gobierno siempre manifestó que no estaba en sus planes dejar de pagar.
Conviene tener presente que no todo lo que nos sucede es culpa del acuerdo con el Fondo porque viene ocurriendo desde hace varios años y es exclusiva responsabilidad de las políticas seguidas.
Es indudable que pese a las intenciones que muchos dicen tener, la desigualdad sigue aumentando sin solución de continuidad tal como lo demuestran los índices elaborados por el Indec conocidos esta semana.
Según informó el organismo oficial la canasta básica alimentaria aumentó el mes pasado un 9%, esto es prácticamente el doble que el índice de aumento del costo de vida y mayor al 6,6% que aumentó la canasta básica total.
Tengamos en cuenta que en los sectores más humildes de la sociedad el mayor gasto es en alimentos y por lo tanto es el sector que ve un mayor deterioro en el poder adquisitivo de sus ingresos ya extremadamente insuficientes.
Esto está mostrando que por ahora los últimos siguen siendo los últimos y cada vez con menos perspectivas de mejorar significativamente su situación lo que los está sumiendo en una preocupante desesperanza con consecuencias inciertas.
El último Informe sobre desigualdad mundial elaborado por el World Inequality Lab (WIL) y dirigido por el economista francés Thomas Piketty y un grupo de más de 100 investigadores de todo el mundo muestra claramente que la desigualdad en el mundo sigue creciendo.
En la actualidad el 10% más rico de la población mundial recibe actualmente el 52% del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre de la población gana solamente el 8,5%.
En cuanto a la riqueza, esto es lo acumulado hasta el presente, la desigualdad es mayor aún. El 10% más rico de la población mundial posee el 76% de toda la riqueza mientras la mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2% del total de la riqueza.
Que esto esté sucediendo en el mundo como consecuencia de la generalizada adopción a políticas neoliberales no debe servirnos de consuelo porque cómo decían nuestros mayores: Mal de muchos, consuelo de tontos, al contrario si queremos una sociedad más humana debemos tomar nota de lo que no debemos aceptar que suceda en nuestro país.



