Un reporte concluye que la reducción o eliminación de grasas trans es una política pública viable y de bajo costo y recomienda que los países tengan dependencias que vigilen el contenido de los AGT-PI en los alimentos y que la sociedad civil colabore activamente.
Chile, Perú y Brasil son los tres países de la región que han adoptado las mejores prácticas de regulación para limitar a menos del 2 por ciento la presencia de grasas trans de producción industrial (AGT-PI) en alimentos. Perú es el único que, además, incluye advertencias publicitarias en los empaques.
Así lo señala el "Reporte sombra de las políticas públicas de las grasas trans de producción industrial", elaborado por integrantes de la organización de la sociedad civil Salud Justa México publicado el 29 de marzo, sus autoras evaluaron las mejores políticas sobre AGT-PI que se han implementado en la región, para que sirvan de ejemplo al resto de países que buscan regularlas.
Los ácidos grasos trans de producción industrial son compuestos artificiales producto de la hidrogenación, proceso por el cual se introduce gas hidrógeno a los aceites vegetales, lo que permite que los alimentos se conserven durante mucho tiempo.
Pero el beneficio para la industria tiene un costo para la salud: varios estudios muestran que el consumo de los AGT-PI está relacionado con los accidentes cardiovasculares y el aumento del colesterol malo. La OMS atribuye 500 mil muertes al año por enfermedades cardiovasculares debido a la ingesta de estos compuestos.
Según el informe, Argentina, Colombia y Ecuador también han establecido regulaciones, aunque menos restrictivas. Uruguay está a punto de aplicar una normativa para limitar el contenido de grasas trans al 2 por ciento; mientras que en México la regulación fue aprobada en el Senado, pero está pendiente de ser discutida este año en la Cámara de Senadores. El resto de la región carece de políticas restrictivas sobre estos compuestos.
La región ha tenido avances significativos, pero aún prevalecen condiciones que impiden que estas regulaciones se aprueben y apliquen rápidamente: desde la falta de participación y conocimiento de la sociedad hasta la industria que busca retrasar estas regulaciones. n los países donde ya existen estas regulaciones, como en Perú, las empresas trasnacionales de alimentos ya han sustituido los AGT-PI con otros aceites. Pero en donde no hay, las grasas trans siguen presentes en sus productos.
Fabio Gomes, asesor en nutrición de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), dice que "los países que tarden más en eliminar los AGT-PI amplían los costos de salud, sociales y económicos para toda la sociedad".
La margarina es uno de los productos más populares elaborados con grasas trans.



