"Prestar atención a lo que uno oye, hacer caso de un consejo o aviso" señala el diccionario. De eso se trata cuando realmente nos hacemos cargo de nuestra vida espiritual. En este cuarto domingo de Pascua, corresponde la lectura del evangelio de San Juan, Capítulo 10, versículos del 27 al 30: "Mis ovejas reconocen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. 28 Yo les doy vida eterna, jamás perecerán y nadie podrá arrebatármelas; 29 como no pueden arrebatárselas a mi Padre que, con su soberano poder, me las ha confiado. 30 El Padre y yo somos uno".
"Quienes – dice el padre Rufino Giménez Fines- conocen el oficio de los pastores, saben que las ovejas no siguen a cualquier persona; por el contrario, identifican la voz del pastor que, de algún modo, saben que las cuida y las lleva a lugares seguros. Escuchar no es lo mismo que solamente oír. Escuchar es prestar atención a lo que uno oye, hacer caso de un consejo o aviso. ‘Escucha Israel’ dice el Antiguo Testamento en el Deuteronomio… Las ovejas conocen al Pastor. No hablamos de un conocimiento intelectual adquirido en los libros y estudios, más bien nos referimos a la experiencia vital, saber quién es el otro a partir de la experiencia, la amistad, y el amor. Por eso, este verbo se utiliza en la santa escritura para describir la relación íntima que podemos establecer con Dios. Es decir, las ovejas, conoceremos al pastor a través de la experiencia de vivir la palabra. ‘Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos’ dice Job… Cuando Jesús dice ‘ellas me siguen", no habla meramente de una guía pasiva, sino de que quienes lo seguimos debemos asimilar su forma de ser sin perder identidad. También, entendamos que si realmente nos entregamos, escuchamos y nos dejamos guiar, difícilmente nos apartemos del camino. Si la oveja escucha, es porque el pastor le habla. Conoce a sus ovejas y les da la vida eterna. Por eso no perecerán jamás. Nadie las arrebatará de su mano, porque el pastor protege".
"Dicho todo esto, me gustaría reflexionar también en las vocaciones. ¿Qué nos inspira la imagen de las ovejas y el pastor? ¿Estamos dispuestos a aceptar la llamada a uno de mis hijos o hijas? Aún más, ¿Qué le diré a mi pastor si es que me llama? ¿Responderé como Jeremías que dijo ser demasiado joven? ¿Cómo Jonás, no quiero ir? Somos parte del rebaño, no estamos solos. Pertenecemos al pueblo de Dios que es la Iglesia. Se trata de una relación personal y afectiva con Cristo, que compartimos con el resto de los integrantes, y eso nos hermana. Nuestra religión no se trata sólo de quedarnos en la superficialidad de cumplir con una serie de normas, como los Fariseos en tiempos del Señor. Implica una relación sincera, y profundamente amorosa, de entrega… en el caso de los sacerdotes, que es mi caso, diría no burocrática, como si fuera un empleo. Tiene que ver con compartir las alegrías y las esperanzas, tener empatía, condolerse ante los problemas de los grupos y movimientos… creo que la figura del buen pastor nos interpela a ser menos jefes y más, precisamente, pastores de la iglesia. Todos queremos ser caciques… También tenemos que pensar en no poner excesivo peso en los hombros de los demás, e incluso no debemos conformarnos con los que están cerca nuestro y salir a buscar a aquellos quienes se perdieron. El buen pastor es aquel que es feliz llevando el mensaje de Jesús, y como tal, es profundamente misericordioso, no juzga, ni es indiferente aun con quien lo cuestiona, busca sanar las heridas. El buen pastor es aquel que también busca salvar a personas concretas, con nombre y apellido, que transitan circunstancias de orfandad, decepción o indiferencia. Nuestra misión no es indagar en las historias personales que viven bajo el peso de ellas, sino comprender y liberar en nombre del Señor. ¿Si Dios perdona, nosotros por qué no? Tenemos que dar la vida por eso, con gestos y palabras, decisiones positivas y de cercanía… es también poner empeño en interesarnos por aquellos pastores quienes habiendo dando todo aun así se encuentran al borde del precipicio, y no nos importa si se cae o no. En resumen, la misión es construir una iglesia donde primordialmente experimentemos la presencia de Jesús a través de la palabra, el testimonio, el interés, la cercanía, la comprensión ejercida por pastores que hablan y actúan en su nombre… En definitiva, Dios nos da todo para que nos realicemos como seres humanos, nuestra tarea es escuchar su enseñanza y seguirla", concluye el sacerdote Rogacionista.



