El yodo es esencial para que funcionen correctamente nuestras hormonas tiroideas, y a su vez, nuestro organismo.
Las hormonas tiroideas tienen funciones vitales tales como regular el metabolismo de la energía y los nutrientes como las proteínas, carbohidratos y grasas. También afectan al crecimiento de los tejidos, especialmente al nervioso; participan también en la regulación de la temperatura corporal.
Por eso el aporte adecuado de yodo contribuye al funcionamiento normal de la tiroides, pero si éste fuera excesivo puede ocasionar problemas de salud como el hipertiroidismo; y si su aporte es demasiado bajo, puede generar hipotiroidismo o incluso secuelas irreversibles si este déficit es severo o se produjera, por ejemplo, en el embarazo, lactancia o primer año de vida.
Las necesidades diarias de yodo son en realidad muy pequeñas, 150 microgramos al día para adultos y adolescentes; lo que pasa es que aumenta casi el doble durante la lactancia y el embarazo.
Aproximadamente, el 40% de la población mundial se encuentra en riesgo de deficiencia de yodo. Los niños en edad escolar y las mujeres embarazadas en periodo de lactancia son los grupos identificados por posible deficiencia de yodo.
Alimentos que son fuente de yodo: Es difícil cubrir este mineral con alimentos, por eso la base debe ser la sal yodada o enriquecida en yodo, esta sal tiene 60 miligramos de yodo por cada 100 gramos de sal. Con media cucharadita, ya tendríamos la cantidad recomendada en un día, los 150 microgramos.
Podemos encontrar yodo en alimentos como: Pescados, mariscos, sal marina, productos lácteos, algas y vegetales (su contenido depende del mineral del suelo donde se han cultivado).
Algas, gran fuente de yodo: El contenido de yodo es tan alto en las algas, que pueden superar la cantidad recomendada del día; esto puede dar lugar a un peligro para la salud, 10 gramos de algas marinas podrían superar esta cantidad. La población japonesa dispone de mecanismos metabólicos adaptados a las altas ingestas de yodo porque ellos han consumido tradicionalmente grandes cantidades de pescado y algas, pero nosotros no estamos acostumbrados.
Ni excesos ni carencias: Si tenemos déficit puede ocasionar bocio, que es un crecimiento importante de la glándula tiroides para intentar compensar la falta de yodo en la dieta. Esto ocasiona problemas respiratorios y de deglución al tragar los alimentos. En estos casos se da el denominado hipotiroidismo o baja producción de la hormona y ocasiona síntomas como: Obesidad, fatiga, depresión. No obstante, el bocio también puede darse en altos casos de ingesta de yodo cuando es de forma muy continuada.
Durante el embarazo y la lactancia, la deficiencia severa de yodo, puede ocasionar problemas graves como: Abortos, partos prematuros, anomalías congénitas en los bebés. Los hijos de madres con insuficiencia de yodo en el embarazo podrían sufrir retraso mental, problemas de crecimiento, en la audición o en el habla.
Por otro lado, el exceso de yodo es muy poco frecuente pero puede ocasionar hipertiroidismo, o lo que es lo mismo, una elevación de producción de hormonas tiroideas. Los síntomas más frecuentes son: Falta de concentración, temblores, fatiga, nerviosismo. El excesivo aporte de yodo en la dieta habitual, tal y como hemos comentado antes, puede ocasionar bocio y eso siempre debe valorarlo un profesional de la salud.



