Un par de polillas se complotaron para arruinarme un suéter. No entiendo cómo estos bichitos pueden hacer semejante daño. No sé si lo que falta se lo comieron o si se entretienen destejiendo.
Es un suéter viejo, pero me resisto a que pase a ser un lustra muebles o que termine en la basura. Me acostumbré a usarlo, me siento cómodo, me queda bien y le agarré cariño. Me parece que con un par de minuciosas puntadas puede tirar un poco más.
Recordé cuando en la casa de la Nona nos resistíamos a tirar el chicle. Había dos "tips" muy sencillos para resucitar a un chicle. Uno era ponerle azúcar y dejarlo pegado en el hielo del congelador por unos minutos, para luego ir a cada rato a la heladera para ver si ya estaba listo para un nuevo ciclo de masticadas; pero para los que ya sabían hacer globitos el azúcar no era la fórmula, porque no deja hacer bien el globo. La otra opción para que dure más el chicle era comer de a pedacitos e ir sumándole trozos de chicle nuevo cuando el gusto decaía.
Uno de mis primos presumía de tragarlos pero nosotros no nos animábamos a hacer eso, porque se decía que "se puede pegar en el intestino". Él se divertía así: Comía un chicle casi como un caramelo.
Hubo tardes que llegamos a tener dos o más chicles cada uno, con eso hacíamos una bolita y estirábamos el chicle en un extremo, tragábamos la bolita y después tirábamos de la parte del chicle estirado para "destragarlo". Daba arcadas hacer eso, pero estaba bueno.
Mientras intento remediar con la aguja el daño de las polillas, pretendo convencerme a mí mismo que lo que estoy haciendo no es obstinación ni ningún tipo de capricho, es simplemente darle vida a algo que quiero.



