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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 10/ago/2022 de La Auténtica Defensa.

La casa de la nona:
El backstage de los churros
Por Pavlo Legendario




Pasé el repasador sobre una mancha que había en el azulejo cerca del horno. La mancha salió sin ningún problema, pero desafortunadamente quedó la marca del repasador, lo que me obligó a repasar todos los azulejos de la cocina.

Espontáneamente entré en calor y seguí con el repasador por la heladera, las ventanas, etc. También limpié el piso y ordené la alacena y terminé haciendo una limpieza profunda en toda la cocina.

Quedó linda pero a su vez normal. Cuando me senté a descansar, me di cuenta que mi cansancio y el dolor de hombro no tenía correlación exacta con mi cocina limpia y para cualquier visitante pasaría como una cocina normal.

Recordé cuando en la casa de la Nona comimos churros con azúcar. "Está lindo para unos " le dijo mi tía a la Nona. Se la veía de buen humor, pidió una ollita y arrancó. La vi batir una masa caliente que después puso dentro de la churrera. La envolvió con un repasador, le colocó la otra parte de la churrera, se afirmó sobre la mesa y salió medio churro, a duras penas. "Está dura la masa" dijo la Nona. "Es la churrera" dijo mi tía y la apoyó la sobre la silla. A esta altura ya había abandonado su actitud de tía pastelera.

Con la churrera en la silla, salió otro medio churro. Apurate, le dijo la Nona, antes que se enfríe la masa. Nosotros no decíamos "ni mu", estaba tenso el clima. Mi tía volvió a acomodar el repasador con el que envolvía la churrera, se arrodilló y la apoyó sobre el suelo. Ahí como que empezaron a salir los churros y a mi tía le regresó al rostro la actitud de tía pastelera.

La Nona iba poniendo en una sartén los churros que salían de la churrera. Cuando los sacaba los rebozaba en un plato con azúcar. Nosotros, casi al instante soplábamos un poco y los comíamos.

Estaban muy ricos los churros, pero los comí con cierta incomodidad, todavía tenía la imagen de mi tía arrodillada sobre la churrera.

Una cocina limpia o unos simpáticos churros con azúcar son actos extraordinarios. Solo Dios puede dar cuenta de ello.


 
P U B L I C I D A D






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