Como expresar tanta gratitud, no nos alcanzan las palabras... En un momento tan doloroso como es la pérdida de nuestra mamá, jamás imaginamos transitarla de la forma que está sucediendo.
Desde el primer momento que la noticia corrió, no paramos de recibir, hasta este instante en que estamos escribiendo estas líneas, un sinnúmero de llamados, mensajes y palabras con tanto afecto hacia ella, que este duro trayecto se hace por momentos más liviano.
Gracias a la Ex Intendente Municipal Stella Maris Giroldi; al actual mandatario Sebastián Abella y todos sus equipos, que estuvieron del inicio del Proyecto del Grupo Esperanza apoyando a acompañando incondicionalmente.
Gracias a Juan Sajnin, padrino y amigo entrañable de la Familia Esperanza y toda su familia.
Gracias a cada una de las empresas (que por temor a olvidarnos de alguna no las nombramos), agradecemos profunda y afectuosamente su colaboración y sostén.
Lo mismo para los medios de comunicación de nuestra ciudad, por su respeto y cariño, y a todos los integrantes de la Cochería Torres que con profesionalidad (o profesionalismo) cuidaron hasta el último detalle. Y un especial GRACIAS a nuestro querido Marcos Tisera, que estuvo al pie del cañón a cada minuto con nosotros, un hermano de toda la vida.
Gracias a todo el equipo médico que a lo largo estos años y sobre todo en los difíciles tramos finales han acompañado con excelente profesionalismo, pero sobre todo con muchísima humanidad y afecto. Especialmente a Marilina y Miguel su equipo de sobrinos Bioquímicos preferido.
Gracias a Florencia y Magalí, por el cariño, por tratarla como a una reina, por su paciencia infinita, por cuidarla tanto y por ser nuestros ojos a cada momento.
Gracias también a nuestros hijos y parejas, Luli, Mateo, Facu, Santi, Julia, Manu, Pedro, Fran, Celi, Fer y Ale por la paciencia, por acompañar, por comprender... no es fácil ser la familia de...
Por supuesto que conocíamos a Marita, y también hemos vivido y palpado su trabajo diariamente; pero las muestras recibidas en estos días nos hicieron tomar la real dimensión que lo grande que ella era y de lo que significaba para muchos, más allá de nuestra familia.
Aunque siempre lo supimos, vimos en tiempo real y cara a cara la gran familia que nos había regalado: un montón de hermanos y hermanas, hijos e hijas, que ya estaban unidos a nuestras vidas para siempre y desde hacía muchos años.
Marita no era de preguntar mucho: todo aquel que la conoció sabe muy bien que ella primero soñaba, después proyectaba, luego decidía y por último comunicaba. Había que tener mucho valor para intentar frenar todo ese proceso y al menos, ninguno de nosotros, quería ser el Quijote. Cuando nos animábamos, la cosa se ponía brava.
Desde aquellas reuniones en el comedor de casa, hasta el sueño hecho realidad de la Casa Esperanza pasa-ron muchos años, pero dentro de ellos, también miles de proyectos que se convirtieron en obras y acciones concretas.
Dicen que todos tienen una misión en la vida, la de ella fue la docencia y la entrega incondicional por el otro, traducida en una familia, la del Grupo Esperanza. A pesar del enorme trabajo que ello requería, jamás nos faltó a ninguno de nosotros, ni a sus nietos el amor extraordinario y constante que siempre tenía para dar. No sabemos cómo hizo todo junto, pero sin dudas lo logró.
A muchos los escuchamos decir: "nos dejó la vara muy alta" y sin dudas fue así. Como Milagros decía en sus hermosas palabras de despedida ese "no nos dejen solos" es para todos y nos incluye también.
Haciendo un paralelo con el deporte, somos una familia del básquet, y podríamos graficarlo así: "Manita era Manu Ginóbili", nosotros somos su familia. Y si bien intentaremos estar a la altura, lo de ella está mucho más allá de lo que podemos alcanzar. Es y será única.
Esto no significa que no nos esforcemos para lograrlo. Tenemos su ejemplo bien grabado en nuestra piel: no existe el no puedo", "no existe el no intentarlo", "no existe el resignarse".
Como decía la Santa Madre Teresa de Calcuta: "dar hasta que duela", y vaya si la vieja lo dio. Le dolía su cuerpo castigado por el Parkinson desde hace 15 años, pero mucho más le dolía ver que sus "chicos" no fueran felices... y luchó hasta el último día de su vida para que todos los que somos sus hijos y su familia lo fuéramos: y si viejita, somos muy felices.
En los últimos momentos de lucidez el jueves pasado hubo solo dos cosas que la conectaron con este mundo; una, cuando le pregunté si había estado hablando con Norma (Casella) y abrió los ojos y con certeza empezó a balbucear algo de un nuevo "proyecto"; y la otra, típica de Marita, fue un contundente "no me lleves a la clínica", y como buenos hijos y esposo de ella, no le hicimos caso.
Hoy disfruta del paraíso, reencontrándose con sus padres que tanto extrañaba, con su cuñado, con amigos, con sus jóvenes y colaboradores de la familia del Grupo Esperanza que la están esperando para abrir la sucursal de la casa en el Cielo.
Volvemos a decir: INFINITAS GRACIAS. Nos llenaron el corazón de amor, de contención, de caricias, de amistad, de familia; todo gracias a ella y a cada uno de ustedes.
La vamos a extrañar un montón, estará en cada rinconcito de la casa, en cada bajada de la murga por la Rocca, en la sonrisa de cada joven y en cada estrofa de la canción que hizo propia: "Color Esperanza".
Con profundo cariño: Roberto, María Inés, Silvina y Pablo.



