Adaptación de la publicación de Francine Riera en Revista Enraizada
Fueron tan solo 25 segundos aquel 15 de enero de 1944, a las 20:52 del sábado cuando un terremoto destruyó un 80% de la ciudad de San Juan. El epicentro se halló en la falla de La Laja, 23 km al norte de la ciudad, y la mayor destrucción estuvo concentrada en el barrio de Concepción. Los estragos fueron masivos no sólo espacialmente sino también en el tiempo. A pesar de su gravedad, son escasos los trabajos que abarcan este hecho en concreto.
Pensar en el terremoto de 1944 nos suele remontar mayormente al encuentro tan mitificado entre Perón y Evita en el Luna Park, en el festival organizado por el entonces Secretario de Trabajo y Previsión Social para recaudar fondos para las víctimas. Se suele decir que en ese encuentro se definiría el futuro de la Argentina. Se planteó que los hechos que le siguieron al terremoto determinarían el ascenso de Perón, siendo la catástrofe en su historia un puente hacia las bases primeras de un peronismo en gestación.
El terremoto alcanzó también a poblaciones cercanas como Albardón y 25 de Mayo: por la gravedad de la situación la ciudad fue declarada Zona Militar mediante el Decreto nº2047/194 hasta el 5 de febrero con un toque de queda desde las 22 a las 6 hs que se extendió aún más tiempo como respuesta a los constantes saqueos. El 2 de febrero partió a Buenos Aires un tren con 500 niños. Muchos de ellos eran huérfanos, más otros eran enviados por sus familias debido a la incapacidad económica de mantenerlos, o por el temor a las epidemias y enfermedades habituales en grandes catástrofes. Estos fueron dados en adopción y en caso de solventar más adelante la situación particular los padres podían recuperar la custodia mediante pedido por escrito. En la Sede de Secretaria de Trabajo y Previsión Social llegaron a presentarse 10000 solicitudes de adopción como se comunicó el 24 de enero en el diario Crítica.
A su vez, los comercios fueron clausurados y de acuerdo al Decreto de la Intervención Federal nº 3 del 23 de enero se establecieron requisitos para su reapertura en caso de vender artículos de primera necesidad . Se dispensaron tarjetas de provisión para garantizar paquetes de alimentos a familias necesitadas y se suspendió entre otras medidas el pago de impuestos, tasas y contribuciones hasta el 1º de marzo. La ciudad de San Juan finalizó su reconstrucción recién en el año 1961, 17 años después.
A pesar de las múltiples dimensiones que atraviesan este hecho, las investigaciones al respecto son escasas. Resulta llamativa su ausencia tanto por la magnitud del incidente como por las vertientes políticas y económicas que le aportan una impronta trascendental. Hay que considerar también la falta de antecedentes similares a los hechos de 1944 que pudieran aportar ejemplos de acción. Terremotos los había habido, sobre todo siendo una provincia de gran actividad sísmica, pero las terribles consecuencias de ese año avanzaron fuera de los parámetros habituales. No es menor decir que se trató de la catástrofe natural más grande de la historia argentina.
Consecuencias y una nueva relación con el Estado
La sociedad argentina atravesaba una fuerte crisis de legitimidad desde golpe de Estado de 1930, que derrocó al entonces presidente Hipólito Yrigoyen y fue encabezado por el teniente Uriburu. A partir de ese año la legitimidad de la política fue escasa, se criticaba el clientelismo y la burocracia, como palabras que resonaban a menudo. Independientemente de las disidencias dentro del ejército y de las diversas posturas políticas, la reforma social era un punto invocado constantemente. Se exigía un cambio radical en las estructuras tradicionales. Por eso cuando en 1944 el presidente Ramírez y los voceros católicos y del Estado anunciaron por cadena nacional al terremoto como una expiación divina para renunciar al liberalismo y retornar al catolicismo, este discurso no tuvo una recepción favorable ante una sociedad decepcionada con el sector político.
Fue en este contexto que Perón, en aquel momento Secretario de Trabajo, cobró fuerza al organizar una colecta de 40 millones de pesos. Lo distintivo no fue la recaudación en sí misma, sino más bien la nueva relación con el pueblo que se planteaba a partir de esto, y que se asentó en la necesidad de recuperar su confianza. Para realizar la colecta la calle Florida fue recorrida por artistas y figuras públicas junto a miembros del Colegio Militar, llevando urnas para que los transeúntes depositaran colaboraciones. Este acto puntual, al igual que la famosa jornada del 22 de enero en el Luna Park, que significó el encuentro entre Perón y Evita, fue tan solo uno dentro de una gran campaña de colecta para las víctimas, que alcanzó una alta convocatoria social. Después de mucho tiempo, el pueblo se sentía realmente comprometido con una causa.
En sintonía, el Estado tuvo una actitud novedosa al centralizar las colectas, en vez de quedar este trabajo en las organizaciones civiles. Que el poder estatal controlara la ayuda económica era más pragmático e implicaba un alejamiento de la asociación latente con la corrupción de gobiernos anteriores. El objetivo era afianzar el vínculo con la sociedad civil, comunicarle que podía depositar la reconstrucción de la provincia en sus hombros. A su vez, comenzó a reivindicarse en los festivales solidarios en el discurso político a los humildes como sujetos clave en la ayuda a las víctimas, tomando estos un protagonismo sustancial. La misma iglesia incorporó la noción de la justicia social, y cada nueva escuelas barrio o capilla era ahora inaugurada por la bendición de un sacerdote.
Llegada de refugiados a Retiro, entre ellos 500 niños, algunos huérfanos, otros enviados por sus familias ante la imposibilidad de darles de comer.
El terremoto como problema y evidencia
La catástrofe no sólo dio pie a múltiples problemáticas sino que acentuó muchas otras preexistentes. La desigualdad social fue claramente uno de estos casos. Desde el siglo anterior, la provincia, cuya economía se centraba en la explotación de la uva, había experimentado un auge vitivinícola, lo cual se había traducido en la modernización de la ciudad y la constitución de una elite bodeguera mayormente urbana que concentraba la mayor parte de las tierras cultivables. Dicha elite transformó este paisaje urbano, con la construcción de bodegas cerca de los ferrocarriles y grandes mansiones en la capital.
La carencia de estructura antisísmica en las casas fue uno de los motivos centrales de la devastación, y afectó en muchos casos independientemente de la clase social al no haber un énfasis general en consideraciones técnicas. Mas sí evidenció asimetrías sociales cuando quienes poseían un mayor poder económico tras el terremoto se trasladaron al campo o a Mendoza, mientras que aproximadamente 90000 personas que carecían de hogar se encontraron a la deriva: solo 10000 de estas pudieron establecerse en barrios de emergencia.
La catástrofe que sacudió a San Juan entonces dio cuenta de posibilidades diferenciadas y asimismo las acrecentó. Se evidenció también el problema de distribución poblacional: en 1944 la ciudad capital concentraba a la mitad de la población de toda la provincia, como otra consecuencia de la distribución desigual de la tierra y la riqueza. La capital era 20 veces más grande que la segunda ciudad de San Juan. Entre las posibilidades de reconstrucción, una de las propuestas fue trasladar la ciudad a una zona más segura, pues después de todo esta había sido destruida casi por completo.
Los "trasladistas", militares reformistas y nuevas generaciones de arquitectos apelaban a una renovada noción de planificación urbana. Criticaban que se centrara el peligro sísmico solo en el material de las edificaciones, el adobe, pues de nada servía una casa segura si esta estaba en una región que implicaba amenazas constantes.
Pero la postura triunfante fue la de los "quedistas", las elites de bodegueros para quienes mover la ciudad implicaba una desvalorización en el precio de la tierra y la propiedad y atentaba contra sus privilegios. A pesar de su fracaso, estas nuevas generaciones de arquitectos instalaron a la arquitectura como un hecho político donde confrontaban intereses en puja. De hecho, la mayor parte de los trabajos que mencionan al terremoto de 1944 son fundamentalmente sobre arquitectura.
Atención de heridos en las calles.
Las ruinas como símbolo
El peso visual de las ruinas sanjuaninas como símbolo del orden en conflicto, de una sociedad profundamente desigual cuyos cimientos se vieron momentáneamente colapsados. Efectivamente, los destrozos no operaron como motor de cambio, sería cínico definir a la tragedia como una puerta hacia lo nuevo. Pero es una realidad que sobre los escombros se desplegaron una serie de transformaciones que comenzaron a configurar un nuevo orden social, político y económico. De todas formas, el cambio no nació allí. Desde 1943 la política de vivienda comenzaba a ser central, y en ese mismo año se creó la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la Nación.
Otros conflictos también fueron encausados y visibilizados a través de este hecho: el vacío legislativo sobre la adopción era hace años una fuente de conflicto, y quedaba ligada a procesos informales. El terremoto debió acelerar el proceso a la fuerza cuando 1000 huérfanos requirieron súbitamente un hogar. Hasta que en 1948 se promulgó la Ley 13.252 de adopción, la Dirección Nacional de Asistencia Social suplió su ausencia. A partir de 1944 se generó un momento clave que daría paso a un nuevo papel del Estado y a una revalorización de sus instituciones, lo cual era ya un elemento presente más la necesidad de organizar y centralizar una problemática de tal magnitud exigió a toda costa nuevas políticas de planificación.
El Consejo de Reconstrucción creado para reedificar la ciudad, que se transformó en 1972 en el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), es manifestación de dicha vocación de centralidad y previsión política de mayor contemplación. Cuando un nuevo sismo sobrevino en 1952, con su epicentro también cercano a la ciudad, las nuevas construcciones acordes al Código de Edificación sobrevivieron, demostrando que efectivamente la planificación urbana es una decisión política certera y que en los cimientos de toda ciudad se manifiestan profundas redes de desigualdad.



