Buenos Aires (especial para NA, por Marisa Alvarez)-- El martes pasado, en la Gobernación, a metros del despacho de Felipe Solá, legisladores felipistas acusaron públicamente a Eduardo Duhalde de haber ordenado a los diputados que le responden que aumentaran 34 millones de pesos el Presupuesto de la Cámara baja provincial para armar con esos fondos públicos una ¨caja negra para financiar¨, obviamente a su sector, en ¨la interna partidaria¨.
Un día después, en la Legislatura, sentado al lado del presidente de la Cámara baja, Osvaldo Mércuri, el jefe del bloque peronista de ese cuerpo, el duhaldista Juan Garivotto, acusó a ¨ministros de Solá de amenazar a intendentes, para que adhirieran a su línea interna, a cambio de obras¨.
Al final lo hicieron. Cada uno dijo del otro lo peor que podía decir. El problema es que las imputaciones cruzadas son gravísimas y ninguna de las partes parece, al menos por ahora, dispuesta a asumir la gravedad de lo que dijo y traducirlo en corroboraciones que permitan saber cuál es exactamente la verdad y llegar a eventuales culpables y condenas. Si esto termina como está, habrá sido un aporte más al descreimiento -a la desesperanza- de la gente en la política y sus instituciones.
Lo cierto es que en estos días los dos sectores en que se fracturó el PJ bonaerense se cruzaron las mismas acusaciones que durante dos décadas le dispararon a ese partido -a todos juntos- fuerzas de oposición. Los unos y los otros compartieron en ese largo tiempo el camino, las listas de candidatos, las bancas y los gobiernos. Y está claro que, aunque el peronismo siempre haya sido salvaje en sus riñas internas, esta vez cruzaron una frontera tan intangible como nítida. El tiempo dirá qué huellas deja este episodio.
Mientras tanto, en los campamentos explicaron las acciones en su particular visión de la cronología del desmadre, aunque para afuera ya sea todo un solo y mismo zafarrancho.
LA MIRADA DUHALDISTA
Para el duhaldismo, los felipistas fueron los que lanzaron la primera piedra. El contenido de la acusación, y fundamentalmente el hecho de que hubiera estado centrada en Duhalde convenció al sector de que Solá y su gente no sólo habían cruzado de vereda sino que habían quemado las naves y cortado los puentes. Y que lo hicieron con ¨el discurso de la antipolítica elevado a la enésima potencia¨, como lo describió uno de los máximos exponentes.
La convicción de que el felipismo apeló al ¨argumento histórico del antiperonismo, a una estrategia netamente gorila¨, recorrió también al generalato y la tropa duhaldista. Y se terminó de instalar la peor de las sospechas. ¨Si no están jugando a que el peronismo pierda las elecciones de este año, lo disimulan muy bien¨, resumió uno de esos generales.
Sin embargo, si lo que estremeció al duhaldismo fue un presunto golpe contra el destino del peronismo, la reacción de los diputados que respondieron la acusación felipista no contribuyó precisamente a favorecer la imagen del partido. Olvidaron que el gobierno al que acusan de extorsionar intendentes con obras a cambio de apoyos partidarios es el gobierno del PJ bonaerense.
La idea de que esos diputados tuvieron la lógica reacción de ¨pagar con la misma moneda¨ pero que no debieron hacerlo, se extendía este fin de semana en el duhaldismo, donde no era posible encontrar legislador, intendente ni dirigente dispuesto a participar en público de este cruce y se dedicaban en cambio a recomendarles a los ¨denunciadores¨ que se ¨tomen vacaciones¨. La consigna de hierro era: ¨silencio y tiempo¨.
Duhalde, en tanto, sólo mostró en la intimidad más estrecha cuánto le dolió y lo ofendió la acusación. Ni aún con los que suele confesarse admitió la intensidad del golpe. ¨Son gajes del oficio¨, intentó desdramatizar. Pero siente que recibió, de su ¨misma gente¨ un ¨trato injusto¨ de una dimensión que ni siquiera su enemigo íntimo, Carlos Menem, le dispensó.
LA LECTURA DEL GOBERNADOR Para Solá la cronología y los hechos son bien distintos. Dice que el cruce de fronteras prohibidas empezó antes, cuando el duhaldismo aprobó el Presupuesto de la
Provincia para este año sin delegación al gobernador de las facultades para reasignar fondos. ¨Y ésa es una acción concreta que me quita herramientas que necesito para gobernar, no son palabras¨, compara. Y remata: ¨éso es dañar al peronismo¨.
Solá deberá anunciar mañana si veta o no ese Presupuesto. Los técnicos aseguran que, con cualquiera de esas alternativas, será complicado administrar la Provincia pero también en los dos casos, al fin y al cabo, se puede gobernar. Pero las opciones no son los mismo como respuesta política en el marco de la guerra desatada.
El veto total implicará, desde esa lectura, la máxima señal bélica que el Gobernador pueda dar.
GURKAS, BLANDOS Y LAVAGNA
Por éso su gabinete -aunque no todos se lo digan a Solá- está dividido por estas horas sobre cuál es la mejor decisión. Dividido en gurkas y blandos, según la visión que cada grupo tiene del otro. Dividido, en rigor, entre quienes creen que para mantener este nivel de tensión habría que tener una señal clara -por ahora inexistente- de que el Presidente no le soltaría la mano a Solá en la batalla final; y entre quienes creen que, pase lo que pase, no hay marcha atrás en la confrontación a todo o nada.
Por lo pronto, Solá escuchó también otras voces esta semana.
Habló largamente con Roberto Lavagna. El ministro fue en esa charla muy prudente sobre qué debería hacerse con el Presupuesto bonaerense -aunque antes del encuentro había enviado mensajes de preocupación por la resolución y consejos de moderación-; ratificó elogios a la administración de Solá y su predisposición a ayudarlo. Pero también dejó saber su convicción de que ¨el eje de la gobernabilidad del país sigue pasando por Duhalde¨ y su temor de que si el Gobernador se mete ¨en una guerra final, pueda decaer la calidad de la gestión¨ en la Provincia.
Mientras tanto, aunque jura que no permitirá que el temor de Lavagna se cristalice, el Gobernador ratifica y lleva al extremo por estas horas el proyecto político. ¨Voy a construir, armar, armar y armar. Me llaman de todos los distritos para dar la pelea. Y veré: si las reglas de juego (para ir a comicios internos en el PJ) son lógicas, bien; sino, iremos (a las elecciones generales) por afuera¨, es el mensaje que transmite a su tropa y eventuales interesados. ¨No construí espacio propio antes y me equivoqué.
El duhaldismo, no Duhalde, sólo respeta la fuerza. Y si no tenés fuerza propia, cuando le pedís apoyo para gobernar no te lo dan. El Presupuesto que votaron ahora es el presupuesto del cogobierno¨, suele decir.
CONJETURAS INTIMAS
En la intimidad admite, sin embargo, que el objetivo se puede tornar ¨sumamente complejo¨ si hay acuerdo Kirchner-Duhalde para las candidaturas bonaerenses; acuerdo que cree posible. Entiende que cambió el eje político, porque, en la pelea con él, el duhaldismo consolidó la candidatura de Chiche y por ende la opción de que Duhalde acepte la postulación de Cristina se debilitó fuertemente.
Pero Solá sabe que es posible que, aún así, haya acuerdo electoral entre el Presidente y su antecesor. De hecho, desde que se desató la guerra con el duhaldismo, no recibió de Kirchner una sola expresión de apoyo que no estuviera referida exclusivamente a ¨preservar la gobernabilidad¨. Y reconoce que, en ese hipotético esquema, cuando él ya apostó a Cristina en detrimento de Chiche, el felipismo debería replantearse en profundidad la estrategia. Pero aún así, no descarta dar la pelea.
SEÑALES ELOCUENTES
El Presidente, en tanto, no emite señales expresas ni definitivas pero sí elocuentes sobre la guerra bonaerense. Concentrado como está en la suerte del canje de la deuda, al que sabe decisivo para su gestión, le pidió al intendente que quizás más furioso está con el felipismo por estos tiempos, Hugo Curto, que le organizara un acto en su distrito -Tres de Febrero- porque quería, al día siguiente del lanzamiento del canje, hablar del tema en público, ante mucha gente.
Curto le garantizó asistencia -con el concurso de media docena de intendentes del oeste y norte del Conurbano, todos enfrentados a Solá- pero le propuso que la movida se hiciera en José C. Paz, el distrito más pobre del Gran Buenos Aires. Y así fue como Kirchner compartió el jueves el palco con el Gobernador. Y bastó que algunas conclusiones apresuradas leyeran esa movida como un respaldo del Presidente a Solá para que a la mañana siguiente Kirchner se reuniera con Duhalde.
Juran que no hablaron de la guerra bonaerense. Pero la Rosada se ocupó de explicar que el Presidente convocó a Duhalde para encomendarle la misión de explicar, ante los mandatarios latinoamericanos su decisión más trascendente desde que asumió, el canje de la deuda, y buscar sus respaldos. Con semejante razón para el encuentro, según la explicación oficial, alcanza y sobra para saber cómo están las cosas entre Kirchner y Duhalde y para imaginar qué puede estar pensando sobre la interna del PJ provincial.



