Hoy se cumplen dos años de homicidio de la menor Yolanda Elizabeth Arzuaga, ocurrido en la madrugada del 19 de enero de 2003 en un descampado ubicado en la calle Las Heras y Villegas a metros de su casa ubicada en la calle Pueyrredón en el barrio Villanueva.
Dos años, también, de impunidad para el autor o los autores del hecho sobre los cuales hasta el momento no se tiene ninguna pista firme, y los investigadores dudan que se la pueda tener, si alguien cercano a él o ellos no se quiebra y confiesa el hecho, o si los vecinos del lugar no aportan todos los datos que se saben sobre lo que sucedió esa madrugada de hace dos años.
Hasta el momento en la investigación judicial llevada adelante por el doctor Daniel Marabotti, titular de la UFI Nº7, la cual consta de más de 500 fojas, no hay datos certeros o pistas que puedan conducir a la resolución de la causa. Actualmente la Dirección de Investigaciones Zárate-Campana se encuentra trabajando en la causa y tratando de reunir nuevo material probatorio, aunque sin suerte hasta el momento. El fiscal ordenó tomar nuevamente testimonio a los testigos de la causa y sumar otros nuevos testimonios, además mediante los medios de comunicación, se solicita datos sobre la causa.
A lo largo del desarrollo de la causa solo hubo un detenido, luego liberado por falta de mérito. Se trataba de una persona vecina, conocido de la madre de la víctima, quien se sospechaba había sido el autor del crimen, debido a que tenía antecedentes por otro hecho de similares características y que se encontraba en libertad desde julio del año 2000.
Luego de que se le practicaran las pericias correspondientes se comprobó que nada tenía que ver con el hecho y hoy hay muchos que lo señalan como un chivo expiatorio.
De ahí en más, los investigadores se quedaron sin pistas para seguir sobre otros posibles autores. En el barrio hubo siempre un rumor que nunca pudo ser corroborado sobre la posibilidad de que jóvenes del lugar hubieran sido los autores de la violación y homicidio, aunque esto siempre quedó en una versión y aquellos que la sostenían tampoco se animaron a declarar ante la justicia.
Otra vez el silencio de la gente es lo que favorece la impunidad, lo mismo que ocurrió con la pequeña Arzuaga era lo que había ocurrido dos años antes con Pablo Herling, de 15 años, también asesinado, en este caso a plena luz del día y en medio de la ciudad. Dos hechos donde la impunidad y la locura homicida le ganaron a la justicia y a la vida.



