Uno lo mira, y piensa si no tendrá espejo en su casa que lo invite a peinarse o simplemente su cabello es tan rebelde, que no admite formalismos. Su exceso de peso suele parecer una apología al no cuidado de la salud y no queda bien en él. Con su voz ronca arrastra las palabras con desgano. Pero aún así, él está en el puesto de mayor responsabilidad dentro del área de salud, con una continuidad merecida y necesaria. Ya que la fragmentación del sistema, se dio en gran parte, por el cambio de personas que comenzaban de nuevo, sin modificaciones de base ni estrategias a largo tiempo.
Desde hace unos años, el Ministro Ginés González García nos viene acostumbrando a su estilo. No solo en cuanto a lo estético, sino también en la forma de decir y hacer.
Sin dudas a mostrado pragmatismo y decisión. No se quedó solo en las políticas de "tienda de campaña" durante la emergencia sanitaria en que encontró al país, e intentó y pretende cambios profundos y a largo plazo. Esto en muchos casos han sido solo intenciones. En otros, se efectivizó a medias, con resoluciones que tienen una finalidad específica, pero que en la practica no son positivos o simplemente no se cumplen, y a la falta de controles y/o sanciones, todo sigue como antes.
Su estilo incluye las declaraciones tajantes y poco ortodoxas. Las cuales suelen tirar por tierra cierta tendencia a la demagogia, que no se sostiene, cuando dice lo que debe, quiere o le parece, olvidando lo políticamente correcto.
Esto lo enfrentó con médicos y psicólogos (cuando dijo que eran muchos), con la sociedad y los particulares involucrados (con la ley de consentimiento presunto o "todos somos donantes"), con la Iglesia (por su campaña contra el SIDA repartiendo profilácticos) y la lista sigue.
En la última semana, sus declaraciones sobre la prevención de los embarazos no deseados, el SIDA y la postura sobre el aborto, volvió a dar tela para cortar.
Cuando la polémica invita a una discusión de fondo, donde las ideas contribuyan a la formación del criterio personal y al desarrollo del razonamiento, no solo es efectiva, también necesaria para una sociedad en crecimiento.
Pero esta defensa de ideas, a veces hace florecer la mediocridad y la intolerancia. Las declaraciones de Monseñor Baseotto, así lo demuestran. Conocido en Santiago del Estero por ser un constante agresor de los derechos humanos, no hizo más que recordarnos la triste historia que nos ha albergado y que aún no termina, porque muchos de sus mentores aún deambulan impunes, afirmados en la autoridad que los avala.
Este hecho puso en el tapete la inmadurez que aún tenemos como país, como pueblo y como sociedad. La defensa de ideas, la protección de la libertad contra las fuerzas que tienden permanentemente a limitarla, todavía nos sorprende temerosos.
El Ministro como otros, seguirá jugando al "Hundido", tirando sus bombas para ver si pegan en el blanco. Mientras el contrincante de turno responde. En tanto, nadie parece advertir que los barcos, submarinos y aviones, a los que le dan… somos nosotros.



