"El hombre ordinario está viviendo una vida muy anormal. Sus valores están invertidos. El dinero es más importante que la meditación, la lógica es más importante que el amor, la mente es más importante que el corazón, el poder sobre otros es más importante que el poder sobre el propio ser".
OSHO
En este estado de cosas, en esta cultura artficial y desvitalizada, donde se está perdiendo el contacto con la Naturaleza, no es raro que se esté perdiendo también la seducción.
La seducción es una manifestación del espíritu, es meditación, ya que implica situarse en el momento presente, es estar cien por cien aquí y ahora, con plena conciencia.
Pero cómo vivir el presente cuando se está pensando en el pasado o en el futuro, en qué se debe hacer, como vivir el presente cuando el tiempo pasa tan rápido y hay tanto bombardeo de información y caos?
La seducción verdadera, la que emana del ser, es una manifestación de armonía y equilibrio.
Seducir es la capacidad de recrear magia y alegría de vivir. El ser humano actual seduce cada vez menos. Parece que en la cultura de la "inmediatez", del "todo ya", seducir es una pérdida de tiempo.
Ser uno mismo (y no es fácil ser uno mismo) es el primer paso para que florezca la seducción.
La seducción es una muestra de sensibilidad, de refinamiento, de amor por la belleza y la armonía. La danza, la música, el canto siempre seducen a las almas sensibles.
Es tan importante para la salud mantener esa capacidad de vibrar, de soñar, de enamorarse. (Ni siquiera importa ser correspondido), lo importante es la propia capacidad de vibrar, de asombrarse y conmoverse. Después de todo, estar vivo se trata fundamentalmente de eso.
Bioquímica Mónica Alicia Rímoli
Postgrado en Medicina Ayurveda



