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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 05/abr/2005 de La Auténtica Defensa.

LA POLÍTICA DE LAS TROPAS AEROTRANSPORTADAS
Especial por Pepe Eliaschev




Buenos Aires (Especial para NA por Pepe Eliaschev) -- La lenta agonía del papa Juan Pablo II tiñó de un aire taciturno el otoñal fin de semana, que para la Argentina ofreció el añadido de una dosis mayor de su ya habitual dieta de preocupaciones y sombras.

El país confronta de nuevo las previsibles turbulencias económicas que, de nuevo, arrojaron aire caliente sobre una sociedad que no consigue sacarse de encima su clima de indisposición casi permanente.

La fuerte fotografía del canciller Rafael Bielsa y la secretaria norteamericana de Estado, Condoleezza Rice, en Washington, tras el firme apoyo del gobierno de Néstor Kirchner a la Casa Blanca en el caso del presidente venezolano Hugo Chávez, obraron como atenuante de un frente preocupante, derivado del intríngulis legal surgido en la justicia neoyorquina con la siempre vulnerable Argentina.

El juzgado de Thomas Griesa tiene en sus manos en Manhattan demandas brutales contra este país, las que, aun cuando no han sido todavía resueltas, tuvieron la envenenada consecuencia de demorar el previsto inicio del canje de los bonos viejos de la deuda.

El Gobierno ha exhibido decisión en un sentido preciso: necesita, y mucho, del apoyo de los Estados Unidos y, en consecuencia, hará lo que sea necesario para satisfacer demandas acuciantes de Washington.

En una sola semana, además de la presentación de Bielsa ante Rice, el ministro de Defensa, José Pampuro, tuvo que castigar al gobierno de Venezuela por comprarle buques de guerra a España, mientras que en Diputados se aprobaba, por presión de la Casa Rosada, las leyes que convalidan el apoyo argentino a sendos tratados sobre lucha contra el terrorismo.

Y, como si la reunión Bielsa-Rice, la declaración anti-Chávez de Pampuro (mientras el caudillo venezolano recibía en Caracas a sus colegas, el español José Luis Rodríguez Zapatero, el brasileño Luiz Inazio Lula da Silva y el colombiano Alvaro Uribe), y los votos del Congreso no hubiesen alcanzado, el Gobierno consiguió una luego promocionada comunicación telefónica con George W. Bush, divulgada aquí como producto del dudoso deseo norteamericano de congratular a Kirchner por la recuperación económica de este país.

Tanta munición concentrada revela, hay que admitirlo, una fuerte preocupación y un rumbo estratégico concentrado por parte del Presidente. Porque lo cierto es que el mundo todavía no certifica completamente que la Argentina haya abandonado de manera irreversible el default, y los 20.000 Millones de dólares en bonos cuyos titulares no aceptaron el canje tienen la evidente potencia de lastimar más de lo que se pensaba en el Gobierno.

Pero lo que intriga y desconcierta es que, cuando el país se las ve de frente con un empeoramiento de las condiciones de gobernabilidad, agredidas visiblemente por el innegable virus inflacionario, el poder político oficial no parece capaz de prescindir de rispidices y chispazos que ratifican su propensión a peleas contraproducentes para el propio equipo gobernante.

Esta semana les tocó el turno a la política parlamentaria y a los militares, dos ¨targets¨ sencillos y vulnerables, que, sin embargo, podrían haber sido tratados con más inteligencia y mayor tolerancia democrática.

La sanción a un hasta hoy ignoto mayor del Ejército por la carta que su esposa escribió a un matutino delata la delgada líneaque se para a veces lo sublime de lo ridículo. La mujer de Rafael Mercado, el subjefe de una guarnición de inteligencia militar estacionada en la correntina Paso de los Libres, zamarreó a Kirchner en su escrito por el caso de Antonio Baseotto, el indefendible obispo castrense ardiente en deseos de arrojar al mar al ministro de Salud, Ginés González García.

La señora María Cecilia Pando de Mercado firmó con su apellido de soltera, pero se detectó quien era y Defensa de inmediato se cuadró contra el marido de la mujer, acusada de haber perforado el límite de ¨agravio¨ al Presidente.

Deben decirse ciertas cosas: defender la investidura presidencial es importante y los peronistas saben hacerlo mejor que nadie. Fernando de la Rúa, tratado de casi subnormal a pocas semanas de haber asumido por un fornido enjambre de justicialistas comunales y medios de comunicación juramentados, puede aprender alguna tardía lección de qué tipo de medicina prescriben en la Casa Rosada para quienes se van de boca contra el Presidente.

Pero en este caso, el exceso parece provenir de Plaza de Mayo: hasta el progubernamental Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) salió a criticar al Gobierno por haber sancionado a un oficial del Ejército a propósito de opiniones de su cónyuge. No hubo mayor cordialidad, tampoco, en el jefe de Gabinete cuando, tras arrastrar los pies varias semanas, aceptó ir a Diputados a contestar las preguntas de los legisladores.

En la primera línea de la Casa Rosada pesan fuerte políticos ejecutivos que suelen condenar los procedimientos rutinarios de una república democrática como meros ¨shows mediáticos¨ si en ellos pueden correr riesgos de colisión insuperables.

Fernández mostró indignación porque a su juicio la oposición no reconoce los logros del Gobierno (¿no estuvo, acaso, el ex presidente Raúl Alfonsín en el anuncio de la aprobación del canje?) y se mantiene rigurosamente fiel a su orden de batalla cuando alega que nadie puede acusarlo a él o al Gobierno de traficantes de drogas. El problema es otro.

El Gobierno no ha conseguido responder adecuadamente a los interrogantes sombríos que caracterizan a su prolongado y opaco subsidio a la extraña Southern Winds y la defensa blindada que se hace del tema y de la gestión del secretario Ricardo Jaime es, cuanto menos, muy llamativa.

Al día siguiente del áspero paso de Fernández por el Congreso, salió a respaldarlo de manera rotunda el Presidente. El Dr. Kirchner retornó a uno de sus viejos e incomprensibles entusiasmos dialécticos cuando vapuleó a los diputados que le hicieron preguntas supuestamente impropias al jefe de Gabinete.

¨Cuando escucho a algunos diputados de la oposición que nos generaron la crisis de 2001 y hablan como si fueran paracaidistas húngaros, realmente a veces uno los mira con dolor y le sale ´qué poco se ha aprendido´¨, se disgustó. Fue en 1938 cuando el ministerio húngaro de Defensa creó una fuerza de infantería aerotransportada llamada ¨Ejtoernyos¨ (paracaidistas). La base fue establecida en Szent Endre, una isla en el río Danubio, cerca de Budapest, la bella capital de esta milenaria nación. Esta unidad especial de elite hizo muchos lanzamientos con equipos provenientes de la Primera Guerra Mundial, incluyendo los aviones italianos Caproni 101.

Más tarde, en 1939, el ejército húngaro desarrolló sus propios recursos, y actualizaron su fuerza aérea con aviones italianos Savoia-Marchetti SM-75 y otros aparatos modernos. Enseguida sobrevino la Guerra.

No resulta sencillo entender de donde deriva esta frase (¨como si fuesen paracaidistas húngaros¨) que el Presidente ya utilizó varias veces y tiene un desagradable y evidente tono peyorativo, toda vez que Hungría sufrió, y mucho, sobre todo durante la guerra desatada por Hitler, pero también después, con las penurias suscitadas por el régimen stalinista.

Al margen de los paracaidistas que fulmina el Presidente, el problema de los lanzamientos desde las alturas está, de todos modos, planteado con intensidad en la primera línea de las inminentes decisiones políticas.

Paracaidistas podrían ser, así, también aquellas figuras políticas que, representando hoy otros distritos, son colocadas en nueva jurisdicciones donde aparecen como favorecidos por las encuestas y las estrategias oficiales.

Y en materia de batallas entre fuerzas convencionales y aerotransportadas, la munición de Eduardo Duhalde no ha sido inocua. El ex presidente destacó amargamente su discrepancia con la decisión kirchnerista de diferenciarse de Hugo Chávez para ganar puntos en Washington. Sobrevienen nuevos zafarranchos y se advierte la movilización de las escuadras.

El otoño se despliega, lamentablemente, con sabor a pólvora.

pepebis@arnet.com.ar

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