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viernes, 17/abr/2026 - 22:15
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 12/abr/2005 de La Auténtica Defensa.

PRIMER PREMIO CERTAMEN PERIODÍSTICO ¨CAMPANA EN EL TERCER MILENIO¨
LOS MONUMENTOS HISTÓRICOS DE CAMPANA
Por: FABIAN LOMDARDI*




¿Por qué no voy a confesar que me gusta caminar por las calles de una ciudad? Después de todo lo hago en cualquier ciudad. Y Campana no es la excepción. En una caminata se tiene la ventaja del descubrimiento. Y el descubrimiento conlleva esa sensación grata de poder mirar las cosas con detalle, y cuando digo cosas me estoy refiriendo a las veredas, las casas, las placas recordatorias de cualquier tipo, los monumentos; porque las cosas, cualesquiera sean, hacen al pulso de una ciudad, a su fuero interno, son las expresiones externas de algo que podríamos definir como íntimo.

Fue así que casi como por casualidad me detuve a repasar los monumentos que hay en la plaza Eduardo Costa. Porque en una plaza se trata de conglomerar, casi con la secreta intención de amalgamar cosas diferentes, todo aquello que nos define como ciudadanos, como entes comunes de una aglomeración urbana y de una nación; de una identidad y tradición histórica común.

Nuestra plaza no escapa al tradicional trazado hispánico de las ciudades, dominando el centro de la ciudad y alrededor de ella los edificios públicos principales: sede del gobierno municipal e iglesia. En el centro es inevitable encontrar el mástil a nuestra bandera y en este caso una placa con una oración a la bandera de Joaquín V. González y otra que muestra que el mismo fue erigido por el pueblo de Campana allá por los años ´40. Costumbre de antes: la obra fue realizada por el ¨pueblo de Campana¨; en monumentos y obras erigidos por nuestros contemporáneos es inevitable encontrar el nombre del gobernante bajo cuyo mandato se completó y erigió la obra. ¿Es un detalle importante? Quién sabe… A lo mejor la gente trata de perpetuarse (como aquellos que hacen graffiti) escribiendo empedernidamente su nombre en obras y paseos públicos como una expiación a la mediocridad de su mandato, como una negación de que dicha obra se hizo con el dinero público y no para recuerdo de aquellos que son sólo representantes de la voluntad popular. En fin, los tiempos han cambiado, ¿también cambió la ética?

Alrededor del mástil se arremolinan los demás monumentos que los campanenses han decidido erigir en homenaje a su historia. Por suerte se distribuyen casi circularmente y ninguno parece ocupar un lugar especial de privilegio (aunque el círculo ya casi se ha completado con obras).

Uno de ellos es en homenaje a un campanense: Fausto Gavazzi. Y que mejor simbología que recordar que ese modesto monumento se hizo por la acción de un grupo de ciudadanos locales y que las palabras que están escritas se deben a un escolar de esta ciudad: ¨al quebrar tus alas, inmortalizaron tu valor y tu gloria¨. Fausto fue un campanense que decidió que su destino estaba en ser aviador. Y ese destino lo llevó en un 1982 aciago, como a muchos otros campanenses nativos y otros tantos arraigados a estas tierras, a nuestras islas Malvinas. Algunos piensan que el destino es perverso, yo lo prefiero sin animosidad alguna, como circular: a Fausto lo llevó a combatir a los ingleses, el mismo enemigo que había combatido Gavazzi padre décadas atrás en otro ejército, en la segunda Guerra Mundial.

Probablemente muy pocos lo saben, Fausto atacó con éxito el destructor tipo 42 ¨Glasgow¨, una moderna unidad de la Royal Navy, y logró impactar con una bomba al buque abriéndole un rumbo de un metro de diámetro en su línea de flotación lo que obligó a los ingleses a sacarlo de servicio. Lamentablemente al regreso de la misión pasó muy cerca de las baterías antiaéreas de Goose Green y fue abatido erróneamente por artillería propia. Hay fotos de posguerra que muestran aún los restos destruídos de su avión en tierra. Todo eso fue un 12 de Mayo. Un 12, de un Mayo que muchos argentinos queremos olvidar pensando que de esa manera los hechos desaparecen, cuando quizás el ejercicio más efímero sea la memoria. Las derrotas y el dolor son huérfanos y nadie se hace cargo de lo indeseable. Hoy, muchos años después, el monumento a Fausto permanece sin flores los 12 de Mayo. Sólo los dos de Abril se convocan los veteranos para rendir un homenaje a aquellos días en un monumento que reivindican como propio.

Pero hay otros trazos de Malvinas en nuestra ciudad. Si somos caminadores tenaces podemos llegarnos hasta cerca del puerto. Bien contra las vías, en esta Campana tan particular, ciudad de espaldas al río, cortada caprichosamente por el ferrocarril y con la costa prácticamente negada. Ahí, en la intersección de las calles Irigoyen y Colón, podemos encontrar la plazoleta Maquinista Alejandro Cuevas. Sepamos como se llama antes de que el deteriorado cartel no pueda leerse más o algún vehículo lo termine de voltear. Si la rodeamos, mirando al norte existe una placa de mármol que está dedicada a Miguel Aguirre, también maquinista naval. Ambos murieron en Malvinas.

Y la coincidencia no termina ahí: ambos eran personal de la marina mercante, (o sea, civiles) y murieron a bordo del buque mercante ¨Isla de los Estados¨ la noche del 10 de Mayo de 1982 cuando fueron atacados por la fragata británica ¨Alacrity¨. El buque cumplía el rol de abastecimiento a las distintas guarniciones distribuidas en las islas y en esa tarea fueron sorprendidos por el buque enemigo. El ¨Isla de Estados¨ explotó debido a la carga de municiones y combustible que llevaba en su interior pereciendo todos los tripulantes (excepto dos): Cuevas, Aguirre y otros trece marinos mercantes más. Fue un hundimiento cargado de simbolismos ya que en el mismo también perecieron otros siete tripulantes pertenecientes a las tres fuerzas armadas y a la prefectura; como haciendo tributo a algún extraño rito donde cada parte puso su cuota de sangre.

Cada tanto, a las perdidas, la plazoleta es desmalezada; pero claro, como todo en esta vida sufre los embates del tiempo: algún conductor se llevó por delante los cordones y los rompió, las placas están deslucidas y el mástil de la misma oxidado y remendado con alambres. El monumento a Fausto comparte la pintura a granel que se le da a la plaza Costa cada tanto para mejorar el rostro de la ciudad en vista a algún acontecimiento público.

No me gusta pensar que la desidia en los monumentos públicos nos refleja en actitud como argentinos, o como campanenses si se prefiere (¿hay alguna diferencia?), pero es inevitable hacer la relación de que en un país desvastado perdemos cosas y lo grave es que podamos perder la conciencia de lo que nos pasó, de quienes somos y hacia dónde debemos ir. Este es un país con muchas prioridades, problemas y carencias, lo sabemos, lo vivimos y lo sufrimos a diario. Pero al descuido de la falta de memoria sobreviene la pérdida de rumbo.

No puedo evitar pensar en las palabras de Nicolás Avellaneda: ¨los pueblos que olvidan sus tradiciones, pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas, son los que mejor preparan su porvenir¨.

Las tumbas las tenemos, no aquí en Campana, sino muy lejos, en el mar del sur y en la turba isleña, acá nos queda sólo el recordatorio mudo de un monumento, que a lo mejor muy pocos advierten, muy pocos se detienen a leer sus placas, muy pocos desean recordar y algunos ni siquiera conocen lo que pasó en un sur olvidado y cómodamente lejano para recordarlo. Podríamos tener menos monumentos, menos dolor colectivo como país, menos sufrimientos para representar y recordar; pero ya está, la historia se construye a partir del aquí y ahora.

Falta preparar el porvenir y eso es tarea únicamente nuestra, y es así como se me vienen a la cabeza, -empecinadas-, otras palabras, esta vez de Borges: ¨somos el porvenir de esos varones, la justificación de aquellos muertos. Nuestro deber es la gloriosa carga, que a nuestra sombra legan esas sombras que debemos salvar. Nadie es la patria, pero todos lo somos.¨ Nadie es la patria, es cierto. Nadie se atribuye ser la patria, pero todos somos una parte de su cuerpo y su alma. Nadie pero todos. Todos debemos levantar las teas que se pasan de generación en generación, todos tenemos una responsabilidad en justificar de alguna manera los caídos, los muertos, los desnutridos, los sin techo, todas las Malvinas que tenemos repetidas en este país, que vemos en cada monumento en nuestra ciudad, en otras ciudades, que están sembrados por todo el país como mudo testimonio de la gloriosa carga que debemos salvar.

De la carga que nos dejó Fausto, Aguirre, Cuevas y otros tantos como muestra de un país que puede ser mejor.

* El certamen fue organizado por el Taller Escuela Mariano Moreno, en conjunto con la Secretaria de Cultura y Educación de la Municipalidad de Campana y Librería Byblo´s.


 
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