No podíamos creer lo que el diario del sábado nos decía, que había partido el querido Dr. Patrone, el amigo, el médico de mis animalitos y sobretodo un buen hombre que conocimos desde hace tanto tiempo, desde los tiempos en que estaba atendiendo solo en la Avda. Rivadavia en cuya vereda estaba anunciando su presencia una cucha de perro, que anunciaba su presencia.
Tan joven que parece mentira, creo que no tenía 45 años este personaje de nuestra ciudad que amaba a Gladys, su esposa y compañera en todo el sentido de la palabra, ya que siempre que podían estaban juntos, buen padre Emmanuel y Leandro y buen hijo de la Sra. Celia, su mamá, amigo de sus amigos y excelente profesional, veterinario respetado. Hombre de ideales. Siempre que podía andaba en bicicleta o nadaba en el club o en el mar como le gustaba amaba la vida sana y siempre se lo veía de buen humor.
Un día pasaba por mi casa en su automovil y me saludo serio y cuando volvía a hacerlo a veces ni saludaba, entonces le pregunté si pasaba algo o si estaba enojado, me dijo que no, pero le gustaba poner música y eso lo ponía muy feliz y atento a los sonidos y sabén ? desde ese día cuando pasaba por casa, sacaba la cabeza por la ventanilla y me mostraba exageradamente los dientes, blancos, para cargarme. Me hacía reir mucho con ese gesto que repetía.
Eduardo Patrone, partió y todos quienes teníamos la suerte de conocerlo no lo olvidaremos nunca ya que repito, era un buen hombre y los animalitos han perdido a un amigo que el se encargaba de sanar.
A toda su querida familia y amigos del alma que conservaba de toda la vida les deseo que el Buen Señor les dé consuelo aunque sea difícil, seguramente está ocupando un lugar de privilegio donde esté. Chau Eduardo, negro de dientes blancos, de la sonrisa grandota.



