Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- No hubo sorpresas de último momento: la Comisión de Derechos Humanos de la ONU aprobó una resolución contra el gobierno cubano por la situación de los derechos humanos en la isla y la Argentina se abstuvo de condenar al régimen de Fidel Castro, como ya lo venían anticipando diversos funcionarios y como lo ratificó, un día antes, el presidente Néstor Kirchner.
Sin embargo, a pesar de que en los hechos esta nueva votación en contra signifique un revés para la cuestionada administración castrista, en la Embajada cubana en Buenos Aires no se respiraba un clima derrotista: allí pusieron de relieve la postura del Gobierno argentino frente a este tema (la ratificación de la abstención) e incluso subieron la apuesta recordando la posibilidad de que en los próximos meses Kirchner viaje finalmente a la isla caribeña.
¨Agradecemos la posición del Gobierno argentino, porque para nosotros significa que no se ha sumado a la maniobra impulsada por los Estados Unidos¨, señaló a NA un funcionario de la Embajada cubana, una vez conocido el resultado de la votación que se llevó adelante en Ginebra, Suiza.
Y luego de remarcar que las relaciones entre los dos países están ahora ¨marcadamente bien¨, después del escandaloso manejo del caso de la médica disidente Hilda Molina (que desembocó en la renuncia de dos funcionarios argentinos, entre ellos el entonces embajador en la isla, Raúl Taleb), coqueteó con la posible visita de Kirchner a La Habana.
¨El Presidente puede ir cuando lo considere. Más que tener esperanza de que vaya próximamente, nosotros lo que decimos es que está invitado y será bienvenido cuando quiera viajar. Y esperamos que sea pronto¨, reconoció un hombre cercano al embajador en Buenos Aires, Alejandro González Galiano.
Para justificar su voto abstencionista (ya se había pronunciado así el año pasado y había hecho lo mismo el gobierno de Eduardo Duhalde en 2003) el Ejecutivo esgrimió el argumento de que no se debe ¨intervenir en los asuntos internos¨ de otro país.
A ello se sumó la consideración que dio el embajador argentino en la isla, el ex ¨aliancista¨ Darío Alessandro: la Comisión de Derechos Humanos de la ONU está ¨politizada¨ y su posición frente al tema cubano no es ¨imparcial¨.
El embajador de ese país en Buenos Aires aprovechó para criticar a los Estados Unidos (que este año fue quien presentó la propuesta para que fuera votada, ya que ningún otro país lo hizo) señalando que si no hubiera existido ese proyecto no hubiera habido resolución sobre el tema Cuba.
Y machacó también sobre uno de los temas preferidos de los cubanos a la hora de cuestionar a los Estados Unidos: la base militar de Guantánamo, emplazada en la isla pero perteneciente a Norteamérica, donde hay 500 prisioneros de guerra, en condiciones que fueron denunciadas en numerosas oportunidades a nivel internacional.
Como Argentina también se expresaron en Ginebra los gobiernos de Brasil y Perú, mientras que hubo otras naciones americanas (como el caso de México y Costa Rica) que apoyaron la propuesta de EUU para que la representante del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU ante Cuba, la francesa Christine Chanet, pudiera entrar a la isla y evaluar la situación en esa materia.
El tema Cuba es especialmente sensible para la administración de George Bush, al punto que para asegurarse una victoria en esta votación no sólo hubo gestiones privadas, sino que, además, el embajador en Buenos Aires, Lino Gutiérrez, pidió públicamente a las naciones participantes de la Comisión de Derechos Humanos que apoyaran la propuesta de su país y no evadieran su ¨responsabilidad¨.
En la votación donde Estados Unidos no pudo cantar victoria fue la que esta semana se realizó en la sede de la OEA (la Organización de Estados Americanos) para elegir a su nuevo secretario general: después de cinco empates consecutivos, se decidió abrir un compás de espera hasta el 2 de mayo, cuando se intentará destrabar la situación.
La administración Bush apoyó con fuerza al candidato mexicano, el canciller de ese país, Luis Derbez, mientras que Argentina (en un bloque que integró con Brasil y con la mayor parte de los países del Cono Sur) hizo lo propio con el chileno José Miguel Insulza, ministro del Interior del país vecino.
Que no se haya podido quebrar la paridad (aún a pesar de ingentes acciones llevadas a cabo tanto por los norteamericanos como también por otros representantes, como el caso del canciller Rafael Bielsa, que logró que Paraguay cambiara su decisión) marcó un escenario donde parecen enfrentarse un grupo de naciones lideradas por Estados Unidos y otro bloque que busca socios en el sur.
Quienes discuten allí son los mismos 34 países cuyos presidentes participarán a fines de este año en Mar del Plata de una nueva Cumbre de jefes de Estado de todo el Continente (excepto Cuba, expulsada del seno de la OEA). Los mismos que deberían ponerse de acuerdo para establecer programas y metas concretas para la región.
Mientras el presidente Kirchner batallaba desde Alemania contra las nuevas presiones del Fondo Monetario y los países más industrializados que insisten con llegar a una ¨solución¨ para los bonistas que no entraron al canje de la deuda (los ya denominados ¨holdouts¨), este empate sin resolución a la vista en la elección del nuevo titular de la OEA parece mostrar a un continente cada vez más dividido y enfrentado. ¿Será ese el destino de la región?



