Estoy segura que alguna vez te ha pasado que, al ir al cine o al teatro, tenés adelante tuyo una persona más alta que vos, o alguien con una caballera abundante, por lo cual no llegás a ver bien y al terminar te quedaste torcido de correrte de un lado para el otro tratando de disfrutar del espectáculo. Lo mismo en la iglesia, a veces me pasa que no veo muy bien a quien está en el púlpito porque el que está adelante es más grande que yo.
Cuenta la Biblia una historia en el evangelio de Lucas cap.19 vers 1 y dice ¨¨ Jesús entró en Jericó, y allí vivía Zaqueo, un hombre muy rico que era jefe de los cobradores de impuestos. Zaqueo salió a la calle para conocer a Jesús, pero no podía verlo, pues era muy bajito y había mucha gente delante de él. Entonces corrió a un lugar por donde Jesús tenía que pasar, y se subió a un árbol. Cuando Jesús pasó, miró para arriba y le dijo ¨Zaqueo bájate ahora mismo, quiero hospedarme en tu casa.¨ Zaqueo se bajó rápidamente y con mucha alegría recibió a Jesús en su casa.¨¨
Tal vez vos seas una persona que está buscando respuestas a las dificultades que la vida te presenta, tal vez quieras tener más de lo que posees en tu interior, y no podés ver a Jesús que claramente está tocando a tu puerta preguntando. ¿Querés que entre en tu casa? El ritmo de vida que hoy en dia llevamos, no nos da el tiempo suficiente para ver a Jesús. Se presentan problemas que nos desaniman y nos preguntamos ¿y dónde está Dios ahora? Entonces en un ataque de rebeldía decimos ¨Dios no existe¨ pero dentro nuestro tenemos una gran tristeza porque sabemos que sí existe, sólo que nos parece que no nos vé. Lo veo todo el tiempo a mi alrededor, las personas están muy ocupadas con todo lo que hay que hacer, y cuando les pasa algo que los conmueve grandemente, se inventan más ocupaciones para no pensar en eso, pero el problema igual está, y al apoyar la cabeza en la almohada, por un instante se nos viene a la mente, y lo rechazamos porque no queremos sentirnos mal. Lo sé porque me ha pasado mil veces, pero ¿sabés qué? yo encontré la solución. Me subí al árbol y cuando Jesús pasó lo hospedé en mi casa.
Ahora, tal vez vos seas alguien creyente que se congrega a menudo, pero que a veces no podés ver a Jesús porque las dificultades por las que pasás no te lo permiten. Cuántas veces te has preguntado, Jesús ¿dónde estás? no puedo verte en este momento. Esto lo sé porque también me ha pasado. Pero ¿sabés qué? El está allí sólo que no lo ves.
Dios es bueno y quiere que todos procedamos al arrepentimiento. El quiere bendecirnos, pero pretende que estemos limpios y seamos obedientes a su Palabra. NO SIRVE que te crees tu propia religión porque estás en desacuerdo con algunas cosas, Dios exige la confesión de pecado, el arrepentimiento, y la aceptación de El como Señor y Salvador. De lo contrario no estaremos con Dios en la eternidad. Es así y no hay otra, porque así lo dice la Palabra de Dios. Si cumplimos con lo que manda, vendrá la paz, la claridad de pensamiento, y Su Mano Amiga y Fiel con la que nos tomará y nos llevará hacia la meta. No nos promete que no habrá dificultades, pero sí promete que El irá delante nuestro recibiendo los reveses de la vida, pues ya los pagó definitivamente en la Cruz con Su Sangre.
Andá a una iglesia donde Cristo sea el único mediador entre Dios y los hombres, y conocelo porque de verdad, es lo mejor que podés hacer.
Si ya conociste a Jesús como tu Salvador personal y no lo ves, cerrá tus ojos y fijate tiene los brazos abiertos en cruz, para abrazarte una vez más y decirte ¨Aquí estoy te amo, sos mi hijo¨.
No tardes ... Si no lo ves ¡subite a un árbol!!! y desde allí lo verás.
Hasta la semana que viene y que Dios toque tu corazón es este momento.



