Renegamos de los rótulos, pero nos gustan los títulos, lo cual es una contrariedad, porque aunque creemos en la sutil diferencia de estos vocablos, la realidad suele traerlos como sinónimos.
Parece que el rótulo nos encasilla y por eso no lo queremos, en cambio sentimos que el titulo nos define, nos jerarquiza, nos hace. Así, el ¨Doctor¨, ¨Ingeniero¨, ¨Arquitecto¨, ¨Profesor¨, se enoja si le decimos ¨Señor¨. Y el ¨Licenciado¨ se enoja si le decimos ¨Profesor¨ o ¨Señor¨, etc.
Vivimos renegando de las apariencias, pero presos de ella.
Sentimos con tantos filtros que al final, no sabemos que sentimos. Hablamos de lo que queremos, debemos, hacemos, pero pocas veces nos ponemos a pensar en lo que sentimos o en lo que deseamos, realmente.
Vivimos la adultez con la añoranza de una infancia que ahora, vemos corta. Ya no recordamos cuanto queríamos crecer, ser grandes. Llegar a la adultez. Porque entonces haríamos lo que quisiésemos. ¡Qué ironía! ahora que estamos allí descubrimos que el ¨hacer lo que queramos¨ esta sujeto a tantos circunstanciales e imponderables que es casi un imposible, una utopía. Y peor aún, tememos ser mal catalogados y las derivaciones que puedan tener esas interpretaciones.
Me ocurrió la semana pasada cuando leyendo una noticia en un diario capitalino, descubro que la agencia DyN, reproduciendo algunos conceptos declarados por mí, en un reportaje que me realizaran por el tratamiento del Consentimiento Presunto en la Cámara de Diputados de la Nación, decía ¨dijo la Militante Social¨.
En un primer momento, me asusté. Fue inevitable relacionar ¨militancia¨ con política. Y yo que siempre me aparto lo más posible de la política y sus diversas ideologías, me pareció casi ofensivo. Un minuto mas tarde trate de recordar la definición de militante: ¨trabajar activamente, en una agrupación que defiende alguna causa¨. Y entonces, me tranquilicé y hasta me sentí bien rotulada… pero sin titulo.
Entonces pensé en los títulos: señora, señorita, escritora, periodista, presidenta de la asociación, trasplantada, ama de casa, amiga, mujer… (por nada de esto me pagan y según las reglas sociales, si no tenes un sueldo, no haces ni sos nada…) ni profesora, ni licenciada, ni doctora… nada. ¿Es que son realmente necesarios? ¿Debe uno simplemente encontrar un título y así encontrarse a sí mismo? ¿Sólo así podemos encontrar un lugar?
Prefiero ser una persona, idealmente, buena persona… creo que antes que nada, todos deberíamos preocuparnos por llevar ese rótulo o encontrar ese título. Lo demás, son solo elecciones que nos acercan o alejan de lo que nos gusta definir como felicidad.



