Buenos Aires (especial para NA por Pepe Eliaschev) -- Cuando la retórica oscurece los hechos y las palabras van en dirección contraria a la capacidad de convicción insuperable que revisten los acontecimientos, un país marcha por el andarivel riesgoso de la incertidumbre innecesaria.
Nadie tiene el monopolio de las equivocaciones en la Argentina, pero, sin duda, corresponde primero al Estado y al gobierno que circunstancialmente lo conduce, exhibir la mayor y más rigurosa cuota de prudencia, continencia y austeridad.
No sucede eso hoy en este país.
Las elecciones legislativas del 23 de octubre han sido convertidas por el presidente Néstor Kirchner en la campaña electoral más larga de la democracia argentina. Si a cinco meses de que se abran las urnas, el Dr. Kirchner privilegia el lenguaje que ya maneja en público, ¿podrá la Argentina llegar en paz a esos comicios o el recalentamiento poderoso que emana de los sablazos presidenciales afectará malamente la prometida pero hoy escuálida ¨calidad institucional¨ del país?
La Casa de Gobierno eligió cuidadosamente los interlocutores mediáticos para el segundo aniversario de Kirchner. Es una tarea que monopoliza Alberto Fernández, desde la convicción de que las comunicaciones presidenciales no son un rutinario deber republicano, sino una decisión selectiva y discrecional en la que se apuestan complejas y pesadas estrategias de poder.
Y así fue que habló Kirchner. Aclaró cómo son los tantos en la contienda feroz que se planteado para octubre: ¨nosotros vamos a construir un frente, que es el Frente para la Victoria, que tiene su eje y su columna vertebral en el Partido Justicialista¨, anunció. Y ratificó: ¨el PJ es la columna vertebral¨.
Advirtió, para que -adentro- nadie se confunda, cuál es su estilo de construcción política: ¨con todo gusto, dentro de 20 días, 25 días, (yo) termino de definir bien cómo va a quedar estructurado todo, quiénes van a ser los candidatos ... Va a ser muy claro quiénes van a ser los candidatos¨. No caben dudas, va a ser muy claro.
Además, explicó que para él, ¨lo importante es que quien nos represente en cada provincia represente la voluntad política que el Gobierno quiere llevar adelante, con claridad, y Cristina Fernández lo hace con toda claridad. Fundamentalmente, los candidatos deberían representar la visión que tiene el gobierno.
Vamos a plebiscitar la gestión¨. Así dijo.
No es éste un presidente que pueda ser acusado de distanciamiento del ejercicio del poder. Lo aclaró, de manera que tampoco haya equívocos: ¨obviamente, la angustia de la gobernabilidad es cotidiana, pero no es que la sufra, ¿eh?, porque yo no digo que sufro el poder, ni mucho menos...¨.
¿Qué quiere, entonces, Kirchner que suceda en las elecciones, a las que se ha abocado con asombrosa pasión? Responde, por un lado, que ¨no aspiramos a las mayorías, que no existen en las democracias modernas, sino a un buen resultado electoral, que evidentemente resulte un aumento sustantivo respecto del 22 por ciento que obtuvimos en su momento¨.
Pero los cortocircuitos abundan cuando, desde el remolino de sus propias definiciones, el Presidente anuncia propósitos que luego son contradichos por sus exordios explosivos.
Dijo en sus planificadas apariciones mediáticas unas palabras que sonaron a música en los oídos de quienes recelan de ejercicio tan exuberante del poder. Ejemplo: le gustaría que la Argentina fuese ¨un país donde la convivencia sea plena, donde las alternancias políticas no ponen en juego la visión que pueden tener los inversores y quienes viven en este país para seguir adelante. Estas son cuestiones fundamentales. Y después, lo que se discute en una elección es el perfil de un gobierno, si va de centro, de centroderecha, va de centroizquierda, pero que tiene el núcleo de la gobernabilidad, de la institucionalidad y la visión estratégica absolutamente definido¨.
Por eso, fueron particularmente gratos sus deseos, vertidos en aquellas salidas mediáticas elegidas por la Casa Rosada: ¨Dios quiera que la oposición política se organice y se racionalice.
Que tenga propuestas, alternativas. Orgánica. Con proyecto y no solo con candidaturas¨.
Le dijeron al Presidente que alguna vez él había dicho que sería bueno que la Argentina tuviera una fuerza de derecha clara y definida y le preguntaron si la coalición Macri-Sobisch- López
Murphy se parece a ese adversario que le gustaría tener.
Sereno y circunspecto, replicó que ¨les corresponde a ellos construir una fuerza de centroderecha racional, inteligente, moderna. Espero que puedan hacerlo¨.
Pero, quienes accedieron al despacho de Kirchner, fueron por más: ¿no puede generar en la sociedad temor a un presidente extremadamente fuerte?
Resuelto a sembrar la concordia, el Presidente aclaró que ¨lo que se busca es generar todos los puentes de plata que consoliden la reconstrucción de este país. Pero siempre en el marco de una gran convivencia¨.
Sin embargo, cuando Ricardo López Murphy y Mauricio Macri anunciaron públicamente su acuerdo político para unir fuerzas en Capital Federal y Buenos Aires, el Kirchner institucional de las entrevistas devino en furibundo anunciador de las catástrofes inminentes: ¨¡Dios nos libre si consiguen llegar al poder! Estemos muy atentos. Los que nos llevaron a la decadencia, los que protagonizaron la década de los 90, se empiezan a reorganizar para ver si pueden recuperar el poder. Mientras algunos en el campo popular discuten, los que nos llevaron a la decadencia, y lo hicieron el día 25 de Mayo, se empiezan a reorganizar. Dios nos libre¨.
Al exponerse tan visceralmente a los avatares del juego político, el Presidente no solo corre unos riesgos que a él le fascina correr, sino que, además, entabla apuestas difícilmente rentables. ¿Dónde está escrito que un gobierno deba procurar su supremacía denostando a quienes no se sienten cómodos con él?
Tampoco ha escamoteado el Dr. Kirchner juicios sobre la labor de los periodistas, aunque cumplió dos años de gobierno sin haber ofrecido una sola conferencia de prensa donde los medios provinciales estuvieran representados.
Así y todo, dijo el Presidente que ¨algunos periodistas creen que ser independiente significa siempre darle, no estar de acuerdo con quién está conduciendo al país en determinado momento. Y yo calculo que la independencia y la objetividad están en saber decir, bueno, qué hizo bien este gobierno y qué es lo que está haciendo mal. No puede ser que hagamos todo mal o todo bien. Esto es absurdo con respecto a este tema. Y algunos amigos periodistas a veces se radicalizan en su posición, tienen una visión muy cerrada, se compartimentan mucho en su visión¨.
La tendencia a replicar en caliente a menudo produce reacciones demasiado inmediatas como para ser el producto de la serena reflexión que requieren los países y quienes los dirigen.
La tarde que castigó de modo fulminante a los opositores del centro-derecha, militantes que son hijos de desaparecidos lo increparon en público en Morón (tal como lo habían hecho con el entonces presidente Fernando de la Rúa en lo de Marcelo Tinelli) por no haber colaborado, abriendo los míticos y bastante cuestionables ¨archivos de la SIDE¨, para investigar el asesinato de los piqueteros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.
El Presidente tomó entonces el micrófono y se defendió: ¨debo ser de los argentinos más atacados por la derecha irracional que torturó, mató e hizo desaparecer a 30 mil personas. Como Presidente y militante de toda una vida tomé la causa de los derechos humanos como una causa propia y de todos los argentinos¨.
Al día siguiente, la Casa Rosada les respondió a su cuestionadores de izquierda: un decreto presidencial ¨abre¨ los archivos de los servicios, los que -según el Frente Popular Darío Santillán- encerrarían evidencias incriminantes para altos funcionarios del gobierno de Eduardo Duhalde.
Pero, desatado el círculo de las reacciones inmediatas, Kirchner tuvo enseguida respuestas: ¨No queremos más declaraciones grandilocuentes¨, declararon voceros de ese Frente.
¨De este presidente yo ya no espero justicia¨, dijo Alberto Santillán, el padre de Darío. Familiares, abogados y compañeros de militancia de Kosteki y Santillán expresaron incredulidad: ¨es poco lo que se puede esperar a esta altura¨ de esa documentación.
Pero los hechos sociales más acuciante a menudo cortan de raíz la pasión oficial por las declaraciones.
El Gobierno ya admitió que recrudecieron los conflictos laborales y pidió consenso, a través del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, quien aceptó que la Argentina pasó ¨de una conflictividad social a una laboral¨ y que el oficialismo apuesta a ¨una tradición de consenso¨ para superar las tensiones.
Este blanqueo de Tomada se produjo a menos de 24 horas de haber anunciado junto al ministro de Economía, Roberto Lavagna, la convocatoria al Consejo del Salario.
Corolario de un marco social tensado por las protestas desencadenadas hace varios últimos meses en diferentes categorías de trabajadores, Tomada enfatizó el mecanismo de negociación colectiva y dijo que ese ¨es el eje central de las discusiones que se llevan adelante para la recuperación del salario¨.
Intriga, por eso, la paradójica relación que el Gobierno entabla con la realidad, marchando velozmente rumbo a intervenciones beligerantes que suelen suponer, antes que nada, un olvido o un desdibujamiento de sus propios y meritorios logros.
Pero, además, si el espíritu dominante en el sistema de pensamiento del presidente Kirchner es el que se advierte en sus latigazos casi cotidianos hacia las cosas que lo fastidian, lo que terminaría revelándose es una impaciencia y un nerviosismo que muy dificultosamente pueden augurar una época más serena para la Argentina.



