Imaginemos a la TIERRA como una casa muy bien construida, confortable, calefaccionada en invierno, con abundante agua incontaminada en sus múltiples cañerías, un parque con exuberante y colorida vegetación, tierra excelente para producir alimentos, un cielo luminoso: el planeta en principio tuvo semejantes particularidades pero ha tenido ´malos inquilinos´, han deteriorado de tal modo ese hogar que lo han vuelto inseguro.
El tema no parece alentador pero es imposible cerrar los ojos literales y los del entendimiento para vivir una falsa seguridad. Compartamos ciertos sucesos que vienen aconteciendo; difícilmente tengamos una solución para aportar pero sí buena voluntad de no contribuir a los errores repetidos.
Trataré de ser breve para transcribir ciertos reportes, verídicos, imaginemos esos asuntos porque se acercan sigilosamente.
Esto sucede en la ciudad rusa de Karabas: [un padre de familia con dos niños enfermos admitió preocupado] ¨Aquí no hay niños sanos¨... la gente de Karabas está siendo envenenada. Las fábricas arrojan al aire 162.000 toneladas de contaminantes cada año, toneladas por cada hombre, mujer y niño que radica aquí. En Nikel y Monchegorsk, en la península de Kola, que está situada al norte del círculo polar ártico, ¨dos de las más grandes y vetustas fundidoras de níquel [...] arrojan anualmente al aire más metales pesados y dióxido de azufre que cualquier otra fábrica de Rusia¨. (The New Nork Times.)
El aire de la Ciudad de México no es más limpio. Una encuesta que llevó a cabo la Doctora Margarita Castillejos reveló que hasta en una zona acaudalada de la ciudad, los niños están enfermos cuatro de cada cinco días. ¨Estar enfermos ha llegado a ser normal para ellos¨, comentó, explicando que una de las principales causas es la niebla tóxica producida por los miles de vehículos que abarrotan las calles. La concentración de ozono es cuatro veces superior al límite establecido por la Organización Mundial de la salud.
Se denuncian situaciones dramáticas en muchos países por continuas sequías que elimina la posibilidad de alimentar los rebaños puesto que esto último hace desaparecer las tierras de pastoreo así como producción de alimentos para los sufridos habitante de la región.
La situación es aun peor en el Sahel, la semiárida franja subsahariana de África. Manadas completas han desaparecido como consecuencia de la deforestación y las subsecuentes sequías; además, innumerables parcelas han quedado sepultadas en las arenas del incontenible desierto. ¨No volveré a sembrar¨, exclamó un agricultor fulbé de Níger cuando vio que su cultivo de mijo había fracasado por séptima ocasión. Su ganado ya había muerto por falta de pasto.
´Nuestro hogar´ la Tierra afronta amenaza tras amenaza, se puede decir que es un planeta enfermo; no le es posible satisfacer las necesidades de la humanidad... pero es capaz de revelarse y cobrarse tanto abuso.
Existe un suceso que viene repitiéndose; no se habla mucho de ello porque está en estudio y ha causado desastres que Ud. NO ignora.
Recordemos el ¨Tsunami¨; la devastación que causó, en algunos casos, es irreparable (sobre todo sí de vidas humanas se habla). Tal vez el hecho que deseo comentar no se relacione con las causas que ´mueven´ al otro.
Se calcula (información actual y progresiva) que cada semana se hunden aproximadamente dos grandes barcos en algún lugar del globo. Lo notable es que el fenómeno no respeta ni a los superpetroleros ni a los grandes buques porta contenedores. Los hay quienes atribuyen considerable cantidad de estos hundimientos a olas gigantescas capaces de hacer zozobrar gigantescos navíos en el océano. Por un importante período de tiempo se descartaron estos informes calificándolos de ´cuentos de marineros´ mas un proyecto de investigación bajo el patrocinio de la Unión Europea dio crédito a tales historias ¿qué descubrimiento hizo la ciencia?.
Fueron analizadas detenidamente imágenes oceánicas de radar obtenidas por satélite en busca de este tipo de olas. Según el rotativo Süddeutsche Zeitung, el director de la investigación, Wolfgang Rosenthal, afirma: ¨Hemos demostrado que las olas gigantescas son más comunes de lo que se pensaba¨. En solo tres semanas, su equipo identificó diez. Cuando estas olas casi verticales y de hasta 40 metros de alto se estrellan contra los barcos, pueden causarles graves daños y hasta hundirlos; pocos son los que pueden resistirlas. Aun no se sabe si son predecibles.
El hemisferio norte es el más castigado con tormentas, huracanes, terremotos y otras manifestaciones incontenibles de la naturaleza, nosotros vivimos permanentemente tragedias violentas que también arrancan lágrimas a nuestro incomparable habitat; todos cohabitamos el planeta y todos de alguna manera contribuimos a dañarlo intensamente porque el siglo XXI nos hace ver una realidad inequívoca... no podemos escapar de los efectos de estas manifestaciones, no hemos aprendido a respetar la vida. Si alguien soñó con vivir horas en un paraíso de paz y armonía en la Tierra; mientras se busquen intereses egoístas y ´se combata el fuego con el fuego´, no lo logrará.
No lo logrará a nivel mundial, ni siquiera apoyando grandes aventuras que ¨los Quijotes del día moderno¨ llevan a cabo sin éxito. Pero individualmente podemos cuidar el agua; no derrochándola. Apoyando la vida por medio de dejar de lado pequeños y cotidianos egoísmos. Hace unos años un astronauta que viajaba por el espacio y vio la tierra (Su hogar, Nuestro hogar) la describió con sencilla emoción como ¨una joya suspendida en el espacio¨... todos podemos contribuir a apoyar al planeta; con estudio, trabajo limpio, sembrando valores, divulgando lo bueno... apoyando la paz desde su fuente... la última palabra la tendrá el Creador de la Vida.



