Buenos Aires (especial de NA por Martín Hermida) -- A paso lento y marcha forzada, si pudieran utilizarse en este caso los términos militares, europeos y americanos intentarán el mes próximo volver a sentarse a una misma mesa con la intención de avanzar en un posible acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur, demorado desde hace más de cinco años.
La reunión, que en principio se realizaría a fines de julio, aunque todavía no hay un escenario ni una fecha fijados oficialmente, se producirá luego de varios y estrepitosos fracasos que fueron jalonando el camino hacia un acuerdo, ambicioso para los dos bloques.
La última vez que se estuvo cerca fue durante al año pasado: se había planteado como fecha tope para la firma de un tratado el mes de octubre, ya que en ese momento finalizaba el mandato de los anteriores "comisarios" europeos, entre ellos el de comercio, Pascal Lamy, ahora flamante número uno de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Pero las posiciones en torno a varios temas clave siguieron imperturbables de un lado y del otro, y entonces se decidió, ante la falta de un acuerdo, patear la pelota para más adelante.
A fines de mayo último, el canciller argentino, Rafael Bielsa, junto a su par brasileño, Celso Amorim, y los representantes de casi una veintena de países de esta parte del mundo, estuvieron en Luxemburgo, para participar de un encuentro ministerial Unión Europea-América latina.
Allí, la comisario (aquí el rango similar sería encargada o secretaria) de Relaciones Exteriores de Europa, la austríaca Benita Ferrero Waldner, hizo un llamado a los países del Mercosur a no dejar caer las negociaciones y a pelear por un acuerdo "más ambicioso", que incluya, por ejemplo, cuestiones vinculadas a "los servicios, las inversiones y la libre circulación de bienes".
¿Qué encierra ese pedido hecho en forma pública? Es antes que nada una toma de posición y una presión hacia los sudamericanos (especialmente Brasil) para que dejen de lado la idea de un acuerdo más "light" y se aboquen a habilitar las discusiones en busca de un tratado "ambicioso y equilibrado", en el que se incluya la apertura de áreas "sensibles" como las de compras gubernamentales, inversiones en tecnología, comunicaciones y servicios.
El Mercosur (en este punto sí liderado por Brasil y con la anuencia de los negociadores argentinos) viene planteando reparos a esa apertura y reclama, a cambio, una oferta más generosa de parte de los europeos a la hora de poder acceder con sus productos agrícolas en el millonario mercado del Viejo Continente.
Los europeos aseguran que sus ofertas iniciales han sido mejoradas (por ejemplo con la fijación de cuotas para la exportación americana de productos agropecuarios) y que el gobierno brasileño, también crítico de otro acuerdo, como es el caso del ALCA, se niega a abrir el juego en ciertas áreas.
En el país vecino, hay funcionarios que argumentan a su favor que para instrumentar determinados aspectos reclamados por la UE deberían modificar normas a través de una reforma constitucional, algo altamente improbable, más aún teniendo en cuenta que en un año y medio Luiz Inacio Lula Da Silva irá en busca de la reelección presidencial.
En la Cancillería argentina tratan de no echar más leña al fuego, en momentos en que otras urgencias (como la coyuntura electoral) carcomen la ansiedad del Presidente; por eso, el ministro Bielsa despliega, donde puede, una estrategia destinada a acercar a las partes, aunque dejando firmes las demandas de los países que integran el Mercosur.
Por ejemplo, en la reunión que se desarrolló en Luxemburgo, el canciller afirmó que los países más poderosos deben cumplir sus compromisos y "aumentar los flujos de ayuda financiera, la inversión directa, el alivio de las deudas y la apertura de los mercados para los productos de los países menos desarrollados", al tiempo que abogó, una vez más, por la "eliminación de los subsidios que distorsionan el libre mercado".
En este último punto hay pocas chances de prosperar: más allá de algunos avances que se evidenciaron el año pasado en el seno de la OMC, tanto los europeos como los norteamericanos advierten, cada vez que tienen un escenario propicio para hacerlo, que no dejarán de lado los subsidios a la producción y exportación de sus productos agrícolas, una carga extra para las naciones fuertes en esa materia en Sudamérica, como Argentina y Brasil.
Con ese escenario ya conocido (y toda la carga que supone la batalla de algunos gobiernos europeos en pos de que se acepte la futura Constitución para todo el continente), los negociadores de aquellas tierras y los sudamericanos volverán a emprender la tarea de hallar puntos en común.
La propia Ferreo Waldner tiene previsto estar presente en esas discusiones (que seguramente tendrán sede aquí, luego de que la última ronda se hiciera en Europa), y se espera que también lo hagan los comisarios de Comercio, Peter Mandelson, y de Agricultura, Marianne Fischer Boel.
A su vez, Bielsa, Amorim y los demás cancilleres de los países del Mercosur comenzarán a barajar las estrategias que se pondrán sobre la mesa en esa reunión. Todavía es demasiado pronto para aventurar si en esa ronda será posible avanzar algunos casilleros o habrá que seguir esperando para pensar en la posibilidad de cristalizar uno de los más ambiciosos acuerdos comerciales entre dos grandes bloques.



