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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 13/abr/2003 de La Auténtica Defensa.

Elecciones: las cifras secretas que maneja Duhalde  
por Luis Torres




Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- Cuando apenas faltan ocho días hábiles, apenas un suspiro, para una de las elecciones presidenciales más trascendentes de los últimos años, la apatía ciudadana y la paridad en los candidatos peronistas aparecen como las dos características centrales del comicio.

Este domingo el ministerio del Interior hará un simulacro de recuento de votos en el Correo intentando demostrar la imposibilidad de realizar un fraude informático como lo ha denunciado Adolfo Rodríguez Sáa, y en términos parecidos la diputada Elisa Carrió.

La ansiedad del Gobierno se orienta hacia la necesidad de que el candidato auspiciado por Duhalde, el gobernador Néstor Kirchner, alcance a ubicarse en la segunda vuelta, porque en la intimidad de la Casa Rosada todos descuentan un triunfo de Carlos Menem en la primera vuelta, aunque por escaso margen.

Las dudas surgen en torno a si Kirchner logrará superar a Rodríguez Saá, dado que el puntano sigue manteniendo una buena performance numérica en las encuestas y, en lugar de perder votos, se mantiene o crece.

El último envión al candidato oficial se lo dio Duhalde ni bien volvió de Europa, cuando reunió a los intendentes del Gran Buenos Aires para reclamarles un "último esfuerzo" para ganar las elecciones.

Los intendentes se quejaron amargamente del candidato oficial atribuyéndole "desorganización y lentitud" en la entrega de materiales propagandísticos, tales como cuadernillos, boletas electorales, volantes, etcétera.

Duhalde torció su boca de mal humor al enterarse que el candidato había rechazado dos spots televisivos que deberían haber salido en los últimos días, lo que atrasó notablemente la aparición de Kirchner en la TV.

A los duhaldistas más duros les molesta profundamente algunos gestos de independencia que viene mostrando el candidato y lo comparan con actitudes similares que suele tener el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá.

Acostumbrados a ver sombras y conspiraciones en todos los rincones, estos duhaldistas han llegado a hablar de un "eje Kirchner-Sola" a partir del cual, llegado el momento, la guardia pretoriana de Duhalde quedaría desplazada de la escena política.

En este marco de sospechas, enojos y dudas, la movida de Roberto Lavagna fue una apuesta fuerte de Duhalde a favor de la continuidad de su modelo.

Es probable que a Kirchner mucho no le haya gustado el nombramiento de Lavagna como futuro ministro de Economía hasta el 10 de diciembre, fecha en que irá a parar a la Cancillería.

La decisión se tomó en una reunión reservada a la que asistieron cuatro personas, desde luego, el dueño de casa Néstor Kirchner, el ministro Roberto Lavagna, el secretario general de la Presidencia José Pampuro y el futuro jefe de Gabinete del hipotético gobierno de Kircher, Alberto Fernández.

La estrategia de Kirchner y Duhalde es mostrar cierta continuidad del modelo hasta fin de año, para generar confianza y tranquilidad en la ciudadanía. Es por eso que se menciona al propio Pampuro como futuro ministro del Interior y a Aníbal Fernández, actual titular de la cartera de Producción, como ministro de Trabajo.

El Gobierno acaba de recibir un sondeo de opinión que se lo muestra a nadie y del que sólo trascienden algunas cifras.

En esta encuesta Menem alcanza 24 puntos, mientras que Kirchner ronda los 20, Rodríguez Saá le pisa los talones al santacruceño con 18 puntos.

Elisa Carrió está siendo alcanzada rápidamente por Ricardo López Murphy, el candidato que más crece en las últimas mediciones. Ambos rondan entre los 13 y 15 puntos.

Un grupo de empresas privadas, entre las que figura un importante y conocido banco local, acaba de encargar un sondeo de opinión a una encuestadora de cierto renombre.

El sondeo abarcará 4.000 casos en todo el país, especialmente en localidades del interior que habitualmente no son encuestadas.

La recolección de datos estará lista este lunes y los resultados se tendrán a la vista después de Semana Santa.

Los empresarios intentan saber cuál es la inclinación final de la ciudadanía en torno a los candidatos.

Carlos Menem, por su parte, tiene la percepción de que dentro del peronismo ya ha alcanzado su techo y ha empezado a tomar el envión final apuntando hacia la derecha.

El ex presidente sabe que necesita los votos de la franja que declara adherir a Ricardo López Murphy en la primera vuelta y no en la segunda, cuando sospecha que le será imposible vencer un frente antimenemista que abarca un amplio abanico que va desde el duhaldismo, pasando por el ARI de Elisa Carrió y termina en los socialistas.

Los analistas de Menem le dicen diariamente que los votos de la gente humilde y de los peronistas ya los tiene, y que tiene que conquistar al pensamiento de derecha, liberal, independiente y de centro. Hacia esa meta orientará su mensaje en los próximos días.

La reciente condena de 70 intelectuales por parte del régimen de Fidel Castro en la República de Cuba produjo un cambio drástico en el pensamiento de un sector del gobierno de Eduardo Duhalde que propiciaba el abstencionismo cuando llegara el momento de la votación en las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en la isla.

Considerada una provocación de Castro ante la inminencia de la votación en la comisión respectiva que sesiona en Ginebra, Suiza, y ante la sugerencia del jefe del Gobierno español, José María Aznar, Eduardo Duhalde resolvió cambiar la abstención por la condena.

Este súbito cambio inesperadamente lo alineó al presidente con su más acérrimo enemigo interno, Carlos Menem, quien siempre había mantenido una posición condenatoria al régimen de la isla.

No hay que olvidar tampoco que el frágil gobierno de Fernando de la Rúa mantuvo la posición condenatoria afrontando la tempestad que desató el jefe del partido radical Raúl Alfonsín por esa decisión. En aquella ocasión Castro, que había cultivado una sincera amistad con el dirigente radical ya fallecido Cesar Jaroslavsky, tuvo expresiones insultantes ("lamebotas yanqui" lo llamó a De la Rúa) lo que derivó en el retiro del embajador argentino en La Habana.

Duhalde, que no quería aparecer alineado automáticamente con los Estados Unidos como consecuencia del unilateralismo norteamericano en la guerra contra Irak, debió rever esa posición y adoptar la misma línea tradicional que había tenido los gobiernos de Menem y De la Rúa.

Lo que se escucha decir en la Casa de Gobierno es que según quien sea el ganador todo cambiará (para mal) o cada cambiará (para bien).

El enfrentamiento en la Unión Industrial con dos candidatos a conducirla (Gotelli y Alvarez Gaiani) y la escisión que se acaba de producir en los bancos al crearse un nucleamiento de entidades privadas de capital nacional frente a los extranjeros, marca también la existencia de dos pensamientos o dos modelos aparentemente antitéticos.

El uno más parecido a lo que se conoce como menemismo y el otro más parecido al modelo de producción y trabajo impulsado por Duhalde.


 
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