Producto de los episodios de diciembre de 2001, un lema como el "que se vayan todos" fue impulsado desde distintos sectores de la sociedad de diversas formas y modalidades. Al margen de cuán de acuerdo puede estar uno con una consigna que tan radical, extrema, e intolerante suena; no hay dudas de que gran parte de la sociedad estaría clamando por una renovación de la política argentina. Pero hacer en parte realidad ese polémico leitmotiv, en aras de generar un cambio, implica que ese "todos" sea reemplazado por alguien. Y para ello el único camino bajo un sistema democrático es que la sociedad de una vez por todas, tras las crisis recurrentes a que nos ha expuesto nuestra dirigencia política, se decida a asumir las responsabilidades y el compromiso que le corresponde, empezando por el sufragio.
En este mismo marco, otra de las frases más comunes de oír es aquella que enfatiza que "(los políticos) son siempre los mismos". No obstante, a la hora de emitir el voto muchos optan según lo que entienden como el "mal menor"; en reiteradas ocasiones porque no tienen candidato con quien identificarse, pero en otras tantas porque conciben que la persona con quien realmente se sienten representados no tiene chances de ganar la contienda electoral, "persuadidos" ante la abrumadora exposición a encuestas, sondeos, a que se someten día a día.
Sin embargo, lo que olvidan los ciudadanos es que el momento de la emisión del voto es la única realidad que cuenta. Es la única encuesta que vale. La realidad que ningún medio de comunicación, consultora, intención de voto, etc. podrá cambiar si la gente avala los valores, principios, e ideales con los cuales realmente se siente identificada, y deja de apelar a lo que se suele concebir como "voto útil", producto de una elección supuestamente racional (rational choice). De ser así, "los mismos de siempre" pasarían a ser "los olvidados", "los condenados" por el voto popular, dejando de ser considerados dignos representantes.
Y en esta encrucijada también encontramos a aquellos que quieren un cambio pero su apatía política y su indignación los supera, con fundamentos de por cierto. Ocurre no obstante, que mientras el "voto bronca" (en sus diversas modalidades) logre el margen porcentual que sería suficiente para apostar por una verdadera transformación en la dirigencia política, justamente el anonimato dejará el poder a los "mismos de siempre" (tal como lo expresan graffitis callejeros que "por votar a Clemente, sólo se logro que siga la misma gente").
La única forma de modificar tal situación será con un voto responsable pero sin sometimiento alguno a escenarios proyectados al punto que nublen nuestras intenciones y voluntad por cambiar las cosas. En este sentido, teniendo en cuenta que nuestro sistema electoral provee de un mecanismo como la segunda vuelta (ballotage) frente a un esquema electoral tan fragmentado como sugiriere ser el actual; la atención de la escasa diferencia que en términos relativos poseen los distintos candidatos presidenciales debiera hacernos reflexionar acerca de la posibilidad de impedir que unos pocos, pudiendo ser manipulados por viejas prácticas clientelísticas, definan el destino de toda una nación cuando están dadas ciertas circunstancias para que ello no ocurra. Un momento de implosión política alcanzado por obra y gracia de los propios interlocutores de los partidos tradicionales; sea por sus fracasos o las feroces pujas internas por espacios de poder, permaneciendo autistas ante la realidad argentina).
Obviamente nadie puede dudar de los efectos que sobre uno puede tener el escenario político, haciendo que en otras oportunidades la gente se sintiera un tanto condicionada a optar en una "elección racional" por el "menos malo". Sin embargo la presente contienda electoral atomizada por la Presidencia de la Nación abre una ventana de oportunidad para que uno realmente pueda depositar su voto por convicción; sin creer que lo está "malgastando", en caso de optar por nuevas fuerzas políticas alternativas. Esto hace que, por una vez en mucho tiempo, la sociedad argentina pueda sentirse más "libre" para canalizar a través del voto sus reclamos por una nueva forma de hacer política en toda aquella propuesta con la que verdaderamente se identifique; omitiendo consideraciones electo-estructurales que condicionen su voluntad, y haciendo valer los mecanismos institucionales existentes. Ante este contexto, el "menos malo" en todo caso será una alternativa que tendrá a su disposición todo aquel que en el ballotage no pueda apoyar al candidato con el cual se identificara en la primera vuelta.
La opción que decida encarar la sociedad no está nada más ni nada menos que en nuestras manos. Tengamos presentes los mecanismos provistos por nuestro sistema político-electoral, y las herramientas puestas a disposición por la democracia, empezando por dar un uso efectivo a nuestro voto. Asumamos con seriedad la responsabilidad que nos compete como ciudadanos que somos. Sólo en la medida que así sea, los "mismos de siempre" desaparecerán, y se podrá revitalizar la confianza en un sistema político tan desprestigiado y deteriorado.
Pero para ello será necesario que cada uno de nosotros haga un examen retrospectivo de los acontecimientos en nuestra República, sin perder la memoria ni dejarse llevar por la demagogia, el populismo, "recetas mágicas", ni supuestos "salvadores"; para evaluar cuál es la salida y el país en el que queremos vivir, tomando conciencia que los instrumentos para el cambio están a nuestro alcance. El voto es uno de ellos. Sepamos hacerlo valer para que el escrutinio no se limite a ser un mero acto legitimador de posiciones de poder, que muchos políticos parecieran haberse adueñado, y encarne la verdadera expresión de la voluntad popular.
Lic. Gastón Hernán Schulmeister
Politólogo - UBA
* Artículo publicado en AduanaNews (Portal jurídico aduanero, de transporte y comercio exterior - www.aduananews.com.ar -), Edición Nro. 18 -Abril de 2003-.



