¡Qué caripelas las de los nuevos candidatos!... ¿nuevos? No me hagan reír, que ya bastantes lágrimas corren al verles las caritas sonrientes y estúpidamente esperanzadas. Si por lo menos hubiera gente nueva, gente desconocida, nos darían ganas de ir a votar el 27 de abril, pero son los mismos chantas de siempre, los que ya estuvieron robándonos (y ahora en tiempo de campañas, no puedo dejar de pensar en los afiches, pancartas, propagandas, todas pagadas con dinero de nuestros bolsillos).
En términos periodísticos, esta elección será la más emocionante en años, por el hecho de no tener indicios de cuáles serán los resultados, será una verdadera ruleta rusa, en todos los aspectos. El pueblo, el domingo que viene, tendrá que ir obligado y sin ganas a las escuelas a elegir la boleta "menos peor", porque eso es lo que piensa la gente hoy en día, en dar, resignados, su voto al que se "rescate" entre la manga de comadrejas que aparenta ser un buen partido, pero que dejan demasiado que desear. Y entre los que saben perfectamente a quién van a escoger, se destacan los que votarán en blanco o impugnarán, y los anestesiados por los argumentos de los partidos que simpatizan desde ya hace años luz (sólo espero que esta gente piense en una de las cosas que más me preocupa a mí -como estudiante- dentro de los recortes que están previstos por los candidatos, el de arancelar la universidad pública, ruego que no nos quiten la posibilidad de educación, y les pido a todos ustedes que también lo piensen).
Y dadas las circunstancias, no podemos esperar demasiado del que será el nuevo presidente y vicepresidente de la tan dolida Argentina, no existe credibilidad por ningún candidato, no se la ganaron. No obstante, aunque creo en la culpabilidad de muchos políticos y ex políticos que arruinaron al país y a los ciudadanos de tal, sé también que estas personas son argentinas, al igual que todos nosotros que nos quejamos de ellos, o sea, el problema está en el hombre de este país, corrupto por naturaleza. Como cuando bardeamos a los canas por tomar coimas, pero "alguien" se las da; o la "viveza" de colgarse del cable; como robar unos chicles de cualquier estación de servicio. Si me tomo un segundo, puedo llegar a pensar que el que fue presidente de la Nación, y se fue con un montón de dinero que no era suyo, alguna vez, pudo ser ese niño que por hacer una graciosa travesura se llevó las galletitas de aquel almacén de barrio; o ese adolescente que por afanarle el auto al padre, y salir a dar unas volteretas sin tener el carnet de conducir, al pescarlo la cana y hacerle la boleta, pudo haber sacado $20 del bolsillo para arreglar el problema; o, por qué no, aquel hombre que ahora nada en dinero ajeno, pudo alguna vez, verse en la situación de pagarle un $50 al hombre que viene, te cuelga, se va, y tenés televisión "gratis" para siempre.
La frase "estamos así de mal por nuestra culpa" es muy cursi, pero todo tiene de cierto. Nos quejamos de los robos cuando nosotros mismos robamos en alguna oportunidad, nos quejamos de los políticos corruptos, cuando somos nosotros mismos los que corrompemos a la sociedad. Y ahora, obligados y sin ganas, debemos elegir al que nos saque del agujero en el que estamos; y me atrevo a decir una cruel realidad: nadie nos puede sacar de donde estamos en el término de una presidencia, pasarán años hasta que podamos levantar la cabeza, pasarán muchas otras elecciones, y quizás los mismos candidatos envueltos en formol. Lamentablemente no caerá del cielo ningún milagro, y lo que tenemos al alcance de la mano para cambiar lo desastroso, parece muy poco, pero puede convertirse en mucho si nos dan ganas.
Digo, sería muy lindo que el ejemplo lo dé la misma sociedad que exige cambios gubernamentales, empezar a ser un poquito menos corruptos desde el pueblo, para no tener corrupción en el gobierno.
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Soledad Elías Leguizamón.
En la columna del domingo pasado se omitió parte del último parrafo debiendose leer correctamente este de la siguiente forma:"Y qué imágenes las de esta semana!!! Ver la repetición una y otra vez en distintos medios, de la simbólica caída de la estatua del ex presidente de Irak, los golpes que recibía de su gente; la esperanza y la alegría del pueblo ante la llegada de los soldados norteamericanos. Pero nunca terminaremos de saber la verdad de los acontecimientos, la cantidad de iraquíes que detestaban el antiguo régimen, y los otros tantos que daban la vida por su nación y su dirigente. De todas maneras, el conflicto desatado entre estos dos países, remarca la fuerza implacable de un jugador -como prefiero llamarlo-, que se impone objetivos, y sigue trepando en la escala del poder internacional, de manera que conseguirlos le resulta cada vez más fácil. Y al tiempo que sus competidores se vuelven cada vez más débiles, este cazador, los amenaza y devora sin mosquearse por las decisiones de ningún organismo internacional, nadie es capaz de evitar lo inevitable. Con tener en cuenta que la última jugada sólo le costó 20 días, muy pocos cuerpos propios, y poquísima cantidad de dinero, dándole a cambio más fuerza, expansión y riqueza sólo por el momento, aclaro, ya que declaró dejar al país en manos de sus nativos-, recorre por las gargantas un sabor amargo, de injusticia, de bronca, de impotencia. Y pareciera que esperar en lo único que queda".



