En esta columna, donde semanalmente se tratan temas de salud y enfermedad, en más de una oportunidad y debo confesar, con alevosa intención, se ha expuesto e informado sobre los derechos y obligaciones del paciente, el valor de la información y la necesidad de una búsqueda constante que promocione una mejor calidad de vida para la sociedad.
Esto no es azaroso ni excepcional. Según estudios recientes de expertos del ámbito de la medicina, el derecho, los medios de comunicación y de las asociaciones de pacientes, coinciden en describir un paciente del futuro inquieto por estar informado e involucrarse en lo relacionado con su salud.
Este nuevo modelo de paciente se ha perfilado durante las dos últimas décadas, impulsado por la aparición de Internet como fuente de información y el creciente interés de los medios de comunicación por los temas de salud, así como la proliferación de grupos de autoayuda y de organizaciones de pacientes.
El papel tradicional de un paciente que confía plenamente en su médico y espera de él una relación paternalista, convive ahora, con un nuevo y cada vez más frecuente perfil de usuario que desea estar informado, quiere participar en todas las decisiones médicas acerca de su salud o enfermedad, y es mucho más crítico ante la actitud del médico.
Esta nueva actitud consigue beneficios para la salud del individuo, ya que la información directa le induce a hablar con su médico sobre su problema de salud de forma más precoz, permite diagnosticar problemas que de otra forma habrían permanecido ocultos y consigue un mejor conocimiento y cumplimiento de los tratamientos, así como un diálogo más constructivo con el médico para la toma de decisiones informadas sobre su salud.
Solo debemos cuidarnos de saber y discriminar los conceptos de información y publicidad. En ocasiones, nos encontramos en un estado de sensibilidad que propicia la confusión. Necesitamos tanto apagar nuestra ansiedad, con una solución mágica o una deducción drástica, que perdemos fácilmente la lucidez con la que en otras circunstancias, habríamos distinguido claramente una publicidad indiscriminada de una información fidedigna.
Finalmente, deberíamos constantemente recordarnos que el futuro no ocurre afuera y que no es un problema para ser resuelto o una realidad establecida que debamos esperar. El futuro es siempre una posibilidad, y cuando llega siempre será en función de nuestras acciones colectivas e individuales.
Nuestra elección puede ser participar y ser responsables, o bien esperar y observar suponiendo que alguien puede ser responsable por nosotros.
Cualquier situación o circunstancia es la consecuencia de una acción. Cualquiera que sea el futuro, podemos asumirlo como que será el producto de una acción tomada hoy.
Por esto multiplico la apuesta y los invito a releer este artículo pero remplazando paciente por ciudadano, salud por país, enfermedad por política. Descubrirán que el sentido no cambia y la necesidad es la misma.
Necesitamos ciudadanos comprometidos. Esto nos beneficiará en un país mejor y una política responsable, que consigue un mejor conocimiento y cumplimiento de sus derechos y obligaciones, así como un diálogo más constructivo para la toma de decisiones informadas y que propicien el bien común. Decidir por medio de la información y el conocimiento, descartando la publicidad tramposa y tendenciosa.
Porque como dijo el Mahatma Gandhi y en todos los aspectos posibles: "Somos el cambio que deseamos traer ".
"La Biblia y el Calefón" es una sabia y cada vez, más vigente expresión que define nuestra realidad. Quizás por esto, los invito a reflexionar sobre esto en un día como hoy, donde los cristianos renovamos nuestra fe en Cristo y a una semana de las elecciones presidenciales.
NANCY GONZALEZ
nanalmendra@hotmail.com



