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martes, 01/sep/2026 - 20:04
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 03/ene/2006 de La Auténtica Defensa.

PRESENTE Y FUTURO
Especial por Martín Hermida




Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- La Cumbre de las Américas que albergó en Mar del Plata a los presidentes de la región, el anuncio del pago de toda la deuda mantenida con el FMI y el cierre del proceso de canje de la deuda constituyeron, sin dudas, las principales páginas en la agenda internacional de la Argentina durante este año, y es probable que sus ecos y consecuencias sigan dando que hablar durante los próximos meses.

Pero también entre los hitos de este 2005 que se va y metiéndose entre los temas del 2006 que comienza, jalonaron esa agenda las relaciones con el Mercosur y en especial con el socio mayor, Brasil; las sucesivas crisis por las que pasó Bolivia, desembocando finalmente en las elecciones que ganó Evo Morales; las idas y vueltas con otros dos vecinos: Uruguay y Chile; y el mantenimiento de la misión de paz en Haití, como parte de una fuerza internacional.

Y no hay que olvidar tampoco los cruces con la administración de George Bush que inició este año su segundo período, el "romance" con el presidente venezolano Hugo Chávez –considerado clave por buena parte del Gobierno- y la polémica que envolvió a la Argentina con El Vaticano, que aún no tiene una resolución en el horizonte.

Más allá de los aspectos económicos (la polémica por la deuda con los privados, los tironeos con los bonistas y más cerca en el tiempo el anuncio del pago al Fondo), decir que la Cumbre de las

Américas fue uno de los ejes sobre los cuales giró la política exterior de la Argentina durante este año no es equivocado: en ese encuentro, el Gobierno de Kirchner jugó fuerte junto a sus socios del Mercosur y pareció ganar la apuesta contra un bloque más o menos homogéneo encabezado por los Estados Unidos y sus aliados más cercanos.

Es que en realidad esa cumbre –un mecanismo cada vez más cuestionado por los mandatarios de la región- había sido convocado bajo el ambicioso lema de "Crear trabajo para garantizar la gobernabilidad". Un lema que Argentina se había esforzado por preservar y mantener en el centro de la escena, aunque no pudo hacerlo del todo.

La cita marplatense se desvió en parte de ese camino: Estados Unidos y algunos de sus aliados, como México y Canadá, entre otros, plantearon con fuerza la necesidad de incluir en la declaración final una adhesión al ALCA (el Area de Libre Comercio de las Américas) y apurar de esa manera los plazos para la entrada en vigencia de ese acuerdo aún en pañales.

Se veía venir el conflicto desde meses antes de la realización de la Cumbre y así fue: hubo discusiones a los gritos entre los Presidentes y finalmente alumbró un texto con fórceps donde el tema del ALCA no apareció taxativamente. Todo indica que este 2006 que ya empieza será escenario de nuevas pujas en ese terreno.

Pero también las calles de Mar del Plata fueron escenario de la "contracumbre", donde un grupo heterogéneo –en parte ligado al gobierno de Kirchner y con algunos referentes importantes identificados en la defensa del Presidente, como el diputado Miguel Bonasso- se despachó a gusto contra el ALCA, contra Bush y contra la influencia ejercida por el gobierno norteamericano en la región.

Uno de los más caracterizados allí, junto a Diego Maradona, fue el mandatario venezolano. Chávez alternó el saco y la corbata para las reuniones con sus colegas del resto de América y las camisas desabrochadas y la boina roja para los encuentros multitudinarios con quienes proclamaban la "muerte" del ALCA.

Precisamente Venezuela fue protagonista importante en esta agenda argentina y se espera que lo siga siendo en este próximo año. Kirchner confía en que el gobierno de Chávez continúe con la

compra de bonos de la deuda para desahogar financieramente al país tras el pago de más de 9.000 millones de dólares al Fondo.

Esta relación –prohijada con sucesivos viajes de Kirchner a Venezuela y de Chávez a Buenos Aires- provocó y seguirá provocando el escozor en la administración norteamericana, que ve en Chávez –y ahora también en Evo Morales, en Bolivia- a un adversario al que es necesario "contener" y "controlar".

Con Uruguay, la relación transitó momentos de tensión. A pesar de la afinidad ideológica con Tabaré Vázquez, a quien Kirchner había apoyado con vigor en su carrera electoral, el espinoso tema de las plantas papeleras que el gobierno de Montevideo quiere que se instalen en la margen oriental del río Uruguay, llevó los ánimos a un extremo en el que todo puede ir para peor.

Aún no hay nada resuelto, ni mucho menos. A fines de febrero debe expedirse una comisión mixta que tendrá todavía por delante dos reuniones, una en Uruguay y la otra en suelo argentino. Ese dictamen dirá si las plantas son "contaminantes", y eso sería determinante para la decisión rgentina.

Con la Santa Sede a Kirchner no le fue mejor. El "caso Baseotto" (el obispo castrense a quien el Gobierno pretendió echar por decreto después de que se enfrascara en una polémica pública con el ministro de Salud, Ginés González García, por el reparto de anticonceptivos y la posible despenalización del aborto) llevó al borde del precipicio el vínculo entre ambos Estados. El vocero del Vaticano llegó a señalar, incluso, que se podía "violar la libertad religiosa" si se le prohibía a Baseotto cumplir con su ministerio.

Las gestiones reservadas que desplegó el entonces canciller y ahora diputado Rafael Bielsa no alcanzaron para llegar a una solución intermedia. Nadie desmintió oficialmente una información que indicaba que la primera dama, Cristina Fernández, había echado por tierra una propuesta para que fuera nombrado un "coadjutor" (un segundo con derecho a sucesión, en términos eclesiásticos)

para Baseotto con la idea de que el vicario castrense, con el correr de los meses, dejara el cargo y partiera quizás hacia El Vaticano. Por eso, el conflicto sigue abierto.

Con Lula Da Silva, sindicado por otros países como Estados Unidos como el "líder" de la región, Kirchner tuvo acercamientos y distanciamientos a lo largo del año. Pero más allá de ello, está claro que el Gobierno le asigna a esa relación un lugar privilegiado.

El Presidente repite en público y en privado que se trata de una "relación estratégica" que debe solidificarse y profundizarse. En la misma sintonía aparece el Mercosur, cuya presidencia ahora quedó en manos de Carlos "Chacho" Alvarez. Todos coinciden en la necesidad de dotarlo de mayor institucionalidad y hasta se aprobó por parte de los Presidentes la conformación de un futuro Parlamento del bloque, aunque es verdad que sigue adoleciendo de distintos problemas, especialmente cuando se trata de cuestiones comerciales.

Durante buena parte del año, también se barajó un posible viaje presidencial a Cuba, pero la tirantez por el caso de la médica argentino-cubana Hilda Molina –a quien el régimen de Fidel Castro no le permite salir de la isla para ver a su familia- lo hizo imposible.

Y con otro de los países con los cuales no hubo acuerdo fue con Gran Bretaña por el difícil tema de las Malvinas. Es más, sólo existieron desencuentros cuando hubo que hablar de la pesca en el Atlántico Sur y de la explotación petrolera, y no hubo ni un mínimo avance en torno al reclamo argentino para que se implementen vuelos regulares al archipiélago de una aerolínea de bandera que hagan escala en suelo argentino. Ese nivel de distancia y enfrentamiento seguramente será una constante para el período que se inicia. Muy a pesar de la Argentina.


 
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