Buenos Aires (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- La creciente conflictividad con los países vecinos, como reflejo de diferencias y desconfianzas en la región, se instaló con rapidez en los primeros renglones de la agenda del gobierno de Néstor Kirchner.
Por ejemplo, el conflicto con Uruguay por las papeleras tomó un vigor inesperado tras la asunción del frenteamplista Tabaré Vázquez.
La relación entre Kirchner y el ex mandatario Jorge Batlle era traumática por las diferencias ideológicas que existían entre ambos y porque el uruguayo cumplía un rol de gestor de los grandes intereses económicos.
En ese marco, el mandatario argentino trabajó con todas las armas que permite la diplomacia a favor de Tabaré y por eso no deja de sorprender la falta de entendimiento y de reuniones del más alto nivel.
Para colmo, el diablo metió la cola, y Uruguay dio pasos concretos para un tratado de libre comercio con los Estados Unidos, una alternativa no digerible en este lado del Río de la Plata.
Un camino en la misma dirección, pero más profundo, tomó Paraguay, donde se ha permitido, incluso, la inmunidad de las tropas estadounideses para la realización de ejercicios militares, algo que los analistas interpretaron como el paso previo a la instalación de una base norteamericana en el continente.
Con Brasil, se sabe, las diferencias siempre existen por los diferendos comerciales, resquemores mutuos y las diferentes visiones del mundo.
Las dos naciones tomaron un camino idéntico, con sólo una semana de diferencia, para el pago en efectivo al Fondo, pero a la hora de los festejos el jefe del Fondo, Rodrigo de Rato, eligió viajar a Brasilia y obvió Buenos Aires.
Y, por último, Evo Morales no incluyó a la Argentina en la lista inicial de visitas estratégicas antes de su asunción como presidente de Bolivia.
Sólo, a último momento, y tras un elegante reclamo de la Cancillería, el presidente electo decidió venir, sin antes dejar de aclarar que se acabó la época de la venta del gas subsidiado.
Quizá en el vecino del norte perdure aquella cuenta pendiente, denunciada por el propio Evo desde el llano, que Argentina utilizaba el gas que importaba de Bolivia para triangularlo hacia Chile.
Lo cierto es que entre los movimientos que está haciendo George Bush en la región y cierta tendencia argentina al aislamiento se observa que en forma paulatina se enturbia el clima en la vecindad.
Por otra parte, se concretó el pago al FMI y ya no habrá esa presión cotidiana del organismo, pero este vertiginoso proceso comenzado hace un mes dejó sus costos, como algunas debilidades en las figuras del ministro de Economía y del presidente del Banco Central.
Está claro que el presidente Néstor Kirchner se ha convertido en el excluyente escultor de la política económica y que necesitaba de la partida de Roberto Lavagna para avanzar en este pago al contado, como así también en mecanismos más agresivos de control de precios.
Felisa Miceli asumió cuando esta decisión ya había sido tomada por el jefe de Estado y debió reemplazar a un ministro con alta consideración pública.
Martín Redrado, por su lado, debe cargar sobre sus espaldas el sayo de pasar de ser un defensor de la acumulación de reservas a un presidente del Banco Central que debió acceder a las exigencias del Ejecutivo.
Gente cercana al funcionario asegura, no obstante, que Redrado siempre estuvo de acuerdo con cancelar la totalidad de la deuda con el Fondo Monetario.
Es cierto que en la gran mayoría de los países existe sintonía entre los gobiernos y los bancos centrales, como así también que las reservas nunca cubren las bases monetarias.
Pero, Argentina es Argentina y se viene de la peor crisis y cualquier resguardo es necesario.
El presidente, la ministra y Redrado saben de esto y es por eso que garantizaron la continuidad del superávit fiscal y una rápida recuperación de reservas durante 2006.
Esto implicará, necesariamente, una traba para nuevas políticas de carácter social, en el marco de un país que atenuaría este año su ritmo de crecimiento
Esto, más la necesidad de aplicar las herramientas necesarias para contener la inflación han marcado con rapidez la agenda del año en la economía.
La contención de los precios no sólo es clave para evitar el deterioro del resto de las variables económicas, sobre todo, del poder adquisitivo de la gente, sino también para pavimentar el sueño reeleccionista del presidente Néstor Kirchner.
O acaso se puede pensar que alguien que ha hecho un culto de la acumulación de poder volverá tranquilamente a Santa Cruz tan sólo el año que viene.
Algunos extremistas de su reelección ya hablan de un adelantamiento de los comicios para que ese supuesto segunda mandato comience el 25 de mayo del año próximo en lugar del 10 diciembre.
Hay que recordar que Kirchner debió asumir el 25 de mayo de 2003, en lugar del 10 de diciembre como debía ser inicialmente, porque el entonces presidente, Eduardo Duhalde, decidió anticipar los comicios.
Precisamente, ese 10 de diciembre tendría que haber finalizado el gobierno de Fernando de la Rúa, pero la crisis terminal que vivió el país convulsionó todos los escenarios.
Si avanza esa idea, la nueva elección estaría a la vuelta de la esquina y la campaña electoral debería comenzar en los últimos meses de este año.
Una apuesta demasiado riesgosa para un año de cierta vulnerabilidad económica tras la anemia que provocó el desprendimiento de un saque de 10.000 millones de dólares en reservas.



